12 de julio de 2013

Colegio Blasco-Ibáñez



A finales de los años 20 se proyectó un gran embalse en el río Turia. La primera piedra se puso con la II República y las crónicas periodísticas narran cómo el presidente Azaña llegó hasta Manises en avión y luego fue en coche a la población de Benagéber, que sería anegada después por las aguas del río,  pasando por varios municipios entre el fervor popular a inaugurar las obras del que sería el “Embalse Blasco Ibáñez”. No hace falta que les diga quién inauguró finalmente el embalse y qué nombre se le dio posteriormente. Efectivamente,  Embalse del Generalísimo.  El propio Franco lo inauguró entre muestras de fervor muy parecidas. Así se mantuvo esta nomenclatura hasta la llegada de la democracia en que cambió su denominación a la actual y aséptica “Embalse de Benagéber”. Por cierto, que cientos de niños y jóvenes torrentinos pasarán allí unas semanas en los campamentos que organiza el arciprestazgo. Si usted no conoce la zona y le gusta, no debería pasar la oportunidad de ir a visitarla.
                El siguiente dato lo ignoro, pero calculo que debió de ser por la misma época cuando se diseñó un grupo escolar para nuestra población que debía llamarse “Vicente Blasco Ibáñez”. Es el hoy colegio Lope de Vega. Tampoco hace falta que digamos a quién debemos el cambio de nombre.
 Y oiga, que soy un devoto del teatro de Lope, pero ello no va en menoscabo de reivindicar la figura de uno de nuestros autores más internacionales y que menos reconocidos son por nuestros paisanos. Una de mis aficiones como lector consiste en encontrar menciones de lugares cercanos en la obra de Blasco. Una de las que más me gusta es de Cañas y Barro, cuando el tío Paloma se cisca en  su propio hijo que está dragando el lago y desea que “viniera de orilla a orilla aquel barranco de Torrente que desaguaba en la Albufera alimentándola […] y tendría el gusto de ver a su hijo royéndose los codos e implorando su protección”.
Toda esta perorata lleva a algún sitio, créanme. He pasado por las obras del colegio número 10. Parecen avanzadas. Según se cuenta es posible que se inaugure durante el próximo curso escolar. Y supongo que el nombre “Número 10” es algo provisional. Pues bien, desde estas líneas propongo recuperar el nombre de Blasco Ibáñez para el colegio. Lope o Machado son grandes exponentes de la literatura, pero son de fuera. Miguel Hernández nos cae más cerca.  Y Tirant lo Blanc o Veles e Vents, son títulos de Martorell y March. Creo que va siendo hora de reivindicar a Blasco Ibáñez y desagraviarle por tantos años de olvido.
¿Y por qué no con el colegio nº 10?

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