29 de mayo de 2015

CSI

Reconozco que al principio me tomé la noticia a chufla. Una de esas noticias que se publican un día como el de los inocentes, que se convierte en viral gracias a las redes sociales y que tarde o temprano se descubre como una broma. Incluso pensé que el medio que la publicaba era de aquellos que existen en  internet y que se dedican a parodiar la realidad. Pero, no, resulta que era cierto y que el Ayuntamiento se está planteando la posibilidad de encargar estudios genéticos a las heces de los perros para averiguar su procedencia y sancionar así a sus propietarios.
                Y no es que uno no esté a favor de multar a los incívicos dueños de los perros que ensucian nuestras vías públicas. Es más, yo los pondría a limpiar la avenida con un mocho y un pozal a las siete de la mañana y les diría que cuando llegasen al final, cambiasen el agua y volviesen a bajar. Porque, como ya hemos comentado alguna vez en esta sección, no hay un ejemplo de mayor suciedad que el ver nuestras aceras pobladas de estos regalitos con los que algunos vecinos nos alegran las mañanas. No hay una peor tarjeta de presentación ahora que estamos reivindicando nuestro papel de gran ciudad y nuestras tradiciones reciben la categoría de interés turístico.
                Pero, oigan, no sé yo si esta es la mejor manera de arreglarlo. Piénsenlo bien. Parece ser, y digo que parece, porque de momento solo se está estudiando una propuesta, que primero habría que hacer un censo canino e incluir en él una huella genética. Supongo que para ello habrá que contar con la buena voluntad de los propietarios, porque, a pesar de que para tener un perro hay que inscribirlo en el ayuntamiento y ponerle el preceptivo chip, amén de otras gestiones, no es menos cierto que hay gente, e intuyo que deben de ser los mismos que practican el noble arte de permitir que su perro deponga en las aceras, que no lo hace y que permanece en el limbo perruno.
                Y sobre todo porque, una vez más, estamos llegando al punto en que hemos desistido de que la buena educación y el saber estar logren acabar con estas actitudes. Es como cuando hace unos años el ayuntamiento decidió retirar las papeleras en fallas porque era más barato incrementar la limpieza que reponerlas por el vandalismo.
                Así que, ya que nos hemos decidido a resolverlo por el tema de la educación,  podemos gastar miles de euros en montar un laboratorio de CSI que se dedique a rastrear el ADN de los perros que se alivian en nuestras calles, pero que al menos las multas que se pongan a los dueños de aquellos que sean cazados permitan sufragar los costes de esto.

                Y ya de paso que alguien me devuelva el dinero de aquellos zapatos que tuve que tirar a la basura el mes pasado.

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