16 de abril de 2014

El Divino



Ha llegado hasta mis manos el libro conmemorativo que, con motivo de su XXV aniversario, ha publicado la Hermandad del Divino Costado de Cristo. Si pueden hacerse con uno, no se lo pierdan. En él se explica cómo un grupo de jóvenes, algunos incluso menores de edad, superando toda clase de adversidades y dificultades, fueron capaces de fundar una hermandad de Semana Santa, después de casi treinta años sin fundarse ninguna, y consolidarse como un referente en nuestra localidad. Hoy la mayoría de esos jóvenes llevan a sus propios hijos a la hermandad  y es envidiable el espíritu por renovarse y formarse para vivir estos días tan importantes para los que somos cristianos.
                Pero más allá de los avatares que tuvieron que sortear para dar sus primeros pasos, como la incomprensión y el rechazo de algunos, las dificultades para poder sacar la imagen del Cristo a la calle o los errores propios de la edad, permítanme que me quede con un detalle que no puede pasar desapercibido: que un grupo de personas, independientemente de su edad o formación, pueden organizarse y llevar un proyecto adelante si les une la ilusión y el tesón. Y eso, a la Hermandad del Divino, les sobra.
                Ahí es donde quiero poner el acento: A lo que se viene llamando sociedad civil en los últimos meses, y que no es más que la voluntad de un grupo de personas, provengan del ámbito del que provengan, para  sacar adelante sus iniciativas sin esperar a que las instituciones las autoricen y aprueben en forma de subvenciones, palmaditas en la espalda o estructuras burocráticas.
                Y es que estamos demasiado acostumbrados a esto último. A  esperar que las instituciones solucionen nuestros problemas y nos organicen hasta el último aspecto de nuestras vidas. A que tengan con nosotros una actitud paternalista, que bendigan aquello que aceptan como válido. Y no es así. Si algo de bueno está teniendo sufrir esta crisis, es para que nos demos cuenta del potencial que tenemos entre nosotros, sin depender de nadie. Realidades como la Hermandad del Divino de Cristo, y en general, tantas hermandades como hay en nuestro pueblo lo demuestran, del mismo modo que lo hace el tejido asociativo de Torrent.
                Hoy esta hermandad cumple veinticinco años y algunos le auguraron poco o ningún futuro. El Torrent del siglo XXI, el que usted y yo conocemos, está plagado de personas y situaciones que hicieron caso omiso a aquellas personas e instituciones que no supieron ver el potencial que había ahí y que se escudaron en el "sempre s'ha fet així" o en el "això no cal", pero que continuaron adelante y contribuyeron a que hoy vivamos en esta ciudad.
                A todos ellos les debemos un homenaje. ¡Salud!
               

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