29 de mayo de 2015

Ha sido un placer

Hace ocho años que empecé a colaborar con este periódico. Había recibido la llamada de Mamen y Manu pidiéndome una columna quincenal sobre la actualidad de Torrent. Mi primer artículo, que  hablaba de las elecciones que acababa de ganar María José Català, lo escribí en junio de 2007. El de hoy será el  último, al menos de momento. No, no se preocupen. Ni Mª Carmen ni Manuel me han echado, al contrario. Tampoco yo me he enfadado con nadie. Pero hemos creído que, con mi situación actual, debíamos cerrar esta etapa, así que permítanme que les dé las gracias a todos ustedes por soportarme.
                Si hago un cálculo por encima, creo que deben de ser alrededor de ciento sesenta las cartas que he ido compartiendo con ustedes. Y debo decir que siempre lo he hecho con absoluta libertad, tanto por parte de la dirección del periódico como por parte de las instituciones locales, porque nunca he recibido ni un reproche. Reconozco que a veces no he sido muy amable y que he podido llegar a ser duro. He intentado hablar de lo que creía oportuno con honestidad y sin entrar en el terreno personal, pero si alguna vez le he fallado a alguien, sirva esta columna como disculpa. Por lo general, escribirla solo me ha producido un par de disgustos y centenares de alegrías. Los disgustos no los olvido, pero me los guardo. Las alegrías, en cambio,  han sido mucho más enriquecedoras.
                Tener esta ventana abierta me ha permitido conocer a muchas personas de nuestra población que de otra manera no podría haber conocido. Y no me refiero exclusivamente a personalidades de la vida política, social o empresarial, sino también a personas anónimas, de las que construyen Torrent día a día. Una vez era una vecina del barrio, que me sugería algún tema; otra, un jardinero que me animaba a denunciar la suciedad de algunos de nuestros vecinos; por último, alguien que me felicitaba o me corregía alguna opinión con amabilidad. He disfrutado mucho haciéndolo. Me encanta escribir y esta oportunidad me brindaba una ocasión inmejorable para hacerlo y, sobre todo, para que me leyera la gente, que es lo máximo a lo que aspira aquel que escribe algo.
                Hablar y escribir sobre Torrent me divierte muchísimo, porque adoro a esta ciudad. Ahora que el periodismo parece estar tocado de muerte, es reconfortante ver que proyectos como este sobreviven y tienen un espacio en nuestra sociedad.            No saben lo ilusionante que era llegar el sábado que se repartía La Opinión y leer los comentarios en mi muro de Facebook o escucharlos en boca de los lectores en la cola del horno o en la puerta del cole de mis hijos. Espero en el futuro volver a abrir esta colaboración. Si ustedes tienen a bien volver a recibirme en el futuro, allí les espero.
                Así que gracias a todos, muchas gracias de verdad, porque ha sido un placer.

                Hasta pronto.

Miguel Ángel

Hay personas que te reconcilian con el ser humano, incluso algún político, fíjense. Ahora que la corriente parece que lleva a considerarlos como personas apestadas y poco menos que merecedoras de toda clase de injurias, reconforta ver que en nuestra población las hay de una grandísima talla humana dentro del pleno de concejales. Conozco personalmente a casi todos y me costaría encontrar a alguno que no merezca lo que acabo de decir. Y es que la política local, que requiere enormes sacrificios personales, familiares y laborales, nos presenta a personas de indudable valía humana, en todos los sectores.
                En alguna ocasión lo he comentado en esta misma columna: Antes son las personas que las siglas. Así que permítanme que les hable hoy de una de ellas. Se trata de un concejal socialista que ya ha anunciado que no repetirá en las listas: Miguel Ángel García Melero.
                No conocía personalmente a Miguel Ángel hasta hace un par de años. Sí conocía su labor en diferentes etapas en la bancada socialista, primero en el gobierno local y más tarde en la oposición. Y las referencias personales que me hacían llegar las personas que lo conocían eran inmejorables.  Tuve la suerte de conocerlo en una situación bastante comprometida, como lo fue la enfermedad de mi padre. Durante los meses que estuvo más delicado se mostró siempre atentísimo hacia él, con deferencias que superaban en mucho la mera cortesía institucional, preocupándose por su estado, por su evolución y por su situación. De hecho, mi padre llegaba a bromear con él acerca de las diferencias políticas que los separaban, pero que, como decíamos hace un momento, nunca impedían que hubiese un afecto mutuo y sincero entre ellos.
                Cuando mi padre falleció, la suya fue una de las llamadas que más agradecí por la sinceridad de sus palabras, tanto que a partir de ahí he intentado devolverle una pequeña parte del cariño que él ha dedicado a nuestra familia. Sé que él no es partidario de pamplinas ni de reconocimientos, pero no por ello voy a dejar de manifestar públicamente la admiración que siento por él. Por ser una persona honrada y valiente, que mira a los ojos de los demás con sinceridad y que habla desde el corazón. Nos han dicho tanto en estos últimos años que los políticos no son  honrados que hemos corrido el riesgo de acabar creyéndonoslo y la figura de Miguel Ángel es una de las que nos recuerda que no, que en la política hay mucha gente que todavía dedica horas y horas de su tiempo libre, de su profesión, de su familia y de su descanso para mejorar la vida de los demás, desde su perspectiva y desde su ámbito de actuación.
                Tengámoslo en cuenta la próxima vez que hablemos gratuitamente de alguien. Porque detrás de cada concejal hay una persona, con una historia detrás.

                Y que antes que las siglas son las personas. Y yo, cuando veo a Miguel Ángel, no veo unas siglas,  veo a un amigo. ¡Gracias, Miguel!

Estela, Ramón

Enciendes la radio o te conectas a internet. Poco importa cómo lo hagas, pero conoces la noticia. La oyes en boca del locutor del informativo de mediodía o la lees en un tuit de un periódico regional: Ha habido un accidente. De avión, de coche, de moto o de metro. Y enseguida se te acelera el corazón pensando en qué habrá pasado. Pensando en las víctimas y en sus familias. Entonces se te hace un nudo en el estómago: En el avión viajaban torrentinos; el accidente de coche o moto ha sido en una carretera de Torrent; el metro venía a Torrent. Y la bola se te acumula en la garganta y te impide respirar, porque a pesar de ser una gran ciudad, aquí aún nos conocemos casi todos. ¿Han oído hablar de aquello de los seis grados de separación entre todas las personas del mundo? Seguramente en Torrent se reduce a uno o dos. Todos nos conocemos o todos tenemos un conocido en común.
                Es en ese momento cuando te das cuenta de que seguramente haya algún conocido, algún pariente, algún amigo o algún vecino. Repasas mentalmente quién puede formar parte de la fatídica lista o incluso haces alguna llamada para saber si todos están bien. Y si descubres que los tuyos están bien, respiras con tranquilidad y te alegras mínimamente hasta que piensas que la lista sigue existiendo y que hay otras personas que no podrán respirar así. Te sientes mezquino por alegrarte de que tus hijos o hermanos no formen parte de esa lista porque sabes que quien la conforma también tiene hermanos o hijos y no puedes dejar de pensar en el calvario que estarán pasando, en la angustia que irá desde que les comuniquen el accidente hasta que les confirmen la identidad, en las llamadas enviadas y que no reciben respuesta.
Más tarde oyes o lees la noticia de que, efectivamente, en esa lista sí hay gente conocida: un amigo de un familiar, un conocido del barrio, el hermano de un compañero, aquella persona con la que te cruzas muchas mañanas al ir a por el pan. Se te encoge el corazón de imaginarlo. Y no puedes más que ponerte del lado de sus amigos, de sus hermanos, de sus hijos, de sus maridos y mujeres. Una oración, un minuto de silencio para ellos, que ojalá sirviera para darle algo de consuelo, para que nuestro abrazo llegue hasta ellos, para que pudieran sentir que su dolor es nuestro dolor y para que pudieran descubrir que no están solos, que nos tienen de su lado.
El martes fue uno de esos días. Un avión a Düsseldorf que se estrella en el Pirineo. Una motocicleta que sufre un accidente en la carretera de Monserrat. Estela, Ramón. Enseguida el móvil recibe mensajes con su nombre y las sensaciones de angustia se amontonan en nuestro corazón.

Si los vuestros leen esto, sabed que mi oración de hoy y la de mi familia va por vosotros y por vuestras familias. Descansad en paz.

El comboi

Després de tota la polèmica que ha envoltat la Crida en València d’enguany, amb el despropòsit del caloret, s’ha instal·lat al voltant de la festa fallera un debat sobre l’ús del valencià que em sembla prou interessant. Tant és així que huí, a pesar de que tinc per costum escriure esta columna en castellà, m’ha paregut molt més raonable escriure-la en valencià.
                I volia convidar-los a que parlem sobre una paraula molt valenciana que crec que s’ha de reivindicar per a explicar què són les falles i cóm les entenen moltes persones. Esta paraula la vaig sentir en la retransmissió d’una de les mascletaes dels últims dies en boca d’une dones que venien de Xàtiva a vore-la en la plaça de l’Ajuntament de València. Dien nostres protagonistes, que devien tindre seixanta i pico d’anys, que “ens hem acomboiat per vindre a vore la mascletà” i crec que no hi ha millor forma de descriure cóm viu la festa molta gent. El comboi, quina paraula! Fins i tot creia que era una d’eixes paraules i expressions que perviuen en la llengua de nostres majors, però que no compten amb el beneplàcit de la norma. Però, no, el diccionari sí l’arreplega, i en la seua última definició, diu que el comboi es "l'acompanyament de persones que acompanyen una altra en pla alegre i bulliciós".
                Aquella dona volia referir-se, i ho feu molt bé, a que en un tres i no res, en un pensat i fet, havien agarrat el tren des del seu poble i s’havien plantat en el cap i casal a disfrutar de la festa. Segurament, després dinarien en algun restaurant, riurien molt i tornarien a casa dient que havien  passat un dia de categoria.  El comboi d’aquelles dones bé pot ser l’esperit que hauria d’inundar les falles també a Torrent.
                Pensem, si no, en cóm molts dels problemes que pateixen algunes comissions i alguns veïns podrien resoldre’s si apliquem el comboi. Que la carpa està quinze dies tallant un carrer, però només es gasta quatre? Xe, comboiem-nos i fiquem-la més a prop de les festes, així deixem que els veïns, fallers i no fallers, puguen aparcar el seu cotxe bé. Que des del dia u hi ha un xiquet que va alternant-se amb altres per tirar masclets a la plaça de baix de casa? Ei, nanos, comboieu-vos per tirar-los tots a la vegada sense destorbar a qui està dormint! Que no puc menejar-me amb el meu cotxe pel poble perquè estan els carrers tallats? Xe, deixa el cotxe al garatge i ix al carrer a passejar, a vore falles i a menjar bunyols! Que la veïna del casal es queixa per les pixarrades i les molèsties del nostre parador? No ens consta res comboiar-nos i ajudar-li a netejar la porta i després convidar-la a sopar per a que ella també disfrute de la festa i no només la patisca. Comboi és la paraula.

                Què els sembla? Ens comboiem a passar-ho bé? Si es així, bones falles!

La Casta

Oiga, que se ha puesto de moda la palabra: casta. Casta por aquí y casta por allí. Todos los políticos son casta y todos son iguales: corruptos, ladrones y sinvergüenzas. Todos menos yo, les falta decir. Pero no es cierto.
                En un pueblo todos sabemos quiénes somos. Presumo de conocer personalmente a una gran parte de los concejales de nuestro ayuntamiento y no son así. Los tengo en gran consideración a todos. Si usted quiere, serán más o menos trabajadores; más o menos capaces; e incluso, si me apura, más o menos simpáticos. Pero no me vale con que ahora lleguen con esa milonga de que son “los de arriba”, que están oprimiendo a “los de abajo”. No.
                Ahora bien. Eso no quita para que no los critiquemos cuando hacen algo que no es de nuestro agrado. O que lleguemos a pedir su dimisión cuando su actuación está fuera de la ley, o, como es el caso de hoy, fuera de los mínimos principios éticos que debemos exigirnos. Me estoy refiriendo a que una concejala de nuestro ayuntamiento resida a cientos de kilómetros de nuestra ciudad.
                Según la ley, nada impide que así sea. No es requisito el estar empadronado en una población para presentarse a las elecciones en dicho municipio. De hecho, ha venido siendo una práctica habitual en los últimos años en los pueblos de la comarca. El alcalde de Alaquàs en los noventa, si no recuerdo mal, vivía en Torrent  y algunos de los concejales de Torrent han tenido su residencia en urbanizaciones de pueblos vecinos, como Monserrat.
Pero no me podrán negar que vivir en otras provincias es un fraude para los vecinos que han votado a dicha concejala, por más que se empeñe en asegurar que participa en los plenos y que está puntualmente informada de cuanto acontece en nuestras calles. No dudo que así lo sea, pero no es suficiente. La asistencia a comisiones o plenos no es la única responsabilidad de nuestros munícipes. Lo es también estar a pie de calle, participando en la vida social, cultural y empresarial de la población, escuchando los problemas de la gente y buscando soluciones. No me vengan ahora con que ser activa en las redes sociales y formar parte de un grupo de whatsapp puede suplir a todas esas horas en las calles.
Para más inri, la concejala aspira a la alcaldía de su población, aspiración legítima donde las haya. Pero, salvo que yo esté equivocado, la física ha demostrado la imposibilidad del don de la ubicuidad, y que alguien me explique cómo se puede compaginar esa labor de candidata y de concejala en dos poblaciones tan lejanas y distintas.
Decíamos al principio que no compartimos la definición de los políticos como casta. Pero, ¡ay!, mucho me temo que son situaciones como esta las que las alimentan. Así que hágase un favor y háganoslo a todos y haga lo correcto por esta vez.
O luego no se queje de que la consideren “la casta”.

CSI

Reconozco que al principio me tomé la noticia a chufla. Una de esas noticias que se publican un día como el de los inocentes, que se convierte en viral gracias a las redes sociales y que tarde o temprano se descubre como una broma. Incluso pensé que el medio que la publicaba era de aquellos que existen en  internet y que se dedican a parodiar la realidad. Pero, no, resulta que era cierto y que el Ayuntamiento se está planteando la posibilidad de encargar estudios genéticos a las heces de los perros para averiguar su procedencia y sancionar así a sus propietarios.
                Y no es que uno no esté a favor de multar a los incívicos dueños de los perros que ensucian nuestras vías públicas. Es más, yo los pondría a limpiar la avenida con un mocho y un pozal a las siete de la mañana y les diría que cuando llegasen al final, cambiasen el agua y volviesen a bajar. Porque, como ya hemos comentado alguna vez en esta sección, no hay un ejemplo de mayor suciedad que el ver nuestras aceras pobladas de estos regalitos con los que algunos vecinos nos alegran las mañanas. No hay una peor tarjeta de presentación ahora que estamos reivindicando nuestro papel de gran ciudad y nuestras tradiciones reciben la categoría de interés turístico.
                Pero, oigan, no sé yo si esta es la mejor manera de arreglarlo. Piénsenlo bien. Parece ser, y digo que parece, porque de momento solo se está estudiando una propuesta, que primero habría que hacer un censo canino e incluir en él una huella genética. Supongo que para ello habrá que contar con la buena voluntad de los propietarios, porque, a pesar de que para tener un perro hay que inscribirlo en el ayuntamiento y ponerle el preceptivo chip, amén de otras gestiones, no es menos cierto que hay gente, e intuyo que deben de ser los mismos que practican el noble arte de permitir que su perro deponga en las aceras, que no lo hace y que permanece en el limbo perruno.
                Y sobre todo porque, una vez más, estamos llegando al punto en que hemos desistido de que la buena educación y el saber estar logren acabar con estas actitudes. Es como cuando hace unos años el ayuntamiento decidió retirar las papeleras en fallas porque era más barato incrementar la limpieza que reponerlas por el vandalismo.
                Así que, ya que nos hemos decidido a resolverlo por el tema de la educación,  podemos gastar miles de euros en montar un laboratorio de CSI que se dedique a rastrear el ADN de los perros que se alivian en nuestras calles, pero que al menos las multas que se pongan a los dueños de aquellos que sean cazados permitan sufragar los costes de esto.

                Y ya de paso que alguien me devuelva el dinero de aquellos zapatos que tuve que tirar a la basura el mes pasado.

Perplejo

Leo en la edición digital de este mismo periódico que el ayuntamiento de Quart de Poblet ha presentado un contencioso contra el nuestro por la disolución del consorcio de la TDT de Torrent, al cual pertenecía, el cual no tenía actividad y el cual era una entelequia en estos tiempos de economía de supervivencia.
                Conste que soy partidario de que haya cada vez más medios de comunicación a disposición de los ciudadanos. Y si son privados, mejor, puesto que no nos cuestan dinero a los sufridos contribuyentes, de manera que nuestros pingües impuestos podrían ir a sufragar los servicios públicos verdaderamente esenciales, como la sanidad, la educación, el bienestar social  o el desarrollo económico. Con una televisión pública que hubiera, sería más que suficiente para contrarrestar los intereses económicos de los grupos mediáticos con los intereses informativos y culturales de la población. Ahora bien, si el modelo era el Canal Nou que hemos conocido -y no solo el de los últimos años-, mejor que no. De nada sirve dilapidar el dinero de la forma en la que se ha hecho durante tanto tiempo.
                Es de suponer que esta maniobra solo sirve para avivar el fuego de cara a las elecciones autonómicas más abiertas de los últimos años. Los partidos han decidido, erróneamente,  que la judicialización de los comicios les puede resultar beneficiosa y se han lanzado a las garras del contrario con demandas, contenciosos y querellas. Solo así se entiende que los socialistas locales jaleen la que emprendió la adjudicataria del Parc Central contra nuestro consistorio o que los populares de Alaquàs hayan hecho lo propio contra la alcaldesa vecina  a cuenta de unas obras del Plan E de Zapatero.
                Ahora es otro ayuntamiento de la comarca, el de Quart para más señas, quien reclama que no se disuelva una televisión que no tenía actividad, que no tenía programación y que por no tener, creo que no tenía ni nombre. Y, ¿por qué? Sencillamente porque creen que les puede suponer un rédito electoral para el próximo mes de mayo.  Ignoro el recorrido que pueda tener tal reclamación, pero es de suponer que los vecinos de Quart a los que representa su alcaldesa tienen la misma preocupación que usted y yo por la televisión local torrentina. Vamos, que en nuestra lista de prioridades debe de andar por la quincuagésima octava, más o menos.
                Se habla mucho de la casta en política, un término que, francamente, no me gusta, por peyorativo. Pero lo peor de los políticos no es que formen una casta, es que se encierren en su burbuja y creen artificialmente los debates para entretenerse.
                En la tierra de los aeropuertos sin aviones resulta que también queremos televisiones sin programas.

                Perplejo que se queda uno. 

Antic i Nou

En Facebook hay un grupo donde se comparten fotografías antiguas de Torrent junto con imágenes de objetos de reclamo de algunos de los establecimientos que existieron en la segunda mitad del siglo pasado en nuestra población. Este grupo, bautizado como "Torrent en blanco y negro", reúne ya a cerca de cuatro mil usuarios y es, posiblemente, el más popular entre nuestros vecinos en esta red social. Entre el archivo fotográfico que sus miembros comparten podemos encontrar imágenes del interior del cine Liceo, de los coches de la policía local de los años 70, cajas de cerillas de la Caja de Ahorros de Torrent, servilleteros del Marisquero,  e incluso instantáneas de falleras, clavarios y niños de primera comunión de varias generaciones.
                Hoy en día cualquier acontecimiento puede quedar registrado con un teléfono móvil, pero no debemos olvidar que esta revolución tecnológica que nos ha obligado a guardar imágenes de prácticamente cualquier actividad cotidiana es algo muy reciente. Si usted echa la mirada atrás en el tiempo, recordará que antes nadie llevaba encima una cámara fotográfica constantemente y se dedicaba a inmortalizar cualquier suceso.  Las pocas fotografías que hacíamos respondían a algunos acontecimientos familiares importantes.  Y creo que ahí radica el éxito de estas páginas. Queremos ver lo que fue, recordar lo que ya no es, porque no tenemos constancia gráfica de ello, pero, sobre todo, porque nos da mucha seguridad ver lo que creímos que sería para siempre.
                Algo así nos pasa con el mercado de Torrent. Recuerdo una conversación que oí siendo niño acerca del anterior mercado. Un hombre de edad afirmaba que había sido un error derribar los porches de la Torre y construir aquel infecto edificio -que, todo hay que decirlo, estéticamente era una aberración-. Y una conversación muy similar he escuchado esta semana a las puertas del nuevo mientras lo fotografiaba. Una mujer lo miraba con desdén mientras le aseguraba a su hija que el anterior era mejor. Acto seguido fue desgranando algunos de los puestos que había en él, tanto en la planta baja como en la primera y hay que decir que sí lo conocía bien y que había comprado allí muchas veces. Sin embargo, ahora llevaba varias bolsas de una conocida cadena de supermercados, mientras despotricaba del mercado.
                Aquella mujer afirmaba que era mejor el anterior porque ella ya lo conoció allí siempre. Sin embargo me quedé con la idea de que, al final, preferimos lo antiguo porque nos da seguridad, a pesar de que su utilidad haya dejado de tener sentido.
                Fíjense si no en la página a la que me refería anteriormente. En los comentarios del cine Liceo prácticamente todos añoraban sus sesiones a veinte pesetas, sus butacas de madera, sus cortinas verdes y sus gaseosas en la barra de la cafetería. Cualquiera diría que nunca debió cerrar, a juzgar por la fidelidad que parecían darle estas personas.

                Pero si fue así, ¿por qué cerró?

¡Qué bello es vivir!

Ya no sé si será cosa de que se acerca la Navidad y los periodistas andan ansiosos por presentar la noticia entrañable del año o que nuestra vida es realmente un guión de una película de Frank Capra, pero la información del joven nigeriano que ha devuelto a su dueño tres mil euros que se había encontrado ha sido la estrella de estos días. De esas noticias que arrojan ríos de tinta y horas en la radio.
                Además,  lo tiene todo para convertirse en un nuevo cuento de Navidad. En realidad, no son tres mil euros únicamente, sino que son más de dieciséis mil en talones. El hombre que los encuentra es un inmigrante nigeriano que se dedica a vender pañuelos en los semáforos, e incluso he leído en algún sitio que está estudiando medicina, detalle éste que no he contrastado pero que ayuda más al retrato hagiográfico de nuestro buen samaritano. Ni el propio Charles Dickens encontraría mejor material para retratar esta historia, a la que seguro que le faltan un par de capítulos más, como la narración de su heroica llegada a España superando un sinfín de vicisitudes y el encuentro con el despistado/afortunado propietario del dinero, con fotografía a cuatro columnas en un tabloide con los dos protagonistas fundiéndose en un abrazo fraternal.
                No, no me malinterpreten. No veo nada de malo en que la prensa airee alguna de estas buenas noticias, que, apócrifas o no, devuelven la fe en el ser humano. Lo que me empieza a disgustar es la dosis de moralina que nos inyectamos con ellas en ciertas épocas del año para continuar así unos meses más.
                Estos días asistimos a auténticos maratones de recogida de comida para los puntos de alimentos en todos los pueblos, también en el nuestro. Magnífica respuesta de los torrentinos y enorme satisfacción por parte de autoridades y responsables de estas instituciones. Muchas familias podrán llenar la despensa durante muchas semanas y meses, gracias a nuestros bricks de leche, nuestras latas de conserva y nuestros paquetes de pasta, azúcar y arroz. Pero que ello no nos impida ver que aún tenemos mucho que hacer para que en nuestra población todas las familias puedan vivir con dignidad en una vivienda en condiciones, que los hijos de estas familias puedan estar escolarizados sin problemas y que los padres de estos niños puedan optar a un empleo que les permita vivir con esa dignidad.
                Y eso es tarea de todos. No solo de las instituciones. También lo es nuestra.  A ver si al final, lo único que hemos hecho es echar al montón una pastilla de turrón Hacendado para que no se nos indigeste la mariscada de estos días por nuestra mala conciencia. Porque dentro de unas semanas el chico nigeriano volverá a estar vendiendo pañuelos en los semáforos y el turrón del montón se habrá acabado. No les quepa duda.

                Y que pasen feliz Navidad¡Qué bello es

Qué cosas

He leído con detenimiento todo lo que se ha publicado sobre la denuncia de la empresa concesionaria del Parc Central a nuestro ayuntamiento, desde la primera que publicó el diario Levante, hasta la nota de prensa que acaba de remitir dicha empresa y en ningún lugar se especifica de qué se acusa a la alcaldesa y a su junta de gobierno.  Solo se dicen vaguedades como "presunta prevaricación" y "acoso a la empresa".
                Tampoco las declaraciones de los políticos de la oposición aportan gran cosa. El flamante excandidato Campos balbuceó algo ininteligible en Levante Televisión acerca de que no se le han proporcionado algunas actas, y el portavoz de Compromís acertó a decir que no se habían hecho bien las cosas. Pero tampoco aportaron cuál podría ser el supuesto delito de los concejales imputados.
                Quien en su día gestionó este concurso y otorgó esta instalación a una empresa gallega ha optado por el silencio, a pesar de que espera volver a ser alcalde dentro de unos meses. Y del resto de formaciones políticas locales, mejor obviaré mi opinión, pues las notas de prensa de Guanyem o UPyD ─su candidato no se cansa de hacer el ridículo─ sí que son para echarse a llorar.
                La lamentable presentación de la noticia en la prensa no sirvió de mucha ayuda, pues su carácter sensacionalista solo parecía querer ofrecer las fotografías de los concejales implicados para ponerlos en el disparadero. Y la nota de empresa de Gaia, que acusa de falsedades las declaraciones de la alcaldesa, es, por ser magnánimo, vergonzosa. Normalmente, cuando alguien acusa a alguien de mentir, se suele decir en qué ha mentido. Pero poco se puede desmentir cuando te acusan de no pagar el canon correspondiente ─se deben dos años y no hay pinta de que quieran pagarlo─ o de tener las instalaciones del Parc Central en condiciones lamentables , ya que solo hay que darse un paseo por allí para ver cómo no han cumplido con el mantenimiento necesario y el deterioro de lo que ha sido una de las mejores instalaciones deportivas de la provincia es notorio.
                Pero lo cierto es que esta empresa le debe a usted, a mí, a los portavoces de los partidos de la oposición y a todos los torrentinos en general, más de un millón de euros. Sí, más. Y la foto que ha salido en los periódicos es la de nuestra alcaldesa, no la de los vestuarios sucios o con cucarachas. Los imputados son concejales de nuestro ayuntamiento, no quien tenía hasta hace unas semanas las gradas sin protección, de manera que un niño podría precipitarse varios metros en un descuido. Los acusados son los que están intentando corregir que una empresa se aproveche de todos los torrentinos, no los que han permitido que una instalación que debería ser nuestro orgullo se esté deteriorando a marchas forzadas.

                Y la foto del gerente de Gaia no ha sido primera plana. Qué cosas.

Durmiendo con su enemigo

No seré yo quien valore la candidatura del exalcalde Ros para las elecciones del próximo mes de mayo. Razones de peso habrán encontrado los socialistas de Torrent para elegirlo y seguro que en su fuero interno creen que es el mejor cartel para recuperar la segunda planta del ayuntamiento.
                No seré yo tampoco quien entre a valorar las explicaciones que dio para justificar su vuelta a la arena política local, alegando que la gente se lo pedía y asegurando que podría recuperar el voto de centro derecha que la prensa le ha atribuido tradicionalmente. Del mismo modo, les ahorraré mi opinión acerca de si aciertan o no en este inexplicable giro a la derecha, ahora que el PSOE ve cómo pierde cada vez más terreno por la izquierda, con un más que posible sorpasso por parte de formaciones emergentes.
                Pero oigan, permítanme que comentemos algo que me resulta tremendamente curioso: la voracidad  con la que los socialistas fagocitan a sus portavoces municipales desde 2007. Ya ocurrió con Pepe Veiga en 2011, al que se ninguneó de la forma más cruel posible, después de que fuera él el encargado de recorrer la travesía en el desierto de aquella legislatura en la que el PSOE anduvo huérfano de sus líderes más carismáticos desde bien entrados los años ochenta. Todos recordamos cómo, a pocos meses de las elecciones, era el propio Ros quien iba presentando a su flamante candidato entre batucadas por la avenida, mientras Veiga seguía trabajando como portavoz con discreción y fidelidad a su partido. Todos recordamos al entonces secretario general de los socialistas valencianos, Jorge Alarte –que en un curioso y caprichoso giro del destino ha tenido el mismo final– , en la Caja Rural de Torrent, con aquello que le había dicho Ros unos minutos acerca de Andrés Campos (“Jorge, ¡tienes que conocer a Andrés!”). Cómo acabó todo ya lo sabemos.
                Solo han pasado cuatro años desde aquello. De hecho es un poco menos. No sabemos si es que Ros ha acabado conociendo a Andrés, como le propusiera a Alarte aquella tarde de primavera de 2011. Pero lo que sí sabemos es que, por más que quieran aparentar una forzada y ridícula normalidad, el mosqueo de Campos –y con razón– debe de ser de aúpa. Después de todo, dirigir la labor de oposición en estos cuatro años, con la que está cayendo no ha sido fácil. Y saber que quien fue tu propio valedor tiene tan poca confianza en ti no debe de suponer un gran aliciente para continuar tu labor hasta mayo.

                Se dice que el conde de Romanones, creyendo que su aspiración a entrar en la Real Academia estaba asegurada al haberle comprometido su voto los académicos necesarios para poder ingresar, exclamó cuando comprobó que no había recibido ni un solo voto aquello de “Joder, ¡qué tropa!”.  Pues eso debe de haber pensado al  saber que ha estado durmiendo con su enemigo y que sus palabras, ¡ay!, una vez más, se las ha llevado el tiempo.

Miles de historias

Abrir los ojos. Desayunar rápidamente. Coger la mochila. No te olvides del almuerzo. Un beso, mamá. Bajar corriendo las escaleras. Salir a la calle. Ir encontrándose con los compañeros por la plaza. Aprovechar dos minutos para un partidito en la farmacia del rincón. Comienza a llover. Subir la calle del convento por entre los regueros de agua. Alguien que llama a un timbre y sale corriendo. Una mujer que nos ve y nos amenaza: “Li ho vaig a dir a ta mare!”. Segundo partidito en el calvario –aún estaba el calvario. Entrar al colegio. Formar en el patio. No me empujes. Subir a clase. Padre Nuestro que estás en los cielos. Cinco por uno, cinco; cinco por dos, diez. La tierra es una esfera achatada por los polos. Bajar al recreo. Diez mil partidos a la vez. Comer el bocadillo y defender la portería. Charlar con los amigos.
Subir de nuevo a clase. Carreras por los pasillos. Aquel que tropieza y se arma una tangana. Interviene el padre Deusa. Tú y tú me copiáis cien veces el libro. Id callando, por favor. El Júcar es un río de la vertiente mediterránea. Suiza, capital Berna; Francia, capital París. La suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. El verbo to be. Fray Luis Amigó nació en Massamagrell en 1934. Fray Martín nos lleva a la capilla. Detalle curioso del Padre Costa: el campanario está a la misma altura sobre el nivel del mar que el Micalet. Escipión venció a Asdrúbal. A casa a comer. Enésimo partido en el patio rosa.
Bajar de nuevo corriendo a casa. Arroz al horno. “Aneu a fer tard!”.  Vamos por aquí y vemos a las de La Purísima. ¿Qué asignatura te toca? Física y Química. No hay quien entienda la química orgánica. Rosa, rosae; Dominus, domini. A ver la lista de los phrasal verbs. No enredes tanto en clase o te irás al despacho del director. Suena el timbre. Hay entrenamiento. Merienda rápida. Cambiarse en el vestuario. El patio vuelve a estar lleno, ¿cuándo no lo está? Musiquita de balones botando en el asfalto. Canasta, gol y partido. Todo en uno. La ducha está fría, ¿cuándo no lo está? Mañana hay examen. Vámonos a estudiar.
Bajar la calle del convento. Hace frío. Qué bien huelen las calles en invierno. Llegar a casa. Sacar los libros. Repasar las subordinadas sustantivas. No encontrar la fotocopia dels pronoms febles. ¡Ah, sí! Estaba aquí. Leer Walden Dos. Grabarse el disco de REM.  El sábado quedaremos después del partido. Me voy a dormir. Bona nit.

Ciento veinticinco años de los amigonianos en Torrent. Miles de historias así.