29 de mayo de 2015

La Casta

Oiga, que se ha puesto de moda la palabra: casta. Casta por aquí y casta por allí. Todos los políticos son casta y todos son iguales: corruptos, ladrones y sinvergüenzas. Todos menos yo, les falta decir. Pero no es cierto.
                En un pueblo todos sabemos quiénes somos. Presumo de conocer personalmente a una gran parte de los concejales de nuestro ayuntamiento y no son así. Los tengo en gran consideración a todos. Si usted quiere, serán más o menos trabajadores; más o menos capaces; e incluso, si me apura, más o menos simpáticos. Pero no me vale con que ahora lleguen con esa milonga de que son “los de arriba”, que están oprimiendo a “los de abajo”. No.
                Ahora bien. Eso no quita para que no los critiquemos cuando hacen algo que no es de nuestro agrado. O que lleguemos a pedir su dimisión cuando su actuación está fuera de la ley, o, como es el caso de hoy, fuera de los mínimos principios éticos que debemos exigirnos. Me estoy refiriendo a que una concejala de nuestro ayuntamiento resida a cientos de kilómetros de nuestra ciudad.
                Según la ley, nada impide que así sea. No es requisito el estar empadronado en una población para presentarse a las elecciones en dicho municipio. De hecho, ha venido siendo una práctica habitual en los últimos años en los pueblos de la comarca. El alcalde de Alaquàs en los noventa, si no recuerdo mal, vivía en Torrent  y algunos de los concejales de Torrent han tenido su residencia en urbanizaciones de pueblos vecinos, como Monserrat.
Pero no me podrán negar que vivir en otras provincias es un fraude para los vecinos que han votado a dicha concejala, por más que se empeñe en asegurar que participa en los plenos y que está puntualmente informada de cuanto acontece en nuestras calles. No dudo que así lo sea, pero no es suficiente. La asistencia a comisiones o plenos no es la única responsabilidad de nuestros munícipes. Lo es también estar a pie de calle, participando en la vida social, cultural y empresarial de la población, escuchando los problemas de la gente y buscando soluciones. No me vengan ahora con que ser activa en las redes sociales y formar parte de un grupo de whatsapp puede suplir a todas esas horas en las calles.
Para más inri, la concejala aspira a la alcaldía de su población, aspiración legítima donde las haya. Pero, salvo que yo esté equivocado, la física ha demostrado la imposibilidad del don de la ubicuidad, y que alguien me explique cómo se puede compaginar esa labor de candidata y de concejala en dos poblaciones tan lejanas y distintas.
Decíamos al principio que no compartimos la definición de los políticos como casta. Pero, ¡ay!, mucho me temo que son situaciones como esta las que las alimentan. Así que hágase un favor y háganoslo a todos y haga lo correcto por esta vez.
O luego no se queje de que la consideren “la casta”.