11 de octubre de 2013

¡Gracias!

De todas las palabras y mensajes de ánimo que hemos recibido estos días con motivo de la muerte de mi padre, creo que pocas resumen mejor lo que él ha sido como las que le dedicó la alcaldesa en el pleno extraordinario del pasado lunes, "no feia falta un pont que unira Alaquàs i Torrent, perquè Juan era el pont". Porque, si bien es normal hablar de manera elogiosa de una persona que acaba de fallecer, no es menos cierto que en nuestra familia estamos abrumados por la avalancha de sincero cariño que hemos recibido por parte de todos aquellos que han compartido con él algún momento de su vida. Todas ellas destacaban esa labor
desinteresada por los demás y ese ánimo que siempre le movía por acercar posturas, "les persones estan per damunt de les sigles, Arturet", solía decirme cuando comentábamos algún pleno.
                Hasta mi casa, incluso antes de que se dedicase a la política, solían llegar muchas personas -amigos, familiares o vecinos - en busca de algún tipo de ayuda que les pudiese prestar mi padre. Allí venía un vecino a que le echase una mano con la declaración de la renta, antes de que hubiese programas informáticos que simplificaban la faena; otro día era alguien que necesitaba que le ayudase con unas gestiones para viajar al extranjero para adoptar a un niño; en otra ocasión era un amigo con una situación familiar muy comprometida el que llamaba a casa a horas intempestivas y mi padre no dudaba en coger el coche e ir a socorrerle. Mi casa se convertía muchas veces en improvisado despacho donde mi padre intentaba dar respuesta a los problemas de las personas que se acercaban pidiéndole ayuda. Y siempre con la máxima evangélica del "ciento por uno" y con un principio inquebrantable: hay que mantener a la familia unida, el "clan", como él solía decir de manera irónica. Por ello, creo que estará muy contento, porque murió rodeado de los suyos: su mujer, sus hijos, sus nueras, sus hermanas y cuñados y todos sus sobrinos.               
                Todas las personas que hasta nosotros se han acercado para mostrarnos sus condolencias han destacado siempre su actitud de servicio ejemplar a los demás. Pocas horas antes de morir, aún quiso llamar a un compañero del ayuntamiento para interesarse por algún tema del ayuntamiento. Y es que, como bien dijo mi hermano en las palabras de agradecimiento que en nuestro nombre dijo en el pleno extraordinario, para nosotros supone un gran orgullo haber tenido un padre así, pero sobre todo, una gran responsabilidad para estar a la altura y que nuestros hijos puedan llegar a sentir, por lo menos, el mismo orgullo que sentimos todos por él.
                 Siempre es duro perder al marido, al padre, al hermano o al amigo. Nosotros, que somos una familia de profundas convicciones religiosas, sabemos que en estos momentos de tribulación no estamos solos, sino que Dios nos acompaña, pero no podemos dejar de dar gracias a tantas y tantas personas que se han hecho presentes a nuestro lado.
                A todos, de verdad, muchas, muchas gracias.


Marca Torrent

No sé si usted, que hace el favor de leerme, recuerda los temas de los que hemos ido hablando. Hace algunos años, en esta misma publicación, lamentaba la ausencia de referentes intelectuales en nuestra ciudad, al estilo de  Fuster en Sueca o Estellés en Burjassot, por poner un ejemplo. No es que entre nuestros vecinos no hubiera destacados profesionales en sus respectivos sectores, que los hay. Sin embargo echaba en falta yo uno de esos nombres que se asocian a la localidad como tantos y tantos tópicos. Por eso valoré mucho la creación de los premios Carta Pobla de Torrent. Porque nos debe hacer sentir orgullosos que entre nosotros haya destacados empresarios, científicos, humanistas o simplemente personas que hacen de nuestra población algo más grande. Ya iba siendo hora de que reconociésemos a alguien más que a un futbolista -que está muy bien, oiga- pero que hay más sitios donde buscar.
                En nuestra ciudad, que cuenta con más de ochenta mil habitantes hay eminentes médicos - una de las principales clínicas oftalmológicas de España fue fundada por un torrentino- arquitectos, ingenieros, catedráticos universitarios o incluso políticos. Nombres que seguro que a usted le vienen a la memoria sin hacer un gran esfuerzo. Pero si, además, alguien nos dice que entre nuestros jóvenes hay nombres que comienzan a hacerse un hueco en alguna de esas disciplinas, uno no puede dejar de congratularse.
                Y entre esas personas descubro en el BIM con gran alegría las figuras de nuestros vecinos Octavio Romero Ferraro y Sacramento Rodríguez Ferrón, que han sido premiados por su labor científica. Octavio ha sido galardonado con un Premio Nacional de Investigación Cooperativa en Oncología y Sacramento con Premio Nacional de Neurología. No sé ustedes, pero que levante la mano quien crea, por joven que sea ahora, que en el futuro no va a verse afectado por el cáncer o por alguna enfermedad neurológica, como el alzhéimer. Particularmente a mí me reconforta saber que en este momento hay alguien investigando cómo curar una enfermedad que podría padecer yo o los míos dentro de algunos años.                
                Creo que deberíamos hacer un esfuerzo por reconocer la labor de aquellos vecinos que desempeñan con éxito su trabajo en cualquier ámbito, especialmente la de los más jóvenes. Entre ellos hay cantautores que llevan su guitarra a programas de radio y circuitos musicales, como Juanjo Pérez; gestores culturales de reconocido prestigio en toda Europa, como Agustín Pérez; autores de literatura juvenil en ciernes, como Marc Fresquet y tantos y tantos nombres que debiéramos reconocer y proteger para que puedan poner el nombre de Torrent en el mapa. Y para que cuando su éxito traspase fronteras, podamos afirmar con orgullo que son torrentinos.

                Para que hagan marca Torrent. Que eso está muy de moda.

Tres velocidades

Es muy difícil hablar de algunas zonas de Torrent sin caer en la demagogia. Con facilidad se califica a algunos barrios en función de la procedencia de la mayoría de sus vecinos, la lengua que hablan, el partido que suele ganar en esa demarcación o la conflictividad que presentan sus calles. Frecuentemente se divide a nuestros barrios en “xurros” o “del poble”, zonas rojas o fachas (esto es muy recurrente en las noches electorales al recibir los resultados de los colegios electorales), barrios beatos y toda clase de estupideces varias. Todos lo hemos hecho y quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra.
                En mis clases –trabajo en un centro en Alaquàs–  muchos de mis alumnos adolescentes  suelen referirse a este último apartado en uno de esos barrios. La mayor parte por ignorancia,  puesto que casi ninguno de ellos lo ha visitado en su vida, y solo hablan de “una vez pasé en coche a toda velocidad y …” o “a un amigo del primo de mi vecino le pasó que…”,  pero eso es harina de otro costal.
El caso es que a poco que uno los conozca se da cuenta que esas divisiones son producto de los prejuicios y poco tienen que ver con la realidad. Y esos prejuicios encuentran un filón en el barrio del Xenillet. Es nombrarlo y automáticamente se encienden las alarmas de los prejuicios: delincuencia, drogadicción, inseguridad… No les diré que haya hecho un sesudo análisis sociológico de su situación actual de esta zona de Torrent,  pero no hace falta ser un lince para darse cuenta de que merece una atención prioritaria por parte de las instituciones. 
                Por eso me llama poderosamente la atención que el todavía portavoz del principal partido de la oposición critique el trato que le dispensa el ayuntamiento a este barrio. Partamos de la premisa de que siempre hay cosas que mejorar y que revertir una situación complicada en pocos meses es una cuestión imposible. Seguro que hay aspectos que se pueden hacer mejor y partidas que podrían incrementarse en el presupuesto. Pero, claro, uno no puede olvidar de dónde venimos y qué se ha hecho en los últimos años.
                Seguro que usted recuerda cómo hace unos diez años la ciudad cambió de manera espectacular. Seguro que recuerda la urbanización del Parc Central o la parte alta de la Avenida, la construcción la Ciutat de l’Esport o  el edificio del metro. Corríjanme si me equivoco, pero creo que todas estas actuaciones quedan bastante lejos del Xenillet. Ignoro cuánto dinero presupuestó el gobierno municipal en aquella época en este barrio. No olvidemos que eran años de bonanza económica y que los presupuestos municipales crecían vertiginosamente a golpe de ladrillo. Seguro que trabajaron por este barrio lo mejor que pudieron y con la mejor voluntad durante veintiocho años, pero las imágenes hablan por sí solas. Y que entonces hablar de barrios o guettos, de zonas de primera o de segunda, o de Torrent de varias velocidades era una estupidez.

                Supongo que el portavoz socialista vivía en Torrent en aquella época y también lo recuerda. O a lo mejor también en esto habla de oído.

Y eso sí que no

Si usted tiene la imperiosa necesidad de encontrarme el día 7 de julio de cualquier año, no lo haga en Pamplona. Y no será porque no me gusta la capital navarra, que me encanta. Visitar su casco viejo, callejear por las calles del encierro o comer unos buenos pintxos en sus bares es algo que hacer cualquier momento del año, excepto en la segunda semana de julio. Del mismo modo, si en una hipotética situación que se diera lugar el último miércoles de agosto, usted necesitara encontrarme, no me busque en Buñol. Y no porque tenga nada en contra de esta población, más bien al contrario. Cada vez que piso sus calles recuerdo los inolvidables campamentos en Venta-Mina y la excursión que hacíamos a Buñol.  Pero no lo haré ese día.
                Seguro que usted ya se ha dado cuenta de que no huyo de estas dos ciudades, sino de dos de las fiestas más internacionales que tenemos en nuestro país. Cuando veo las imágenes de las aglomeraciones, los desmayos o los tumultos en los sanfermines me echo a temblar y me apiado de los pamplonicas. Me apiado de sus calles, de sus fachadas, de sus jardines y de sus plazas ocupadas por miles de personas con sus correspondientes orines, vómitos y paremos aquí de contar. No sé si yo como vecino lo toleraría. Poco más o menos me ocurre lo mismo con Buñol el día de la tomatina. Cuando el zumo de tomate ya ha enrojecido a la población y sacan las mangueras los servicios de limpieza no puedo dejar de pensar en el pobre vecino que maldice la fiesta y la ocurrencia que tuvieron aquellos pioneros de lanzarse tomates porque sí.
                Y algo así me ocurrió hace una semana al salir a hacer la compra por la mañana, después de una de las verbenas que se habían celebrado en la plaza. El esfuerzo ímprobo de los operarios de la brigada de limpieza era en vano al encontrarse con rincones de nuestro casco histórico repletos de vómitos, meadas, cascos de botellas y restos de vasos y cubalitros. Una imagen lamentable que dice muy poco de nuestro pueblo y que soliviantaba a los vecinos que lo sufrían en su puerta. Soy consciente de que los organizadores de las fiestas de moros y cristianos intentan que esto no ocurra, pero creo que conviene que estudiemos bien qué personas están participando en algunas de las verbenas que se organizan. No seré yo quien diga que la gente joven es la culpable, porque todos hemos sido jóvenes y hemos hecho lo que hemos podido. Pero ver hordas de personas haciendo botellón en los aledaños de la plaza no ayuda mucho a difundir nuestra marca de gran ciudad, ahora que se ha puesto de moda el término.
                Las fiestas de moros y cristianos han ayudado a recuperar las fiestas patronales de nuestra ciudad y han supuesto un auténtico empujón económico a la hostelería torrentina en un mes en que las cajas solían criar telarañas. Es por eso que hay que protegerlas. Pero, justamente porque debemos protegerlas, deberíamos evitar estos excesos impropios de una gran ciudad. Si no, corremos el serio riesgo de quedarnos si fiestas patronales.
                Y lo que es peor. Volverá a venir Regina Dos Santos a la Plaza de los juzgados.

Y eso sí que no.

Burger King



El otro día pasé por las Américas y me fijé en que ha cerrado Burger King. Lo cierto es que he pasado muchas veces en los últimos meses y no me había percatado hasta ahora. Recuerdo cuando lo inauguraron. Como éramos unos chavales nos alucinaba tener la famosa hamburguesería en nuestra población. Corrió el rumor, no sé si fundado o no, de que se trataba del segundo establecimiento más grande de esta cadena en Europa, lo cual acrecentaba nuestro orgullo local por contar en nuestras calles con ese negocio de comida rápida. Claro que por aquel entonces no estábamos tan preocupados por el colesterol, la obesidad infantil y los triglicéridos. Luego vendría el Mc Donald’s de El Molí y del Toll y el Burger del Parc Central, pero lo hicieron para certificar la muerte del de Las Américas.
                La verdad es que debía de tratarse del local que más tiempo ha permanecido abierto ininterrumpidamente en Las Américas en todos estos años. Actualmente pasear por el interior de este centro comercial es lo más parecido, en alguna de sus zonas, a hacerlo por los decorados de una de estas series de zombies que arrasan ahora en televisión: locales cerrados y carteles de antiguos establecimientos anunciando viejas ofertas y productos que ya no existen. Y qué me dicen del centro de seguridad, otrora lleno de monitores de vigilancia y guardias jurados y ahora lleno de telarañas. Como dice Sabina, sentimos al verlo nostalgia de lo que no pasó.
                Bien mirado, hay algo de misterioso en los centros comerciales de Torrent. Siento decirlo, pero es cierto. Las Américas nunca acabó de cuajar. Bien porque se trataba en su mayoría de locales que ya podíamos encontrar en Torrent y por los que no valía la pena cruzar el pueblo cuando podías comprar lo mismo bajo de casa, bien porque ninguna tienda tenía el suficiente poder de atracción como para motivarte el ir hasta allí. La nueva zona de El Toll-L’Alberca tampoco acaba de despegar. La parte donde estaban la tienda de electrodomésticos, dos supermercados y la juguetería agoniza entre carteles de Se Alquila. La zona de  Consum y Decathlon malvive como puede. Algunas malas lenguas afirman que la famosa tienda de deportes acabará cerrando en unos meses. Sólo el supermercado valenciano sobrevive, curiosamente, igual que le ocurre a Mercadona en Las Américas. Y la zona que se proyectó en Parc Central, Atrium, quedó en agua de borrajas, no sé si a expensas de que la economía mejore o por algún otro motivo.
                Ignoro cuál es la razón por la cual estos centros comerciales no funcionan. En otras poblaciones sí han funcionado, con bastante éxito.  En Aldaia lo ha hecho. Habrá quien diga que mejor, puesto que las grandes superficies acaban con el comercio local, pero lo cierto es que albergo serias dudas de que eso sea así. En la Avenida se han abierto dos franquicias de ropa infantil y juvenil en los últimos años y los comercios de alrededor no han cerrado. Creo que la sana competencia puede ayudar a todos a crecer. A más oferta, mayor afluencia de público, mejores precios y más empleo.
Al menos eso espero.