11 de diciembre de 2013

Un tall de huits i nous...

Miren que me gusta esta expresión. "Un tall de huits i nous i cartes que no lliguen". Y no porque sea un ávido jugador de cartas, que no lo soy, créanme, sino porque describe a la perfección lo que supone encontrar un batiburrillo de personas, ideas, situaciones u objetos cuando se presentan de una manera totalmente absurda.
                Es la mejor definición que se le puede aplicar a los más pintorescos grupos políticos que se han presentando a las elecciones locales en las últimas convocatorias. No me estoy refiriendo a aquellos que no han logrado obtener representación, pero que han hecho una campaña digna e intentan conseguir la visibilidad durante toda la legislatura. Me refiero a los que se presentan con algunos programas trasnochados y caducos, de los que debemos huir como de la peste, y también a aquellos más simpáticos y peculiares, que apenas hicieron campaña y que a la postre fueron votados por los miembros de su candidatura ... y gracias. En el 2011 usted pudo encontrar papeletas en las cabinas, entre otras formaciones más habituales y conocidas,  de la Unión Centrista Española, pero a las urnas solo llegaron 48. Nunca más se supo de ellos, corríjanme si me equivoco. En 2007, el farolillo rojo se lo volvieron a llevar unas siglas parecidas,  Centristas, cuyo cabeza de cartel no dudó en enrolarse en las filas socialistas después del varapalo que supuso obtener 34 votos.  Recuerdo también, ya en el siglo pasado una candidatura formada exclusivamente por jóvenes y otra por labradores. Y podríamos continuar con una lista de siglas y nombres que resultaría prácticamente inabarcable para el espacio del que disponemos, pero que representaban muy bien aquello de "huits i nous".
                Esto no es malo, al menos a mí no me lo parece. Es loable que cualquier ciudadano que crea que puede aportar algo a nuestra democracia dé un paso al frente y se presente. De hecho en los últimos meses hemos visto el nacimiento de algunas formaciones que intentan acabar con el bipartidismo y van reclamando una presencia en el ya de por sí ajustado panorama político torrentino. Sin embargo, no me parece suficiente aval presentarse como adalid de la renovación democrática a partir de una serie de buenas intenciones, cuatro sonrisas  y poco más. Hace falta ofrecer algo sólido. Por eso me parece tan interesante la irrupción a nivel nacional de la plataforma impulsada por Albert Rivera (Ciutadans) y Antoni Asunción. En primer lugar, porque parte de unas premisas ideológicas que pueden identificarse fácilmente, se esté a favor o no. De Ciutadans sabemos, por ejemplo,  qué modelo de estado quiere. Pero sobre todo, porque la presencia del exministro del Interior, que tiene el honor de haber sido uno de los pocos políticos que ha dimitido por su dignidad, plantea no pocos interrogantes acerca de quién podría sumarse a su propuesta en la Comunidad Valenciana y especialmente en nuestra población. No me digan que no tendría interés que algunos ilustres expolíticos locales se unieran a esta nueva propuesta, merced a su amistad y afinidad con Asunción.

                 A ver si así, cuando veamos su papeleta, no nos sale aquello de "huits i nous i cartes que no lliguen".

No hay comentarios: