6 de febrero de 2014

Nos lo están matando

¿Conoce la obra "Torrent i la seua premsa"? Se trata de una recopilación de nuestro cronista local, José Royo, de todas las noticias que, entre finales del siglo XIX y principios del XX, tuvieron como protagonista a nuestra población en la prensa regional. Si la conoce,  es posible que recuerde la noticia que conmovió el Torrent de principios de siglo XX. Los protagonistas parecían sacados de una de esas telenovelas que causan furor en la sobremesa: Un rico terrateniente soltero y entrado en años, una muchacha joven y ambiciosa y su exnovio. Una boda de conveniencia. Un asesinato con muchos puntos oscuros. Y finalmente la detención del exnovio, el "Chato", y la viuda. El móvil: la portentosa herencia del finado. Creo que es una historia que merece ser novelada y que me gustaría poder llevar a cabo si el talento me lo permite.
                Pero mientras tanto, fijémonos en el último crimen sin resolver que está sucediendo entre nuestras calles, o mejor, entre nuestros campos.  Y no es otro que el asesino de naranjos que viene actuando en las últimas semanas en distintos puntos del término.  Lo hemos visto en prensa ante la sorpresa e indignación de los afectados. Alguien llega al campo de noche y literalmente amputa los árboles sin que se adivine algún motivo en concreto. Simplemente los destroza y se marcha aprovechando la noche y el anonimato. Son ya más de diez denuncias las que se han registrado y los ánimos están caldeados. Me comentaba el otro día un labrador que si el propietario de un campo lo pilla con las manos en la masa  se compadecería del pobre miserable, porque es tal el estado de indignación entre el colectivo de agricultores que no sabía muy bien de qué no sería capaz el dueño.
                Y es que nos estamos lamentando últimamente mucho de la pérdida de las entidades financieras valencianas, como la CAM, Bancaixa   o el Banco de Valencia;  de la desaparición de los medios de comunicación valencianos, como RTVV;  de la progresiva destrucción del tejido industrial valenciano, como el del mueble o el calzado;  e incluso de la posible pérdida del Valencia Club de Fútbol, merced a la gestión de sus ineptos gestores. Pero la sucesión de agravios que está sufriendo nuestro campo es sangrante desde hace ya muchos años. A los robos continuados en el campo, a la competencia desleal de los productos de otras zonas de España y el mundo  y al saqueo al que se ven sometidos los pequeños agricultores por parte de los comercios de cítricos y las grandes superficies, se les suma ahora el ataque indiscriminado de un loco (o no) que no contento con dañar el campo, ocasiona daños que hacen peligrar, no solo una cosecha, sino toda una plantación, con el consiguiente perjuicio para el labrador y su familia, que, digámoslo claro, no es que esté ganando una fortuna con su trabajo.

                Si seguimos callando y mirando para otro lado, quién sabe cuándo nos tocará a nosotros.

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