29 de mayo de 2015

Estela, Ramón

Enciendes la radio o te conectas a internet. Poco importa cómo lo hagas, pero conoces la noticia. La oyes en boca del locutor del informativo de mediodía o la lees en un tuit de un periódico regional: Ha habido un accidente. De avión, de coche, de moto o de metro. Y enseguida se te acelera el corazón pensando en qué habrá pasado. Pensando en las víctimas y en sus familias. Entonces se te hace un nudo en el estómago: En el avión viajaban torrentinos; el accidente de coche o moto ha sido en una carretera de Torrent; el metro venía a Torrent. Y la bola se te acumula en la garganta y te impide respirar, porque a pesar de ser una gran ciudad, aquí aún nos conocemos casi todos. ¿Han oído hablar de aquello de los seis grados de separación entre todas las personas del mundo? Seguramente en Torrent se reduce a uno o dos. Todos nos conocemos o todos tenemos un conocido en común.
                Es en ese momento cuando te das cuenta de que seguramente haya algún conocido, algún pariente, algún amigo o algún vecino. Repasas mentalmente quién puede formar parte de la fatídica lista o incluso haces alguna llamada para saber si todos están bien. Y si descubres que los tuyos están bien, respiras con tranquilidad y te alegras mínimamente hasta que piensas que la lista sigue existiendo y que hay otras personas que no podrán respirar así. Te sientes mezquino por alegrarte de que tus hijos o hermanos no formen parte de esa lista porque sabes que quien la conforma también tiene hermanos o hijos y no puedes dejar de pensar en el calvario que estarán pasando, en la angustia que irá desde que les comuniquen el accidente hasta que les confirmen la identidad, en las llamadas enviadas y que no reciben respuesta.
Más tarde oyes o lees la noticia de que, efectivamente, en esa lista sí hay gente conocida: un amigo de un familiar, un conocido del barrio, el hermano de un compañero, aquella persona con la que te cruzas muchas mañanas al ir a por el pan. Se te encoge el corazón de imaginarlo. Y no puedes más que ponerte del lado de sus amigos, de sus hermanos, de sus hijos, de sus maridos y mujeres. Una oración, un minuto de silencio para ellos, que ojalá sirviera para darle algo de consuelo, para que nuestro abrazo llegue hasta ellos, para que pudieran sentir que su dolor es nuestro dolor y para que pudieran descubrir que no están solos, que nos tienen de su lado.
El martes fue uno de esos días. Un avión a Düsseldorf que se estrella en el Pirineo. Una motocicleta que sufre un accidente en la carretera de Monserrat. Estela, Ramón. Enseguida el móvil recibe mensajes con su nombre y las sensaciones de angustia se amontonan en nuestro corazón.

Si los vuestros leen esto, sabed que mi oración de hoy y la de mi familia va por vosotros y por vuestras familias. Descansad en paz.