8 de febrero de 2013

La mesita

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
Alfredo actualmente está pasando un auténtico calvario a causa de su situación económica. Es autónomo y hay meses en los que no llega. Hace siete u ocho años, cuando la cosa estaba mejor, tampoco es que fuese tirando cohetes por la calle. Como hacía pequeñas reformas y chapucillas, le iba bien. Invirtió sus beneficios en mejorar su maquinaria y aún contrató a un chaval. No se compró ningún coche de alta gama, ni llevó a su mujer a Marina D’Or, como ella tanto le insistía, pero nunca le faltó nada ni a ella ni a sus tres hijos. Además, muchas tardes las empleaba por amor al arte en arreglar el grifo de la señora Paquita, que le goteaba desde hacía meses; en sanear el lavadero de la tía Concheta, al que le entraba agua por todas partes cuando llovía; o en cambiar el enchufe del señor Gerardo, porque no podía encender el televisor, y ya de paso, sintonizar otra vez los canales del TDT que esto no hay quien lo entienda.
    Ha pagado religiosamente sus impuestos. Todos. Los módulos, los ivas, las cuotas a la Seguridad Social, los ibis, los de circulación… todos, sin excepción. Sus hijos han ido al colegio y el mayor ya ha entrado en la universidad. Ha habido que hacer muchos gastos, porque el segundo quería estudiar inglés y ha habido que llevarlo a Manchester. Y es que por los hijos, no hay que escatimar nada.
     Ahora les va un poco mal y Alfredo, que siempre ha votado al mismo partido, anda un tanto desorientado. No entiende que después de haberse sacrificado durante tanto tiempo, descubre cómo se ha dilapidado el dinero de sus impuestos en tantas estupideces y cómo se ha robado a espuertas. Le cuesta entenderlo. Ve la tele y no entiende a los políticos defendiéndose de imputaciones, sobres, fundaciones, sueldos, asesores y consejeros en las cajas de ahorro, ésas que ahora le regatean la póliza de crédito.
     Y Alfredo, que nunca se ha interesado demasiado por la política, el viernes se acercó a una mesita que ponen en la calle de Sagra. Parecen unos chicos majos – le ha dicho a su mujer–. Me han dicho que todos los políticos son unos corruptos y unos ladrones, que si los inmigrantes y que si tal y Pascual... No sé si será el momento de votarles a ellos. Pero, Alfredo – le dice su mujer – ¡cuidado que no son trigo limpio! ¿Y los otros? –contesta él resignado– ¿Lo son acaso?
     Hay muchos Alfredos cerca de nosotros. Gente que empieza a hartarse de lo que está sucediendo y acabará cayendo en las garras de aquellos que de demócratas no tienen nada, por más que se lo pongan en su nombre.
     Reaccionemos.

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