29 de octubre de 2012

Opencor



Hace un par de sábados leí las animadas conversaciones que un grupo de jóvenes intercambiaban por twitter acerca del cierre inminente de Opencor. En sus mensajes se lamentaban de la pérdida de este establecimiento para hacer sus compras a horas intempestivas, fundamentalmente a última hora del sábado o el propio domingo. 
                Lo cierto es que Opencor se había convertido en la tabla de salvación de los domingueros torrentinos y de nuestra comarca, que ahora se quedan huérfanos para sus compras dominicales, razón por la cual van a tener que volver a recurrir a la dinámica de comprar con previsión para el fin de semana.
                Esta anécdota reflejaba lo que ha supuesto Opencor para una generación de torrentinos que han crecido con él (¿Cuándo lo inauguraron? ¡Si parece que ha estado ahí toda la vida!) y que ahora lamentaban su cierre porque lo consideraban parte de sus vidas. Lo que me llevó a recordar tantos y tantos lugares que han tenido especial significación para muchas generaciones de torrentinos.
                Por ejemplo, ¿dónde han ido los celebérrimos calamares del Marisquero?  ¡Si todavía los estoy oliendo! Recuerdo caminar por la Avenida de pequeños y pararnos a la puerta a olerlos. Incluso uno de nuestros amigos siempre entraba a pedir un vaso de agua y de paso pegar un vistazo al mostrador. ¿Qué me dicen de la taberna Lerma, la famosa “Ca’l Coixo”? No sé qué sería de aquellas mesas de mármol, pero merecerían ser reconvertidas en un monumento en la plaza. Monumento al merluzo que permitió que todo aquel conjunto arquitectónico sucumbiera a la bulldozer, todo sea dicho de paso.
                Sigamos hablando de olores. ¿No recuerdan aquel aroma a libro y aquel silencio reverencial de la Librería Popular? Aquella papelería era un templo del estudiante en el que los chavales asistían respetuosos a la ceremonia que oficiaba Mercedes con su voz suave y pausada. Podías ser un buen estudiante o uno malo. Pero tus trabajos salían mejor si comprabas el material allí.
                La Avenida no era lo mismo si no pasabas por la paraeta de El Almendro y su singular propietario, junto al emblemático edificio que fue la sede de la Caixa Torrent que después se convirtió en la CAM y ahora Banco Sabadell. Quién sabe cómo acabará eso.  De hecho la Avenida que ahora lamenta la pérdida de Opencor, lamentó en su momento el cierre  de los tres cines que albergaba en escasos metros: Liceo, Monte Carlo y Avenida. Un poco más arriba estaba el Torrent Decine, que se popularizó entre los chavales de mi generación por regalar jugosos descuentos para las sesiones matutinas de los sábados con un pase doble.
                Podríamos seguir citando más: los juzgados en el Raval, el ayuntamiento en la Plaza Mayor, la biblioteca en la Ermita, el calvario de Monte-Sión….Lugares que ya han ido desapareciendo o cambiando su ubicación y su fisonomía y que han marcado a varias generaciones de torrentinos.
Cierra Opencor  y los más jóvenes de Torrent recordarán en el futuro con nostalgia lo que supuso esa tienda para su infancia. Y entonces te das cuenta de que la vida no hace más que rodar y rodar. Que tú te subiste en un momento dado y de que todo vuelve a empezar una y otra vez.
                Y que te vas haciendo mayor.