29 de mayo de 2015

Durmiendo con su enemigo

No seré yo quien valore la candidatura del exalcalde Ros para las elecciones del próximo mes de mayo. Razones de peso habrán encontrado los socialistas de Torrent para elegirlo y seguro que en su fuero interno creen que es el mejor cartel para recuperar la segunda planta del ayuntamiento.
                No seré yo tampoco quien entre a valorar las explicaciones que dio para justificar su vuelta a la arena política local, alegando que la gente se lo pedía y asegurando que podría recuperar el voto de centro derecha que la prensa le ha atribuido tradicionalmente. Del mismo modo, les ahorraré mi opinión acerca de si aciertan o no en este inexplicable giro a la derecha, ahora que el PSOE ve cómo pierde cada vez más terreno por la izquierda, con un más que posible sorpasso por parte de formaciones emergentes.
                Pero oigan, permítanme que comentemos algo que me resulta tremendamente curioso: la voracidad  con la que los socialistas fagocitan a sus portavoces municipales desde 2007. Ya ocurrió con Pepe Veiga en 2011, al que se ninguneó de la forma más cruel posible, después de que fuera él el encargado de recorrer la travesía en el desierto de aquella legislatura en la que el PSOE anduvo huérfano de sus líderes más carismáticos desde bien entrados los años ochenta. Todos recordamos cómo, a pocos meses de las elecciones, era el propio Ros quien iba presentando a su flamante candidato entre batucadas por la avenida, mientras Veiga seguía trabajando como portavoz con discreción y fidelidad a su partido. Todos recordamos al entonces secretario general de los socialistas valencianos, Jorge Alarte –que en un curioso y caprichoso giro del destino ha tenido el mismo final– , en la Caja Rural de Torrent, con aquello que le había dicho Ros unos minutos acerca de Andrés Campos (“Jorge, ¡tienes que conocer a Andrés!”). Cómo acabó todo ya lo sabemos.
                Solo han pasado cuatro años desde aquello. De hecho es un poco menos. No sabemos si es que Ros ha acabado conociendo a Andrés, como le propusiera a Alarte aquella tarde de primavera de 2011. Pero lo que sí sabemos es que, por más que quieran aparentar una forzada y ridícula normalidad, el mosqueo de Campos –y con razón– debe de ser de aúpa. Después de todo, dirigir la labor de oposición en estos cuatro años, con la que está cayendo no ha sido fácil. Y saber que quien fue tu propio valedor tiene tan poca confianza en ti no debe de suponer un gran aliciente para continuar tu labor hasta mayo.

                Se dice que el conde de Romanones, creyendo que su aspiración a entrar en la Real Academia estaba asegurada al haberle comprometido su voto los académicos necesarios para poder ingresar, exclamó cuando comprobó que no había recibido ni un solo voto aquello de “Joder, ¡qué tropa!”.  Pues eso debe de haber pensado al  saber que ha estado durmiendo con su enemigo y que sus palabras, ¡ay!, una vez más, se las ha llevado el tiempo.

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