29 de mayo de 2015

Perplejo

Leo en la edición digital de este mismo periódico que el ayuntamiento de Quart de Poblet ha presentado un contencioso contra el nuestro por la disolución del consorcio de la TDT de Torrent, al cual pertenecía, el cual no tenía actividad y el cual era una entelequia en estos tiempos de economía de supervivencia.
                Conste que soy partidario de que haya cada vez más medios de comunicación a disposición de los ciudadanos. Y si son privados, mejor, puesto que no nos cuestan dinero a los sufridos contribuyentes, de manera que nuestros pingües impuestos podrían ir a sufragar los servicios públicos verdaderamente esenciales, como la sanidad, la educación, el bienestar social  o el desarrollo económico. Con una televisión pública que hubiera, sería más que suficiente para contrarrestar los intereses económicos de los grupos mediáticos con los intereses informativos y culturales de la población. Ahora bien, si el modelo era el Canal Nou que hemos conocido -y no solo el de los últimos años-, mejor que no. De nada sirve dilapidar el dinero de la forma en la que se ha hecho durante tanto tiempo.
                Es de suponer que esta maniobra solo sirve para avivar el fuego de cara a las elecciones autonómicas más abiertas de los últimos años. Los partidos han decidido, erróneamente,  que la judicialización de los comicios les puede resultar beneficiosa y se han lanzado a las garras del contrario con demandas, contenciosos y querellas. Solo así se entiende que los socialistas locales jaleen la que emprendió la adjudicataria del Parc Central contra nuestro consistorio o que los populares de Alaquàs hayan hecho lo propio contra la alcaldesa vecina  a cuenta de unas obras del Plan E de Zapatero.
                Ahora es otro ayuntamiento de la comarca, el de Quart para más señas, quien reclama que no se disuelva una televisión que no tenía actividad, que no tenía programación y que por no tener, creo que no tenía ni nombre. Y, ¿por qué? Sencillamente porque creen que les puede suponer un rédito electoral para el próximo mes de mayo.  Ignoro el recorrido que pueda tener tal reclamación, pero es de suponer que los vecinos de Quart a los que representa su alcaldesa tienen la misma preocupación que usted y yo por la televisión local torrentina. Vamos, que en nuestra lista de prioridades debe de andar por la quincuagésima octava, más o menos.
                Se habla mucho de la casta en política, un término que, francamente, no me gusta, por peyorativo. Pero lo peor de los políticos no es que formen una casta, es que se encierren en su burbuja y creen artificialmente los debates para entretenerse.
                En la tierra de los aeropuertos sin aviones resulta que también queremos televisiones sin programas.

                Perplejo que se queda uno.