26 de enero de 2013

Estado de la ciudad

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Seguro que usted ya lo ha leído en este mismo medio: Tendremos un debate sobre el estado de la ciudad. ¡Claro! No podíamos ser menos que el Estado, y si Rajoy y Rubalcaba se retarán en el Congreso en los próximos meses, nuestros concejales debatirán acerca del estado de nuestro querido Torrent en el pleno del ayuntamiento.

    Parece ser que la petición ha venido de parte del partido más trabajador de la oposición –el BLOC– a la que se han sumado los socialistas, en un nuevo ejercicio de oportunismo político. Parece ser también que la consideración de gran ciudad, y la nuestra lo es, lo recoge en su reglamento. Pero lo que parece ser es que aquí hay que apuntarse a un bombardeo y no ser menos que nadie.

    Porque me pregunto yo si la política de Torrent tiene tantas cuestiones y recovecos que merecen un pleno monográfico dedicado al estado de la ciudad. Me pregunto entonces qué hacen nuestros concejales en los plenos ordinarios, si hablarán de la física cuántica, del peso atómico del wolframio o de la mortalidad del canguro. Y es entonces cuando me planteo si de lo que se trata no es de llenar páginas y páginas de prensa, con rimbombantes titulares, notas remitidas y grandilocuentes frases que oculten nuestra decepcionante clase política local. Si es eso, ahórrense la faena, porque les aseguro que antes de celebrarse ese pleno, ya tienen preparadas las notas de prensa destacando lo que trabajan por nuestro pueblo.

 Aunque a lo mejor se trata de ir pareciéndose a un estado en miniatura. No, no se rían, que algunos de los que se sientan en ese pleno aún sueñan con llegar al hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, imagínense si la capacidad de soñar es ilimitada. En ese caso, pues, lancemos nuevas propuestas descabelladas para ser debatidas en el pleno. Por ejemplo, podríamos votar si solicitamos organización de unos Juegos Olímpicos. Torrent 2020, no vamos a ser menos que ciudades como Barcelona, Londres o Pekín. Ya puestos podríamos debatir si seguimos perteneciendo al sistema métrico decimal o si conducimos por la izquierda, como los británicos. O mejor, arriesguémonos de verdad y planteemos una consulta soberanista en nuestro pueblo: Torrent, califat independent. Ya me imagino la Avenida llena de miles de torrentinos reclamando nuestra independencia al grito de “L’horta ens roba”. 
  
  Tendríamos ejército propio y nuestra defensa no sería difícil, porque la orografía de nuestro término la facilita, al estar rodeada de barrancos por el flanco norte. También acuñaríamos nuestra propia moneda y podríamos participar en competiciones internacionales de fútbol, porque tenemos jugadores en Primera División.
  
  Esperen, esperen, que esto va camino de convertirse en una idea estúpida. Lo que no sé es cuándo empezó a serlo.

17 de enero de 2013

Ya vienen los reyes

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Disculpe que me ponga pesado con este tema, porque creo que llegadas las primeras fechas de enero siempre escribo sobre lo mismo, pero es que la cabalgata de Reyes saca lo peor que hay en mí. Todo el candor y la bondad que hemos predicado en los días de Navidad se torna en ira y misantropía cuando mis zapatos pisan la avenida al paso de Sus Majestades.
    En primer lugar, me pregunto yo si es necesario que en la cabalgata se repartan caramelos y regalos. Alguien debería saber que el motivo por el que los padres, y en general los adultos, acudimos a verla es por la ilusión que nos transmiten y contagian nuestros hijos por ver a Melchor, Gaspar y Baltasar. Ignoro cuál es el porcentaje de niños que acuden para poder conseguir algún caramelo o alguna pistolita de plástico, supongo que debe reducirse a menos del uno por ciento. Si se trata del baloncito de los veinte duros, igual el porcentaje sube a la friolera del dos por ciento. Me da a mí que la verdadera motivación de los pequeños de la casa consiste en poder reclamarle a los reyes los regalos que les han pedido en su carta. Fíjense que raros son los niños que van a la cabalgata a ver a los reyes.

    Por este motivo me planteo si es preciso que se lancen esos caramelos, además bien duros, a unas velocidades y con una potencia descalabrante. Paradójicamente, después de esperar más de una hora, al pasar Melchor, mis hijos tuvieron que apartarse o directamente ser protegidos por mi espalda.

    Y en segundo lugar, mi ira aumenta de forma exponencial con las personas que iban detrás de las carrozas para rapiñar esos caramelos o esas pelotitas que se lanzaban, a pesar de los ímprobos esfuerzos de la Protección Civil – a ver cuándo les reconocemos de verdad la labor que realizan porque sin ellos actos como el de la tarde del cinco son imposibles de llevar a cabo- que intentaban en vano evitar que hubiese algún accidente, como lamentablemente ha ocurrido en Málaga.

    No me vengan con que esas aglomeraciones en torno a las carrozas son porque para algunos de ellos son los únicos reyes que podrían proporcionarles a sus hijos. Miren, eso es mentira. Afortunadamente hay cientos de iniciativas solidarias en Torrent para que Sus Majestades lleguen hasta todos los domicilios. Tantas, que incluso provocan la tradicional picaresca, pero ése será otro tema que trataremos otro día. Por lo que esa gente está ahí de más, y pone en serio peligro la integridad de los niños que están asistiendo al acto.

  ¿O también esperaremos a que haya un accidente para darnos cuenta de que eso es un error?

11 de enero de 2013

La lotería

(Publicado en La Opinión de Torrent)
Lo de la lotería es un fenómeno digno de estudio. Es un círculo vicioso que comienza al mediodía del 22 de diciembre del año anterior, en el que maldecimos la cantidad jugada y lo escaso del premio obtenido que en la mejor de las veces supone una quinta o una sexta parte de lo jugado. A partir de ahí se suceden las imágenes por televisión de los pueblos y ciudades que han resultado agraciados con el gordo y el rencor va en aumento, mentando a los afortunados y los “agujeros” que van a ir poder tapando, mientras nuestra vida cada vez se parece más a un queso gruyer. Es ahí, justo ahí, en ese momento cuando juramos bajo la sombra de un pino de la Avenida, cual Escarlata O’Hara, que nunca más volveremos a jugar a la lotería.
       Pero nuestra memoria flaquea, y, pese a habérnoslo prometido, las papeletas se nos van ofreciendo. Primero es alguna participación que se reparte en el trabajo, y caemos, porque no vaya a ser que le toque a Peláez, con lo gordo que nos cae, y a nosotros no. Más tarde es la del club de fútbol de nuestro sobrino y claro, cómo no vamos a fomentar el deporte; a continuación es la de la falla de la vecina, que con la crisis ha bajado de categoría y hay que buscar el primer premio; y después la hermandad de Semana Santa, la asociación de amigos de los gatos, la banda de música, el viaje de fin de curso de los del instituto, los clavarios de San Cucufato… y cuando te das cuenta has vuelto a caer: Has llegado a comprar papeletas de entidades que ignorabas que existen.
    El colofón de esta estudiada operación de marketing lo suscribe el diario La Opinión, cuando nos vuelve a machacar con la maldita estadística: Nunca ha tocado el gordo en Torrent, a pesar de las ingentes cantidades de euros que jugamos. Y ahí es donde más nos duele. No puede tocar en Paiporta y en Torrent no.
    He leído que algunos números se vendieron en un terminal de la calle San Valeriano, pero esos no valen. La lotería de verdad es la que se vende en ventanilla, no la que se imprime en el ordenador de la administración. Y tienen que ser muchos décimos, que se distribuyen en papeletas por alguna asociación. Para que cuando vengan las televisiones salgan muchos vecinos diciendo que “está muy repartido” y que “le ha tocado a gente del barrio muy necesitada”, aunque sea mentira. De esta manera podremos averiguar si las imágenes de los informativos que maldecimos cada mediodía del 22 de diciembre son auténticas o llevan grabadas desde el 83. Porque para mí, la abuela que dice lo de “muy repartido” lleva saliendo desde entonces en la tele.
    Feliz Año Nuevo.