29 de mayo de 2015

Miguel Ángel

Hay personas que te reconcilian con el ser humano, incluso algún político, fíjense. Ahora que la corriente parece que lleva a considerarlos como personas apestadas y poco menos que merecedoras de toda clase de injurias, reconforta ver que en nuestra población las hay de una grandísima talla humana dentro del pleno de concejales. Conozco personalmente a casi todos y me costaría encontrar a alguno que no merezca lo que acabo de decir. Y es que la política local, que requiere enormes sacrificios personales, familiares y laborales, nos presenta a personas de indudable valía humana, en todos los sectores.
                En alguna ocasión lo he comentado en esta misma columna: Antes son las personas que las siglas. Así que permítanme que les hable hoy de una de ellas. Se trata de un concejal socialista que ya ha anunciado que no repetirá en las listas: Miguel Ángel García Melero.
                No conocía personalmente a Miguel Ángel hasta hace un par de años. Sí conocía su labor en diferentes etapas en la bancada socialista, primero en el gobierno local y más tarde en la oposición. Y las referencias personales que me hacían llegar las personas que lo conocían eran inmejorables.  Tuve la suerte de conocerlo en una situación bastante comprometida, como lo fue la enfermedad de mi padre. Durante los meses que estuvo más delicado se mostró siempre atentísimo hacia él, con deferencias que superaban en mucho la mera cortesía institucional, preocupándose por su estado, por su evolución y por su situación. De hecho, mi padre llegaba a bromear con él acerca de las diferencias políticas que los separaban, pero que, como decíamos hace un momento, nunca impedían que hubiese un afecto mutuo y sincero entre ellos.
                Cuando mi padre falleció, la suya fue una de las llamadas que más agradecí por la sinceridad de sus palabras, tanto que a partir de ahí he intentado devolverle una pequeña parte del cariño que él ha dedicado a nuestra familia. Sé que él no es partidario de pamplinas ni de reconocimientos, pero no por ello voy a dejar de manifestar públicamente la admiración que siento por él. Por ser una persona honrada y valiente, que mira a los ojos de los demás con sinceridad y que habla desde el corazón. Nos han dicho tanto en estos últimos años que los políticos no son  honrados que hemos corrido el riesgo de acabar creyéndonoslo y la figura de Miguel Ángel es una de las que nos recuerda que no, que en la política hay mucha gente que todavía dedica horas y horas de su tiempo libre, de su profesión, de su familia y de su descanso para mejorar la vida de los demás, desde su perspectiva y desde su ámbito de actuación.
                Tengámoslo en cuenta la próxima vez que hablemos gratuitamente de alguien. Porque detrás de cada concejal hay una persona, con una historia detrás.

                Y que antes que las siglas son las personas. Y yo, cuando veo a Miguel Ángel, no veo unas siglas,  veo a un amigo. ¡Gracias, Miguel!