2 de mayo de 2013

Torrent "B"



Una maestra amiga mía me comenta que anda preocupada por la familia de uno de sus alumnos. Trabaja en un colegio público que destaca por su labor por la integración de todos los niños y por promocionarlos en esta sociedad, una labor que se antoja bastante complicada a tenor de la situación que estamos viviendo.
Pongamos –los datos los he cambiado –  que se trata de una niña que vive con sus abuelos. La niña no conoce a su padre y su madre hace tiempo que no da señales de vida. Los abuelos apenas han sabido rellenar por escrito un documento con los datos de la niña. Irónicamente ni  siquiera han sabido escribir la dirección del domicilio familiar y en su lugar han escrito escuetamente el nombre del barrio en el que viven. Por no saber, no han sabido ni poner el número de su teléfono y en la casilla correspondiente habían escrito la marca del terminal. Lamentablemente, me dice, hay muchos niños así. Son de aquí y de allá. A veces son varios los hermanos que solo comparten el segundo apellido y que llegan en un estado lamentable al colegio. Cuando pasan a Secundaria, se les pierde la pista, pero la mayor parte de las veces acaban abandonando los estudios al cumplir quince o dieciséis años. Y entonces, pasan a engrosar las estadísticas de ese infausto grupo al que llamamos “Ni-ni”.
Enciendo la televisión y veo los anuncios en los que salen familias: Un padre juega con sus hijos al salir del colegio. Les da a cada uno un huevo de chocolate con sorpresa. Después llega la madre y los ducha amorosamente con un gel que huele a fresas. Les lavan la ropa con un detergente que ya usaban sus abuelas. La semana que viene se van a Eurodisney a conocer al ratón Mickey y al pato Donald. Pero antes, han comprado la última película de animación en 3D y para verla en casa han llamado a una conocida cadena de reparto de pizzas a domicilio.
Comienza a darme la sensación de que vivimos en dos pueblos diferentes. Y no me refiero a la dualidad Torrent/Torrente tan de mal gusto. Me refiero a un Torrent A, que juega en primera división, y un Torrent B, que no es que juegue en segunda, es que directamente no tienen ni balón. Así que apago la televisión y me conecto a Internet.
 Leo en twitter que una asociación que trabaja por los jóvenes en Torrent ha llevado a un grupo de chavales al cine. Uno de los monitores que ha ido con los muchachos cuenta que para alguno de ellos era la primera vez que iban al cine, pese a ser ya adolescentes. Después, en un portal inmobiliario,  veo que una entidad bancaria tiene un piso a la venta en el barrio de los abuelos de la niña con la que iniciaba el artículo.
Piden 8.000 euros, pero creo que son negociables.

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