15 de diciembre de 2012

Con su pan se lo coman

(Publicado en La Opinión de Torrent) Hace un par de meses, les decía que nuestra población sólo aparecía en los medios cuando ocurre un suceso luctuoso en nuestras calles. Y me equivocaba, puesto que en las últimas semanas hemos aparecido en televisión y en algún periódico de tirada nacional por otro motivo mucho menos desagradable: la guerra del pan y la irrupción del pan anticrisis. Supongo que saben a qué me refiero: Un panadero instala un despacho en el que vende una barra de pan a un precio irrisorio que provoca el hundimiento de los negocios de la competencia y el gremio de panaderos reacciona con rapidez ofreciendo un producto similar a un precio por los suelos. Uno, que se considera liberal, debería ver con buenos ojos que haya libre competencia y que los precios de los productos se vayan ajustando a la oferta y la demanda. Pero, fíjense que en este caso no lo veo así. Me parece razonable que un empresario ofrezca un producto básico como es el pan a un precio competitivo y que de esta manera atraiga clientes. Él sabrá si hace negocio o no, dónde gana dinero, si ésta es una estrategia comercial para llevar consumidores a su negocio que compren otro tipo de productos en los que sí obtenga un mayor beneficio o si simplemente es un loco altruista que sólo pretende que la gente que peor lo está pasando pueda comer pan todos los días. Pero me surgen demasiadas dudas como para acabar de aprobar esta práctica. En primer lugar, si no es un intento de acaparar el ya de por sí fastidiado negocio del pan, obligando a la competencia a cerrar. En segundo lugar, porque, digámoslo claro y así nos lo han hecho saber los del gremio de panaderos, el celebérrimo pan no es más que una mezcla de harinas de muy baja calidad y de un sabor aséptico e insípido que en nada nos recuerda al pan, aquel que estamos condenados a ganar con el sudor de nuestra frente, no con el del panadero. Y por último porque creo firmemente que no se debe luchar contra este tipo de iniciativas ofreciendo un producto de baja calidad a un precio pequeño. A eso siempre nos ganarán, ya sean panaderos de Riba-Roja, empresarios chinos o multinacionales suecas del mueble. Frente a este tipo de iniciativas creo que debemos potenciar la calidad y solvencia del producto, en este caso del pan, frente al engrudo que se nos ofrece. Les podría decir decenas de establecimientos de Torrent donde poder comprar un pan de calidad a un precio razonable. Seguro que usted ahora está pensando en alguno de esos hornos. Y qué quieren que les diga, un buen bocadillo con ese pan no es lo mismo. El resto, con su pan se lo coman