17 de enero de 2013

Ya vienen los reyes

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Disculpe que me ponga pesado con este tema, porque creo que llegadas las primeras fechas de enero siempre escribo sobre lo mismo, pero es que la cabalgata de Reyes saca lo peor que hay en mí. Todo el candor y la bondad que hemos predicado en los días de Navidad se torna en ira y misantropía cuando mis zapatos pisan la avenida al paso de Sus Majestades.
    En primer lugar, me pregunto yo si es necesario que en la cabalgata se repartan caramelos y regalos. Alguien debería saber que el motivo por el que los padres, y en general los adultos, acudimos a verla es por la ilusión que nos transmiten y contagian nuestros hijos por ver a Melchor, Gaspar y Baltasar. Ignoro cuál es el porcentaje de niños que acuden para poder conseguir algún caramelo o alguna pistolita de plástico, supongo que debe reducirse a menos del uno por ciento. Si se trata del baloncito de los veinte duros, igual el porcentaje sube a la friolera del dos por ciento. Me da a mí que la verdadera motivación de los pequeños de la casa consiste en poder reclamarle a los reyes los regalos que les han pedido en su carta. Fíjense que raros son los niños que van a la cabalgata a ver a los reyes.

    Por este motivo me planteo si es preciso que se lancen esos caramelos, además bien duros, a unas velocidades y con una potencia descalabrante. Paradójicamente, después de esperar más de una hora, al pasar Melchor, mis hijos tuvieron que apartarse o directamente ser protegidos por mi espalda.

    Y en segundo lugar, mi ira aumenta de forma exponencial con las personas que iban detrás de las carrozas para rapiñar esos caramelos o esas pelotitas que se lanzaban, a pesar de los ímprobos esfuerzos de la Protección Civil – a ver cuándo les reconocemos de verdad la labor que realizan porque sin ellos actos como el de la tarde del cinco son imposibles de llevar a cabo- que intentaban en vano evitar que hubiese algún accidente, como lamentablemente ha ocurrido en Málaga.

    No me vengan con que esas aglomeraciones en torno a las carrozas son porque para algunos de ellos son los únicos reyes que podrían proporcionarles a sus hijos. Miren, eso es mentira. Afortunadamente hay cientos de iniciativas solidarias en Torrent para que Sus Majestades lleguen hasta todos los domicilios. Tantas, que incluso provocan la tradicional picaresca, pero ése será otro tema que trataremos otro día. Por lo que esa gente está ahí de más, y pone en serio peligro la integridad de los niños que están asistiendo al acto.

  ¿O también esperaremos a que haya un accidente para darnos cuenta de que eso es un error?

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