25 de octubre de 2014

Qué asco

¿Se acuerdan ustedes de la glorieta  que había en la plaza del Obispo Benlloch? Tengo un recuerdo nítido de ella de cuando yo era pequeño. Recuerdo el césped plantado en ella y, por aquello de que tendemos a magnificarlo todo cuando somos niños, se me antojaba enorme, como un campo de fútbol. Uno de los elementos que nunca faltaban en aquella estampa era un grupo de perros callejeros descansado en ella, ajenos al tráfico que la rodeaba y a saber que estaban ante la que muchos consideran una de las primeras rotondas de España, dato apócrifo que ha circulado durante años en nuestra ciudad.
                La construcción del aparcamiento subterráneo acabó con ella y de esta manera desaparecieron los perros de allí. Debo decir que desde entonces se me ha hecho difícil encontrarlos por la calle. En aquella época no era extraño ver perros sueltos, deambulando sin rumbo fijo, buscando su sustento entre las bolsas de basura –  ¿recuerdan  cuando dejábamos la basura a la puerta de casa antes de que se instalaran los primeros contenedores? – o a la salida del colegio, a ver si podían hacerse con algún mendrugo de pan de las meriendas de los escolares. Ahora es prácticamente imposible hacerlo.
                Deberíamos congratularnos de que no  haya animales sueltos por las calles. Sin embargo, y perdónenme la franqueza con la que voy a expresarme, no se nota por las calles. En el recorrido que empleo cada mañana y cada tarde para llevar y recoger a los niños al colegio, que suponen unos doscientos metros escasos, rara vez es la ocasión que no tenemos que ir sorteando decenas de excrementos de perro por las aceras, algunas de considerable tamaño. Les ahorraré, porque seguro que a ustedes también les ha pasado, los detalles de lo que ocurre cuando a uno le pillan distraído y tiene la mala fortuna de pisar alguna. He tenido que tirar unos zapatos nuevos recientemente por ese motivo. Qué asco.
                Hace poco vinieron unos amigos de fuera a vernos. Reconozco que me avergoncé bastante cuando, llegando al portal, nos recibía un par bien hermoso y mis amigos las miraban como si hubiesen visto a un extraterrestre. Y, aunque en honor a la verdad, no es un problema exclusivamente nuestro, no es menos cierto que en otras regiones de España es muy raro verlo.
                Por eso, ahora que se acercan elecciones y algunos han iniciado luchas cainitas y fratricidas por intentar alcanzar un puesto de relevancia en las listas, les doy un consejo a los partidos que aspiran a obtener la alcaldía: Si son capaces de asegurarnos  que el dueño que permita que su mascota se alivie en la calle sin recogerlo pase una noche en el calabozo, ganarán las elecciones de calle.

                Perdonen el asunto de hoy. Pero, otra vez, qué asco.

Atomizacióm

Habrá quien crea que la multiplicación de partidos, plataformas y agrupaciones de cara a las elecciones locales es una gran noticia para la democracia. No es mi caso. En los próximos comicios del mes de mayo, el votante deberá elegir entre un número no inferior a  siete candidaturas con alguna posibilidad de obtener representación en el pleno, a saber: Partido Popular, Partido Socialista, Esquerra Unida, Compromís y, si logran reunir un número suficiente de candidatos, UPyD, Ciudadanos y habrá que ver qué ocurre finalmente entre Podemos y Guanyem. Eso sin contar las que se presentarán con más moral que el Alcoyano, como  la tradicional lista del Partido Comunista de los Pueblos de España o la de la Agrupación de Electores por los Derechos de los Caracoles Nudistas, que quién no nos dice que no estarán ahora mismo organizándose para dominar el mundo.
                Parece una mejor idea unir proyectos y aglutinar. Es lo que hace Compromís, antaño el BLOC y ahora “Bloc-Iniciativa pel País Valencià- Els Verds- Plataforma per l’Hospital”. De presentarse por separado sería muy difícil que mantuvieran los dos concejales que llegaron a conseguir en 2011.
Y es que en anteriores ocasiones hubo listas de partidos que aparecían de la nada a unos meses de las elecciones y, si bien no acababan obteniendo representación alguna, arañaban un buen puñado de votos a otros, con la consiguiente pérdida de concejales. Todos recordamos aquel Partido Social Demócrata, cuyo recorrido en Torrent y en Valencia en general fue bien corto, y del que las leyendas urbanas decían que era una operación del estratega Rafael Blasco para dinamitar las opciones socialistas para los ayuntamientos y les Corts.
                Pues eso es lo que me parece que puede llegar a pasar ahora. Si descartamos aquellas opciones cuya presencia es meramente testimonial –aquellos cuyas listas se componen de tres amigachos y sus deudos- la atomización del voto en este grupo de opciones políticas, especialmente por la parte izquierda, solo beneficia a los grandes partidos y sobre todo a aquel a quien pocos le disputan el voto, que no es otro que el PP. A la derecha del PP, especialmente ahora que ha decidido aparcar la reforma de la ley del aborto y que la política antiterrorista causa no pocas decepciones, solo encontramos a VOX, cuya implantación en Torrent aún es una entelequia y que no parece que pueda restarle demasiado. En cambio, junto a socialistas está surgiendo toda una constelación de opciones –algunas más razonables que otras- que deberían hacer pensar mucho si aún están en condiciones de optar a una mayoría que, si bien no sea absoluta, les permitiera gobernar con cierta holgura.

                Y aún así, hay quien se cree que es Moisés que viene a llevar a su pueblo a la tierra prometida.

Agua y aceite

Parece que todo el mundo da por hecho –y cuando digo todo el mundo me refiero a los medios de comunicación y a los propios implicados- que en las próximas elecciones locales será desalojado el Partido Popular de la alcaldía, si no lo remedia Rajoy con su reforma de la ley electoral,  mediante un pacto multibanda entre los socialistas, compromís y la virtual presencia en el ayuntamiento de Podemos, Esquerra Unida y el partido de Rosa Díez.
                Yo ya hace tiempo que dejé de hacer quinielas para las locales, más que nada porque nunca las acertaba. Si no recuerdo mal, en 1995, Jesús Ros estuvo a un tris de perder la alcaldía con el PP que por aquel entonces lideraba Nemesio. Finalmente un pacto entre comunistas y socialistas acabó por aupar de nuevo a estos a la alcaldía. En aquellos momentos, todos daban por hecho que, consolidado el PP en el gobierno de la nación y de la generalitat, el PP local acabaría con la hegemonía  socialista en Torrent. Pues bien, cuatro años después, con el viento de cara para el PP con una recuperación económica en España y con la política de grandes eventos de la Generalitat a toda máquina, Ros no sólo ganó las elecciones, sino que se merendó a los comunistas, que andan errando desde entonces fuera del ayuntamiento.  Este fenómeno volvió a repetirse en 2003, en los que el PSOE prácticamente dobló a los populares.
                Ninguna encuesta ni ninguna extrapolación de resultados de las elecciones nacionales, europeas o autonómicas conseguían establecer alguna relación con los resultados de las locales. Se daba la paradoja de que incluso cinco mil personas depositaban su voto a Zaplana en una urna y a Ros en la contigua. Les ahorro los comentarios que se hicieron a cuenta de que el PP presentase a María José Català, porque merecen una cátedra de Ciencias Políticas.
                Por  eso me parece un poco atrevido establecer que los resultados de las europeas supondrán que Podemos, EU o UPyD logren la misma representación en mayo. Y que de ello resulte que podrán configurar un bloque con socialistas y el Bloc para sacar al PP de la alcaldía. Más aún cuando la gestión de los populares en estos siete años no ha provocado una respuesta negativa de la mayoría de la sociedad torrentina, más allá de la lógica discrepancia de cada uno de los sectores de la oposición, ni tampoco se puede decir que el equipo de gobierno esté tan quemado después de estos años, puesto que se ha renovado bastante.
Pero, sobre todo, me parece muy aventurado lanzar esa posibilidad del pentapartito, porque  lograr que todas estas formaciones sean capaces de consensuar un programa de gobierno para Torrent puede ser tan difícil como mezclar el agua y el aceite.

Por cierto, conozco a uno que afirma que es capaz de hacerlo. Lo de mezclar agua y aceite. Pero el tío aún no me lo ha demostrado.

Procesiones

Una de las escenas que más me gustan de nuestro pueblo es la procesión de  los Santos Patronos, la tarde del 30 de julio. Es una procesión diferente a las demás. No es multitudinaria como las del Corpus o la de la Virgen de los Desamparados, pero es muy concurrida. La presencia de las comparsas y filaes de moros y cristianos, junto con la Reina del Encuentro y las Falleras Mayores le da un color y una vistosidad muy especial. Y, por qué no decirlo, es un momento señalado en nuestro calendario. Hay un antes y un después de ese acto, porque marca el inicio de las vacaciones de verdad para la mayoría. Muchos de nuestros vecinos toman las de Villadiego a partir de esa fecha, y una gran parte de ellos no lo hace antes, entre otras cosas, porque se esperan a que pasen las fiestas.
                Las fiestas patronales, con sus altos y sus bajos, sus luces y sus sombras, y sus mejores y peores momentos en la historia, se celebran en honor a los patronos Abdón y Senén, protectores del campo, lo cual demuestra la tradicional relación de nuestros vecinos con la agricultura. Los gozos en su honor, que ahora no podría recordar de memoria, piden que protejan nuestras tierras de las inclemencias del tiempo. Buen tiempo era sinónimo de buenas cosechas, y eso era sinónimo de bienestar para los torrentinos.
                Parece lógico, pues, que una fiesta organizada por los torrentinos, en la que participa el tejido festivo del pueblo en sus máximas expresiones populares, que recuerda lo más original de Torrent y que es exponente de su historia y tradición, sea presidida por las máximas autoridades del municipio. No se entendería de otra manera.
                Imagínense ahora que un colectivo de nuestra ciudad organizase un acto importante. Algo que quisiera hacer extensivo al resto de la ciudadanía y por ello invitase al ayuntamiento en pleno. ¿Se les ocurre pensar que la alcaldesa y los concejales estuviesen relegados a las últimas filas o directamente declinasen la invitación porque no comparten el gusto por esa celebración? No me imagino a un concejal desistiendo de acudir a un partido de baloncesto porque no le guste el deporte o a la alcaldesa sentándose en última fila del Auditori porque se representa una obra de Lope y ella sea más de Calderón.
                Pues eso es lo que algunos concejales y cierto sector de nuestra sociedad opina cuando ve a la alcaldesa presidiendo la procesión de los patronos y hacen chascarrillos a cuenta de ello.  Créanme, no tiene nada que ver con una visión laica o aconfesional de la sociedad. No. Forma parte del sectarismo de aquellos que se llenan la boca hablando de democracia, pero le añaden tantos adjetivos que acaban por desvirtuarla. 
                Cuando la alcaldesa o los concejales de cualquier partido presiden la procesión de los patronos del pueblo, la proclamación de la Fallera Mayor de Torrent, la cena de la Cruz Roja o la inauguración de la rampa para minusválidos de una asociación de la tercera edad, no lo hacen en su nombre, lo hacen en representación de la gran mayoría de torrentinos.

                Y a mí sí me representan.

Flaco favor

En serio, flaco favor le estamos haciendo a nuestras fiestas si dejamos que los botellones campen a sus anchas. Y de nuevo permítanme que meta en el saco a todas las fiestas que se celebran en nuestra población. No importa que las organicen los moros y cristianos, las fallas, las clavarías, las asociaciones de vecinos o la federación de colombicultores con motivo de la verbena de la Paloma.
                Porque la palma se la llevan las verbenas, en todas sus expresiones variopintas. Una vecina de una plaza de las más castigadas en este sentido me comentaba hace unas semanas que ya no es suficiente con soportar la música y la algarabía en las noches de verbena -cosa que hace de manera estoica, por aquello de "son fiestas"-, o las tertulias de borrachera de final de la noche -acompañadas de grandes y malsonantes palabras- sino que la parte más asquerosa es aguantar los restos de orín, vómito y basura en la puerta de su casa.
                El año pasado ya lo comentábamos en estas líneas. Los chavales acuden en hordas a ciertas fiestas armados hasta los dientes de bolsas con alcohol, se ponen hasta arriba y lo dejan hecho todo unos zorros. Ya no es extraño ver que en algunos actos organizados por moros o falleros -por ser estos los colectivos que más verbenas organizan- los propios festeros sean los primeros en abandonar el recinto cuando estos chavales aparecen con sus bolsas.
                El resultado suele ser el mismo: borracheras, vómitos y orín, mucho orín en las esquinas.  He leído en algún artículo que se celebran más de ochocientas fiestas al año. Lo cual nos lleva a una media de unas quince a la semana. Teniendo en cuenta que hay meses y semanas en las que no se celebra ninguna, podrá hacerse una idea de lo masificado del calendario festivo de Torrent. Evidentemente todas no son verbenas, pero prácticamente cualquier festividad tiene la suya. Y en algunas ocasiones se pueden solapar tres, cuatro o cinco en la misma noche. De poco sirven los miles de euros gastados en limpieza de nuestras calles. Hay mañanas en las que caminar por la calle a pleno sol se hace insoportable
                Una de las últimas que me escandalizaron fue una de las verbenas con motivo de la histórica celebración de San Juan en nuestra localidad -nótese la ironía- hace apenas un mes. Debo decir que crucé el pueblo en coche a eso de las doce de la noche y me crucé en un escaso recorrido de unos mil metros, desde la entrada de Torrent hasta mi domicilio, con  tres de estas verbenas, una de las cuales venía jalonada por una fiesta de la espuma. El espectáculo de ver a chavales de doce o trece años borrachos y mojados era algo dantesco. Y la cara de estupidez de algunos de sus padres al ir a recogerlos en coche y prácticamente tener que cargarlos en el asiento de atrás, era algo ridículo. Que me explique alguien si esto es lo que queremos para nuestras fiestas.
                Y que sí, que sí. Que todos hemos sido jóvenes. Pero luego, que levante la mano, joven o no, al que le guste encontrarse con este espectáculo al salir de casa por la mañana.

                Que ustedes lo pasen bien. 

A gusto de todos

Que nuestro pueblo se llame Torrent y esté rodeado de barrancos no es casual. A lo largo de la historia las avenidas de agua han ido configurando nuestro término. Presumir de zonas como El Clot de Bailón o el Pantano es el producto de lo que miles de años de fuertes lluvias e inundaciones ha provocado en nuestras tierras. Blasco Ibáñez en su novela Cañas y barro pone en boca del tío Paloma su deseo de que el propio barranco de Torrent trajera esas aguas torrenciales: "Deseaba que se abriesen las cataratas del cielo; que viniera de orilla a orilla aquel barranco de Torrente que desaguaba en la Albufera alimentándola; que se desbordase el lago sobre los campos, como ocurría algunas veces". No es algo infrecuente que esto ocurra.
                La semana pasada el fenómeno se adelantó tres meses. Una lluvia que por momentos tuvo una intensidad que de 460 litros por metro cuadrado en una hora ocasionó bastantes incidencias: pequeñas inundaciones, muros caídos y algunos calles y garajes anegados.
                Está claro que siempre se pueden mejorar algunas cosas. Tener unas infraestructuras adecuadas de alcantarillado y colectores pluviales que sean capaces de aguantar los picos de avenidas de agua que, como estas, ocurren cada cierto tiempo. Pero, oigan, a las dos horas de las lluvias, las calles ya estaban secas y si en algunas zonas los colectores no podían tragar todo ese agua, no es menos cierto que no lo hacían porque ramas, hojas y basura que dejamos todos en la calle -bolsas, cartones, envases- obstruían esos imbornales.
                Quiero decir que estos fenómenos pueden ser impredecibles y, aunque se deben prever para minimizar los riesgos, es imposible reducirlos a la nada. El agua, como dicen los más ancianos, tiene memoria y recuerda por dónde tiene que pasar. Lo que no podemos hacer es chasquear los dedos y hacer que deje de llover, o que el agua que ya ha caído desaparezca, o incluso que deje de pesar lo que pesa y que no acabe haciendo caer un muro o una terraza que no soportan el peso.
                Así que me pregunto yo por qué esa indignación en las redes socialescada vez que llueve así. Exceptuando a aquellos vecinos que por la negligencia del constructor o del propio ayuntamiento ven cómo el agua se cuela en sus hogares en lugar de discurrir por otros cauces, ¿a qué esa rabia, a qué esos insultos que se pueden leer porque "para cruzar la calle he tenido que caminar cincuenta metros" (en el momento en que más llovía)? ¿Cuánta gente al ver las fotos no identifica sus envases, sus papeles o sus bolsas obstruyendo las alcantarillas?
                Como ya les decía en el número pasado, no me parece mal que la gente use el Facebook o el twitter para expresar sus opiniones o mostrar sus quejas o malestar. Pero vamos mal si lo utilizamos para vomitar cualquier exabrupto que se nos ocurra cada vez que tenemos un problema o algo no nos gusta.

                Que en estas fiestas no nos llueva. O que lo haga a gusto de todos.

Redes

He visitado el perfil de la alcaldesa de Torrent en Facebook. Normalmente estos perfiles sirven para acercar a la ciudadanía a sus munícipes y en general así es. Debo decir que en ese sentido no hay gran diferencia con otras alcaldesas de la comarca. En sus muros encontramos impresiones en primera persona de cuestiones de actualidad, información sobre actuaciones en barrios o fotografías y comentarios de actos realizados en nuestras calles. Como digo, una buena herramienta para acercarse a los ciudadanos. Pero... siempre hay un pero.
                Se ha ido generalizando una nueva sección en este perfil -insisto en que también ocurre en otras localidades vecinas- en la que se incluyen quejas de ciudadanos acerca de algún servicio o sugerencias sobre cuestiones que el ayuntamiento ha dejado descuidadas. En este caso es de ley reconocer que la propia alcaldesa hace un esfuerzo por contestar a los que en su perfil dejan sus inquietudes, pero justamente ahí me parece que es donde reside el problema.
                 No me entiendan mal, no creo que sea un error que la alcaldesa conteste a todos aquellos vecinos que le trasladen sus opiniones, pero creo que para ello hay cauces establecidos más efectivos. Verbigracia, ahí está el vecino que se queja de que los juegos infantiles del parque de su barrio están estropeados, sin embargo para ello hay un teléfono en el que informar de estos desperfectos. Se podría afirmar, entonces, que no se hace caso a esta queja, pues bien, en ese caso lo que hay que denunciar es esa falta de diligencia. En otra ocasión es otra que se lamenta de que se hijito no puede caminar con soltura por la acera de su calle. ¿Ha intentando presentar algún tipo de instancia en el registro de entrada del ayuntamiento? No, claro, es más sencillo desahogarse en el muro de la alcaldesa. Y más inútil, diría yo. Por último están los vecinos de un barrio en pie de guerra porque cierto restaurante abusa del espacio y horario reservado como terraza, pero frente a su queja surgen otros tantos solidarizándose con el propietario y afeándoles sus quejas a los otros, con lo cual se lía una buena en la que la alcaldesa queda en medio sin saber bien qué decir.
                Y oigan, igual es cosa mía, pero creo que nos estamos acostumbrando a que nos resuelvan los problemas diarios por la vía rápida cuando en la mayor parte de estos  casos se pueden solucionar dirigiéndose a la instancia adecuada o llamando al teléfono correcto. Y  sólo en el caso de que esto no funcione, deberíamos utilizar estos foros.
                Pero me da a mí que no se trata de eso. Alguna vez ya hemos hablado de ello. Se trata de que los políticos tienen la obligación de atenderme a mí cuando yo lo diga y como yo quiera, que me resuelvan mi problema como yo les indique, que vengan al acto de mi asociación cuando yo les pida y que me den la subvención que necesito.

                Y después, que se aguanten si les llamo corruptos, chorizos y ladrones. Que para algo son la casta.

Cambios

No se apure, que esta columna no va a ser un sermón a favor de la monarquía o la república ni va a tratar sobre el tan cacareado derecho a decidir. Usted y yo sabemos que en estos momentos hay temas más importantes en los que centrarnos. Como el empleo.
Mucho se queja el personal, y con razón, de que no hay trabajo. De si el ayuntamiento o las instituciones hacen todo lo posible para crear empleo, de si los bancos abren el crédito para que los empresarios puedan desarrollar su labor con solvencia y así puedan contratar a más personas o de si  la reforma laboral es de verdad un aliciente para contratar o es una herramienta para cercenar los derechos de los trabajadores.
                En 1990 nuestro profesor de Geografía de BUP nos dijo algo que se ha acabado convirtiendo en una realidad para aquellos alumnos. Nos dijo que seríamos una generación que no tendría un único empleo en toda su vida, que la movilidad sería lo más habitual entre nosotros y que con toda seguridad algunos cambiaríamos incluso de sector en nuestra vida laboral. Y ha acabado siendo cierto. Por ello, cualquier reforma laboral que se haga, más que blindar los contratos indefinidos, debería propiciar la contratación y la protección por desempleo, facilitando esa movilidad. Piénselo bien: ¿Cuántos negocios o empresas conoce usted que tengan más de veinte años y se hayan mantenido igual en todo ese tiempo?
                Como muestra un botón. Mientras estos días miles de taxistas se manifiestan en las calles protestando por los servicios de compartir coches en internet y los taxistas piratas, las aplicaciones que dan ese servicio han multiplicado por miles sus usuarios. Resulta paradójico que la mayoría de la población haya conocido ese servicio y se disponga a usarlo a partir de las protestas del sector. Y es que sólo hay una forma de que las cosas no cambien, y es haciendo lo mismo que hemos hecho hasta ahora.
Por ello aplaudo todas aquellas iniciativas que intenten frenar esa sangría que ha venido siendo la cola del SERVEF y propongan alternativas. Pero creo que esta segunda parte es la que más se echa en  falta. Está muy bien constituirse en asociaciones, plataformas y mesas de desempleados, pero sólo con darle visibilidad y rostro poco vamos a conseguir. Me pregunto entonces cuántas cooperativas se han creado en Torrent desde que se inició la crisis, que es una de las mejores formas de crear empleo en estos momentos.
En este sentido, permítame que acabe comentándole la agradable sorpresa que me produce ver que un grupo de empresarios en Torrent ha lanzado una plataforma  para compartir redes y servicios, BNIGlobal, de modo que ponen su experiencia en cada uno de sus sectores al resto de empresarios. Sólo el tiempo nos dirá si esta iniciativa da su fruto, pero como decía antes, sólo cambiando nuestros roles y adaptándonos a los nuevos tiempos podemos evitar caer en los errores de siempre.
Que tengan suerte.

                

#25M Torrent

Oigan, hay que ser un genio para interpretar los resultados electorales de estas europeas en Torrent. Le estoy dando vueltas y no veo por dónde tirar, así que permítanme que les dé algunos apuntes que me parecen interesantes.
                El primero no puede ser otro que la irrupción en las urnas del fenómeno PODEMOS. Yo creí que su presencia sería testimonial, pero hay que reconocer que ha sido el gran protagonista de la noche del 25M. Casi tres mil votos le augurarían una presencia segura en el pleno del ayuntamiento con dos concejales. Ahí creo que es donde está la clave, si la omnipresencia  personalidad de Pablo Iglesias será capaz de atraer el mismo número de votos en unas locales, con un candidato torrentino, porque, según afirmó su intención es presentarse a las próximas elecciones.
                Otros triunfadores de la noche, en porcentaje de votos, son UPyD, EUPV y Compromís. Pero, permítanme que tenga mis reservas. EUPV y Compromís, con una presencia en nuestras calles desde hace varios años, habiendo tenido representación en  el ayuntamiento, al menos hasta hace un par de mandatos los de EU, y en el contexto de desafección actual hacia populares y socialistas, no han podido rascar de ese saco de votos de los desencantados para poder hacer una proyección importante en número de concejales en unas locales. EU se mantiene en unos números muy similares a las nacionales de 2011 y supera en un poco menos de un millar a las locales, en las que se ha quedado en puertas de obtener un concejal. La sangría de PODEMOS parece haberle dañado. En cuanto a los de Compromís, cierto es que las europeas nunca han sido su fuerte, pero se mantienen en un porcentaje similar a las locales y en un número de votos muy por debajo de su techo electoral.
                UPyD sigue siendo una gran incógnita para mí. Mantiene un número de votos muy parecido al de las nacionales, pero esos datos se desplomaron en las locales de 2011, con un cabeza de lista conocido y con experiencia política. Su presencia en la calle es testimonial y habrá que ver si es capaz de mantener esa expectativa dentro de doce meses.
                Y en cuanto al PP y al PSOE, poco hay que decir que no se haya dicho ya.  Entre los dos partidos nunca han dejado de sumar el 80% de los votos y en algunos comicios han superado el 90%. Ahora apenas rozan el 50%. Ahí está la clave. En saber por qué han perdido casi la mitad de sus apoyos;  en saber en qué medida esta pérdida ha ido a otras opciones (me gustaría saber dónde han ido los de los populares, porque el abanico se abre sólo por la izquierda) o si ha ido directamente a la abstención; en qué medida es un voto de castigo por las políticas de sus partidos a nivel nacional o en qué medida es que las agrupaciones locales de PP y PSOE han perdido el pulso de la calle.

                Nos espera un año muy interesante. Yo no me lo pierdo.

El cliente

Lo hemos leído en este mismo periódico, en su edición digital. Un cliente misterioso se hará pasar por un comprador más en algunos comercios de nuestra localidad durante los próximos meses para evaluar a los vendedores y sus negocios y así después poder indicarles cuáles son sus puntos a mejorar y exponerlos a sus propietarios, junto con novedosas técnicas comerciales. Lo hará sin previo aviso y así logrará una información de primera mano que luego se utilizará para mejorar la atención y la venta, que en un contexto como el actual, siempre viene bien.
                Confieso que el titular de la noticia me creó unas expectativas que no se cumplieron. Me estoy aficionando a los programas de telerrealidad  en los que el jefe de una gran empresa se infiltra en sus locales para evaluar a sus empleados, y analizar sus errores y carencias,  y por ello creí que se trataba de buscar las miserias de algunos negocios y colorearles la cara a algunos dependientes maleducados y agrios, que haberlos, haylos. Pero no se trata de esto, sino de hacer un análisis objetivo de algunos comercios. Mi gozo en un pozo.
                Sin embargo, fíjense, no estaría mal que se hiciera así de verdad. No sólo en los negocios y comercios de nuestra ciudad, sino también en cualquier situación en la que tratamos con una persona en nuestras gestiones diarias. En el bar donde tomamos nuestro cortado; en el ayuntamiento, para solicitar cualquier permiso o documentación; en el centro de salud, con nuestro médico, pediatra o enfermera; en el colegio de nuestros hijos, al reunirnos con su tutor a recoger las notas del trimestre; o con el técnico que viene a reparar el aire acondicionado o la lavadora. Que hubiera clientes y usuarios misteriosos que pudieran evaluar el servicio que nos ofrecen, de manera que nunca se supiera si se trata de un cliente o un usuario habitual o si se trata del que va de incógnito, como aquella leyenda urbana que afirmaba que el dueño de El Corte Inglés visitaba sus tiendas de incógnito para hacer sus compras y comprobar cómo se sentían os clientes en sus establecimientos.
                Además,  todos estamos en un lado y en el otro, porque en realidad todos, quien más y quien menos,  tratamos con personas también en nuestros trabajos. De esta manera, acabaríamos así de un plumazo con frases como "¡usted no sabe con quién está hablando!" o del estilo, porque exigiríamos que a todos nos tratasen como si se fuéramos el cliente más importante del mundo o, como dice el programa al que me refería, "el jefe inflitrado".
                Al final todo se resume en tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Y lamentablemente, en algunas ocasiones, no nos hemos sentido tratados así.

                Y no debería ser tan difícil, qué caray.

Calicanto

Allí he pasado gran parte de mi infancia. Veranos interminables repartidos entre piscinas, carreras de bicicletas, jornadas maratonianas de tenis, fútbol y baloncesto y excursiones a la montaña. Pero era en Pascua cuando el monte era nuestro segundo hogar. Desde primera hora salíamos a buscar un lugar donde comernos la mona por la tarde. Preparábamos el itinerario con cuidado y seleccionábamos el lugar donde merendaríamos. Después lo limpiábamos e incluso construíamos con ramas lo que considerábamos un refugio. Y esa tarde, pertrechados con nuestra mochila repleta de monas, longaniza de pascua, un bollo de chocolate y, en la mejor de las ocasiones,  una cantimplora con fanta de naranja, nos dirigíamos a nuestro destino como los grandes descubridores.
                A veces era necesario dar un pequeño rodeo para creer que habíamos avanzado algo más que unos metros, pero la imaginación infantil es así. Y una vez habíamos dado cumplida cuenta de nuestra merienda, lo cual ocurría en apenas unos minutos, teníamos que inventar algo para pasar la tarde. Podría ser organizar alguna expedición para encontrar algún tesoro, o desenterrar los huesos de lo que creíamos que era un dinosaurio o un animal extinto, pero que en realidad eran los restos de algún perro.
                Todas estas incursiones en la montaña tenían un límite. Lo que para nosotros era conocido como "el monte quemado", no hace falta explicar por qué. Aunque no recuerdo nítidamente el incendio que lo asoló, debería de ser hace más de treinta y cinco años. Esta zona se encontraba detrás de la loma que solíamos ocupar en nuestras correrías. Al alcanzarla se descubría un paisaje lunar repleto de cenizas, troncos calcinados y desolación. La contemplación de este infierno nos provocaba pavor y fascinación al mismo tiempo, por lo que no nos atrevíamos a adentrarnos en él, pero no podíamos dejar de ir a verlo.
                Con el paso de los años, nuestra querencia por el monte fue decreciendo, a la vez que crecía nuestra edad del pavo. Y cuando regresábamos a él, el monte quemado iba perdiendo su interés infantil conforme se iba repoblando, primero de matojos y pimpollos, y luego de frondosas pinadas. Hace unos años, el paisaje había cambiado tanto desde nuestras visitas de niños que costaba reconocer las antiguas sendas por las que caminábamos.
                Mi última visita fue la semana pasada. Iba con los niños, explicándoles dónde comíamos la mona, dónde organizábamos nuestras expediciones, dónde estaba cada cosa que me había fascinado de pequeño. Y con la promesa de volver a comer la mona esta semana, nos despedimos de la montaña.
                Ironías trágicas de la vida. Viendo las imágenes del incendio y según he podido observar por mí mismo, lo que en su día fue el monte quemado de nuestra niñez ha vuelto a recuperar su nombre. Volveré a visitarlo cuando pueda, volveré a contemplar el espectáculo horrendo de la naturaleza. Volveré a mi niñez y volveré a asombrarme ante la desolación y las cenizas.

                Y la vida y la naturaleza volverán a abrirse camino.

16 de abril de 2014

El Divino



Ha llegado hasta mis manos el libro conmemorativo que, con motivo de su XXV aniversario, ha publicado la Hermandad del Divino Costado de Cristo. Si pueden hacerse con uno, no se lo pierdan. En él se explica cómo un grupo de jóvenes, algunos incluso menores de edad, superando toda clase de adversidades y dificultades, fueron capaces de fundar una hermandad de Semana Santa, después de casi treinta años sin fundarse ninguna, y consolidarse como un referente en nuestra localidad. Hoy la mayoría de esos jóvenes llevan a sus propios hijos a la hermandad  y es envidiable el espíritu por renovarse y formarse para vivir estos días tan importantes para los que somos cristianos.
                Pero más allá de los avatares que tuvieron que sortear para dar sus primeros pasos, como la incomprensión y el rechazo de algunos, las dificultades para poder sacar la imagen del Cristo a la calle o los errores propios de la edad, permítanme que me quede con un detalle que no puede pasar desapercibido: que un grupo de personas, independientemente de su edad o formación, pueden organizarse y llevar un proyecto adelante si les une la ilusión y el tesón. Y eso, a la Hermandad del Divino, les sobra.
                Ahí es donde quiero poner el acento: A lo que se viene llamando sociedad civil en los últimos meses, y que no es más que la voluntad de un grupo de personas, provengan del ámbito del que provengan, para  sacar adelante sus iniciativas sin esperar a que las instituciones las autoricen y aprueben en forma de subvenciones, palmaditas en la espalda o estructuras burocráticas.
                Y es que estamos demasiado acostumbrados a esto último. A  esperar que las instituciones solucionen nuestros problemas y nos organicen hasta el último aspecto de nuestras vidas. A que tengan con nosotros una actitud paternalista, que bendigan aquello que aceptan como válido. Y no es así. Si algo de bueno está teniendo sufrir esta crisis, es para que nos demos cuenta del potencial que tenemos entre nosotros, sin depender de nadie. Realidades como la Hermandad del Divino de Cristo, y en general, tantas hermandades como hay en nuestro pueblo lo demuestran, del mismo modo que lo hace el tejido asociativo de Torrent.
                Hoy esta hermandad cumple veinticinco años y algunos le auguraron poco o ningún futuro. El Torrent del siglo XXI, el que usted y yo conocemos, está plagado de personas y situaciones que hicieron caso omiso a aquellas personas e instituciones que no supieron ver el potencial que había ahí y que se escudaron en el "sempre s'ha fet així" o en el "això no cal", pero que continuaron adelante y contribuyeron a que hoy vivamos en esta ciudad.
                A todos ellos les debemos un homenaje. ¡Salud!
               

13 de abril de 2014

Superman



Dice el Papa Francisco que le parece ofensivo que le consideren una especie de Superman, y no puedo estar más de acuerdo. Desde muchos medios se le está retratando como un salvador de la Iglesia, como si los anteriores papas hubieran sido poco menos que el demonio y me parece que hay algo de malvado en esas caracterizaciones de Francisco. Hace unas semanas, un conocido músico latinoamericano participaba en un programa de la televisión. Se consideraba un hombre profundamente piadoso. Reafirmaba su gran devoción por la Virgen María e insistía en que los hombres debemos amarnos por encima de todas las cosas. Se le preguntó por Francisco y contestó que le agradaba mucho su mensaje, a lo que apostillaba que era mejor que el anterior, "que se parecía al malo de la Guerra de las Galaxias". Me dejó perplejo cómo podía haber tanta contradicción en sus palabras y sobre todo cómo se podía despreciar de aquella manera a un pontífice cuya primera encíclica, a pesar de habérsele colgado el sambenito de ser un papa inquisidor, estaba dedicada al amor.
                Es estupendo que el mundo haya recibido con alborozo a Francisco. Estos últimos días el mismo presidente de los Estados Unidos salía impresionado de su encuentro privado con él. Creo que debemos aprovechar ese tirón mediático para demostrar a la sociedad cuánto de bien ofrece la Iglesia; para demostrar que la Iglesia, lejos de ser un lugar de reproche y condena, es una casa de amor y perdón y que se basa más en la parábola del hijo pródigo que en la máxima del ojo por ojo y diente por diente.
                Pero tengamos cuidado con aquellos que hacen como la zorra de la famosa fábula, ya saben, aquella que le decía al cuervo lo bonito que era hasta que le pudo robar el queso. El Papa Francisco es genial, sí. Pero no es Superman y ni ganas de que lo sea.
                Solo espero que aquellos que lo proponen como Premio Nobel de la Paz desistan de su intento. Más que nada por la nómina de personas que lo han ganado hasta ahora.  Dios nos libre.

Parece tan fácil



Una de las personas más sensatas que he conocido en mi vida era el conductor del autobús que nos llevaba a mí y a mis alumnos de secundaria de viaje de fin de curso hace unos años . Era un hombre sencillo y  bastante prudente, pero socarrón cuando la ocasión lo requería. Congeniaba bien con los chavales y era bastante flexible con las situaciones que el hecho de viajar con adolescentes requería. De manera que, conforme pasaban los días, fuimos compartiendo un poco nuestras experiencias.
                En una de esas conversaciones me contó que había estado llevando en autobús a un nutrido grupo de mujeres de una asociación católica que, dentro del autocar, rezaban el rosario y se encomendaban a todos los santos  y a todas las advocaciones marianas en sus cantos, pero al bajar del mismo se callaban y se camuflaban entre el resto de turistas. Al hacerles ver  este detalle a las mujeres, éstas se excusaban diciendo que era muy difícil dar testimonio de la Iglesia de puertas para afuera, a lo cual él les respondió que si de verdad creían en lo que creían, debería darles igual lo que pensaran los demás. Como me quedé pensando en aquello, él dejó pasar unos días y a punto de acabar el viaje me soltó: "¡Te ha gustado eso que te dije, eh!,  ¡si tú eres católico, tienes que salir ahí fuera y demostrarlo, no te avergüences!". Y ahí me dejó, perplejo, sin saber qué decirle.
                Confieso que pienso mucho en aquella frase, especialmente cuando me planteo cómo tenemos los cristianos que comportarnos ante el mundo que nos rodea. Lo he pensado mucho estas últimas semanas, ante diferentes circunstancias.  Y en eso que cae en mis manos la última exhortación del Papa, cuyas primeras palabras son : "La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento."
                Jo, parece tan fácil…