28 de abril de 2013

Sentido del humor


Me considero una persona con un agudo sentido del humor. Sin embargo, acabo resultando bastante pacato, porque me cuesta mucho pronunciarme en público  de una manera rotunda o provocadora. Ya no sé si es una cuestión de pudor o de prudencia. Eso no es óbice, sin embargo, para que me pueda reír o pueda llegar a aplaudir algunas muestras de ese humor tan socarrón nuestro.  Un pueblo que es capaz de ser crítico consigo mismo es un pueblo inteligente.
                En los últimos días, me ha llamado la atención una nota de prensa remitida por Compromís Jove, en la que se lamentaba de la respuesta (sic) que había tenido el hecho de colgar un retrato del rey boca abajo en el consultorio del Vedat. Y es que ignoraba que ese hecho se hubiera producido, que se hubiera dado a conocer y que alguien hubiera respondido de alguna manera en lugar de “centrar-se en els problemes reals de la gent i a no obsessionar-se a silenciar les legítimes formes de protesta”, como reza su comunicado. Me da la impresión de que aquí se había cocinado la acción y la respuesta de manera previa, sin esperar a ver cómo acababa la provocación, y que les había salido el tiro por la culata, al obtener un resultado tan poco mediático.
                En cualquier caso, este hecho, el de poner boca abajo el retrato del rey, como el de Felipe V en Xàtiva, es muy de Compromís. Es un detalle muy oltriano o grezziano –de Giussepe Grezzi, el ínclito asesor de la coalición ¿nacionalista? en el ayuntamiento de Valencia y el nuevo “azote” de Rita Barberá, tal y como ilustran sus camisetas –, pero con mucha menos repercusión y eco que aquellos. A mí, personalmente, todo esto ni me molesta ni me acaba de agradar. Cada cual se expresa como quiere y hay formas que me parecen más útiles a la hora de protestar. Dudo mucho que la Casa Real se haya tambaleado con esa anécdota. Están en otras cosas, creo yo.
                El sentido del humor, sin embargo, es algo muy particular y cada uno lo entiende de una manera. Hace unos años, me afearon en el blog que escribo que hiciese chanza con  un miembro del PNV por su desdén por la selección española. Escribí  “ké kosas tiene Urkullu”. Se me decía que debía respetar las señas de identidad de los vascos. Parece ser que mi sentido del humor no era apropiado para según qué personas.
                Qué curioso. Debemos aceptar “sátira” cuando su humorista de cabecera hace monólogos en los que el anterior Cardenal de Valencia abusa de un monaguillo; o cuando sus políticos ironizan sobre  la Semana Santa Marinera relacionándola con el Ku-Klux-Klan. Y si no nos gusta o nos parece inapropiado, es que no tenemos sentido del humor.
                Bueno. Algunos lo califican de falta de sentido del humor. A mí, en cambio, me han enseñado que es una falta de respeto.