13 de mayo de 2013

Con el debido respeto

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Si le soy sincero, no vi el famoso programa de Salvados sobre el accidente de  metro. No me gusta la forma que tiene de contar los hechos su presentador, porque normalmente pretende armar follón. Sin embargo, sí que he seguido la polémica que ha suscitado su emisión en los días siguientes y, a decir verdad, los hechos que ahí se denunciaban ya habían sido publicados en prensa durante los últimos meses o años, especialmente en El Mundo o en el Levante, por lo que me llama la atención la polémica. ¿Por qué se presta atención ahora y antes no?
Entiendo perfectamente que el colectivo de víctimas de la asociación se pueda sentir ninguneado o engañado por la Generalitat y que quieran esclarecer la verdad de los hechos si consideran que la Justicia no ha investigado de la manera que el suceso lo merece. Es más, creo que es una cuestión que no sólo deberían defender las víctimas y sus allegados, sino toda persona de sentido común. Y más aún si salen a la luz actitudes o comportamientos que rayan en la inmoralidad más grave o en la irresponsabilidad más inhumana.
Ahora bien, Torrent no deja de ser un pueblo y aquí nos conocemos todos. En el último pleno se lanzaron acusaciones, a mi juicio, muy graves contra Santiago Miquel. Acusaciones que, por cierto, ya se lanzaron en el pasado, y que él siempre se ha encargado de desmentir categóricamente. Conozco bien a Santi -también lo conoce bien el portavoz de Compromís per Torrent-. Es una persona íntegra, de unos valores humanos muy por encima de las acusaciones que sobre él se vierten. Sé que lo pasó muy mal aquellos días y en la medida de sus posibilidades quiso estar al lado de las familias y arroparlas, a pesar de tener que escuchar el reproche de quien ha perdido a su mujer, a su padre o a un hijo. No puede –no  es justo–, pagar él por la indolencia de un presidente de la Generalitat que no quiso saber nada de Torrent aquellos días; ni por las maniobras evasivas de Metrovalencia en la comisión de investigación; ni por la dejación de funciones de quienes tuvieran responsabilidad en aquel momento.
Por eso mismo, creo que aquí el gobierno local y la oposición deberían ir de la mano para no reabrir heridas que, a la vista de sus denuncias, aún no se han llegado a cerrar. No nos dejemos llevar por la irracionalidad ni por el rédito político que se pueda obtener. A ojos de la ciudadanía, los políticos ya están demasiado mal vistos como para enzarzarse ahora en polémicas, algunas del todo estériles e infundadas, en lugar de buscar puntos de unión.
Presentar mociones o exigir plenos que tienen como objetivo desacreditar a la bancada de enfrente sólo sirve para armar follón y dividir a la población. Y creo que eso es lo último que necesitamos ahora.
Con el debido respeto.

2 de mayo de 2013

Torrent "B"



Una maestra amiga mía me comenta que anda preocupada por la familia de uno de sus alumnos. Trabaja en un colegio público que destaca por su labor por la integración de todos los niños y por promocionarlos en esta sociedad, una labor que se antoja bastante complicada a tenor de la situación que estamos viviendo.
Pongamos –los datos los he cambiado –  que se trata de una niña que vive con sus abuelos. La niña no conoce a su padre y su madre hace tiempo que no da señales de vida. Los abuelos apenas han sabido rellenar por escrito un documento con los datos de la niña. Irónicamente ni  siquiera han sabido escribir la dirección del domicilio familiar y en su lugar han escrito escuetamente el nombre del barrio en el que viven. Por no saber, no han sabido ni poner el número de su teléfono y en la casilla correspondiente habían escrito la marca del terminal. Lamentablemente, me dice, hay muchos niños así. Son de aquí y de allá. A veces son varios los hermanos que solo comparten el segundo apellido y que llegan en un estado lamentable al colegio. Cuando pasan a Secundaria, se les pierde la pista, pero la mayor parte de las veces acaban abandonando los estudios al cumplir quince o dieciséis años. Y entonces, pasan a engrosar las estadísticas de ese infausto grupo al que llamamos “Ni-ni”.
Enciendo la televisión y veo los anuncios en los que salen familias: Un padre juega con sus hijos al salir del colegio. Les da a cada uno un huevo de chocolate con sorpresa. Después llega la madre y los ducha amorosamente con un gel que huele a fresas. Les lavan la ropa con un detergente que ya usaban sus abuelas. La semana que viene se van a Eurodisney a conocer al ratón Mickey y al pato Donald. Pero antes, han comprado la última película de animación en 3D y para verla en casa han llamado a una conocida cadena de reparto de pizzas a domicilio.
Comienza a darme la sensación de que vivimos en dos pueblos diferentes. Y no me refiero a la dualidad Torrent/Torrente tan de mal gusto. Me refiero a un Torrent A, que juega en primera división, y un Torrent B, que no es que juegue en segunda, es que directamente no tienen ni balón. Así que apago la televisión y me conecto a Internet.
 Leo en twitter que una asociación que trabaja por los jóvenes en Torrent ha llevado a un grupo de chavales al cine. Uno de los monitores que ha ido con los muchachos cuenta que para alguno de ellos era la primera vez que iban al cine, pese a ser ya adolescentes. Después, en un portal inmobiliario,  veo que una entidad bancaria tiene un piso a la venta en el barrio de los abuelos de la niña con la que iniciaba el artículo.
Piden 8.000 euros, pero creo que son negociables.