11 de diciembre de 2013

Encuestas

Hablar de encuestas a nivel local, a casi dos años vista de las próximas elecciones me parece tan absurdo y gratuito como hacerlo de la influencia de la luna llena en la reproducción del buey almizclero: y es que tendríamos muy poco que decir. Cierto es que se han intentado trasladar los resultados obtenidos en Torrent de una encuesta a nivel nacional para las elecciones generales y que el resultado era desolador para los dos partidos que, hasta ahora, han obtenido la vara de mando municipal. Pero no es menos cierto que esa encuesta no tenía en cuenta las variables locales, que son muchas.
                Se intuye que la gestión del PP a nivel nacional y, especialmente, autonómico puede suponer un desgaste para el PP local, sin tener en cuenta el desgaste propio que suponga llevar ocho años gobernando una ciudad. Por otra parte, la realidad para la oposición socialista no es demasiado halagüeña. A falta de considerar el liderazgo dentro del grupo de concejales y en su propio partido, es una incógnita si Campos acabará siendo el cabeza de cartel para el 2015. Y como dice el refrán, “a río revuelto, ganancia de pescadores”, lo que nos hace pensar que el gran beneficiado podría ser Compromís. El desgaste del gobierno, lógicamente, no les ha podido afectar. Han sabido conectar con una parte de la ciudadanía, especialmente la más joven y crítica, con un mensaje sólido y homogéneo en el que poco importa el contenido y sí la forma; en el que es más contundente la crítica que la propuesta y en el que se centra más el desgaste que el programa. En un contexto de crisis económica y social, de paro, de pérdida de las instituciones financieras y de medios audiovisuales valencianos, todo lo que no sea duplicar sus votos sería una sorpresa.
                Más incógnitas me ofrecen el resto de agrupaciones que podrían presentarse. De Esquerra Unida sabemos más bien poco. Su ausencia prolongada en el ayuntamiento ha hecho invisibles a sus candidatos, por lo que no sé si el tirón que puedan ofrecer los Cayo Lara, Alberto Garzón o Ignacio Blanco sería suficiente para darles representación. De UPyD no puedo decir gran cosa tampoco. Por más que se empeñen algunos voceros, construir un partido a nivel local a partir del resentimiento de dos o tres exconcejales populares que no se destacaron especialmente por su servicio público no me parece suficiente bagaje como para llegar a obtener un concejal. De las formaciones locales no espero ninguna sorpresa. La efervescencia de su aparición suele ser inversamente proporcional a la coherencia de sus planteamientos, así que es difícil –que no imposible-  que acaben cuajando para dentro de unos meses.  Y de aquellos que solo presentan el odio y la demagogia más barata como programa hace tiempo que decidí dejar de hablar.
                Así que no se haga líos. Predecir el resultado de las elecciones de dentro de dieciocho meses es tan complicado como que yo acierte el número de la lotería de Navidad.

                Si me toca el mes que viene, les prometo que lo intentaré.

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