25 de febrero de 2013

¡Pa-ta-ta!

(Publicado en el último número del diario La Opinión de Torrent)

Hay algo de obsceno en esa moda que ha surgido ahora de mirar con lupa la actividad privada de los políticos. Esa costumbre de presentar ante la sociedad las declaraciones de la renta o del patrimonio se me antoja un ejercicio de exhibicionismo que humilla al que lo ejerce y dice muy poco del que lo escruta sin pudor. Dicho de otro modo, me importa un bledo si tal concejal tiene un chalet o dos, si aquel ha ahorrado en el banco mil o cien mil o si aquella tiene en régimen de gananciales con su marido un apartamento en Marina D’Or. Sin entrar a valorar lo fácil que se puede engañar a la gente con unas fotocopias.
     A mí, lo que de verdad me importa, es que cumplan con su servicio público mientras desarrollan su labor política en el ayuntamiento. Y que los euros que les proporcionamos para gestionar se gasten con mesura y buen juicio.
   Pero como quiera que esto último parece que es cosa difícil de lograr, merced a las noticias con que nos desayunamos cada mañana, parece que nuestros gobernantes están obligados a demostrar su honradez, y para ello no escatiman en grandes demostraciones de una mal entendida transparencia. Porque transparencia no es andar en cueros por la principal arteria de nuestra población. Como tampoco lo es que tengamos fotocopias de sus cuentas corrientes o de la escritura de su piso.Eso es, sencillamente, someter a escarnio público y gratuito a una serie de personas que, en la mayor parte de las veces, podría ganarse mucho mejor la vida fuera del ayuntamiento.
    Viene esto a colación por la foto que publicó el diario Levante la semana pasada, en la que podíamos ver a la consellera de Educación, supuestamente a la hora de un pleno de les Corts, saliendo de un gabinete de estética. No entraré en la pertinencia o no de publicar la foto o en si la consellera debía estar o no en les Corts a esa hora. La ética de cada uno responderá a esa pregunta. Sin embargo, me llama poderosamente la atención la persecución que se presupone al ver esa foto publicada. De ella podemos deducir que hay quien se dedica a perseguir a ciertas personalidades y, dado lo sencillo que puede resultar hoy en día realizar una foto con un móvil, llegar a fotografiarla en un renuncio. Esto es lo que me parece realmente aberrante. Que haya quien está pendiente de cualquier error o mala pose para rápidamente grabarlo, fotografiarlo y publicarlo.
    Habrá a quien esto de decir “¡pa-ta-ta!” le parezca estupendo. A mí me resulta repugnante. Porque, claro, ¿se imaginan a qué extremos podemos llegar si a partir de ahora aparecen cientos de ciudadanos anónimos que hagan lo propio con cualquier concejal o diputado, en cualquier circunstancia, por pública o privada que sea?
   Pues eso.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si ganan más en la vida privada, que no se presenten a las elecciones ya que nadie les pone una pistola en la sien. Y lo vergonzoso no es hacer una foto, sino que la protagonista de la foto este en un establecimiento de estética, cuando debía estar en el Congreso, que es para lo que cobra.