11 de enero de 2013

La lotería

(Publicado en La Opinión de Torrent)
Lo de la lotería es un fenómeno digno de estudio. Es un círculo vicioso que comienza al mediodía del 22 de diciembre del año anterior, en el que maldecimos la cantidad jugada y lo escaso del premio obtenido que en la mejor de las veces supone una quinta o una sexta parte de lo jugado. A partir de ahí se suceden las imágenes por televisión de los pueblos y ciudades que han resultado agraciados con el gordo y el rencor va en aumento, mentando a los afortunados y los “agujeros” que van a ir poder tapando, mientras nuestra vida cada vez se parece más a un queso gruyer. Es ahí, justo ahí, en ese momento cuando juramos bajo la sombra de un pino de la Avenida, cual Escarlata O’Hara, que nunca más volveremos a jugar a la lotería.
       Pero nuestra memoria flaquea, y, pese a habérnoslo prometido, las papeletas se nos van ofreciendo. Primero es alguna participación que se reparte en el trabajo, y caemos, porque no vaya a ser que le toque a Peláez, con lo gordo que nos cae, y a nosotros no. Más tarde es la del club de fútbol de nuestro sobrino y claro, cómo no vamos a fomentar el deporte; a continuación es la de la falla de la vecina, que con la crisis ha bajado de categoría y hay que buscar el primer premio; y después la hermandad de Semana Santa, la asociación de amigos de los gatos, la banda de música, el viaje de fin de curso de los del instituto, los clavarios de San Cucufato… y cuando te das cuenta has vuelto a caer: Has llegado a comprar papeletas de entidades que ignorabas que existen.
    El colofón de esta estudiada operación de marketing lo suscribe el diario La Opinión, cuando nos vuelve a machacar con la maldita estadística: Nunca ha tocado el gordo en Torrent, a pesar de las ingentes cantidades de euros que jugamos. Y ahí es donde más nos duele. No puede tocar en Paiporta y en Torrent no.
    He leído que algunos números se vendieron en un terminal de la calle San Valeriano, pero esos no valen. La lotería de verdad es la que se vende en ventanilla, no la que se imprime en el ordenador de la administración. Y tienen que ser muchos décimos, que se distribuyen en papeletas por alguna asociación. Para que cuando vengan las televisiones salgan muchos vecinos diciendo que “está muy repartido” y que “le ha tocado a gente del barrio muy necesitada”, aunque sea mentira. De esta manera podremos averiguar si las imágenes de los informativos que maldecimos cada mediodía del 22 de diciembre son auténticas o llevan grabadas desde el 83. Porque para mí, la abuela que dice lo de “muy repartido” lleva saliendo desde entonces en la tele.
    Feliz Año Nuevo.

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