16 de septiembre de 2012

Rara avis


Sin usted me ha seguido habitualmente en los últimos años, ya me lo habrá leído en alguna ocasión: Siento una especial debilidad por el anterior alcalde, Pepe Bresó. No piensen ustedes mal, que no hay doblez en mis palabras. Y eso que siempre que lo veo va hecho un pincel y que lleva los trajes como pocos en nuestra ciudad. Es otro tipo de debilidad.  Y como no nos une ningún lazo político, afectivo o de parentesco,  creo que puedo hablar sin las cortapisas que supone hacerlo de un amigo, de un familiar o de un miembro de tu partido.
                Obviaré hacer algún juicio político sobre él, porque ya perdió unas elecciones. Creo, sin embargo, que se precipitó al dimitir como concejal y portavoz de la oposición. Aún tenía cuerda para rato. La prueba de esto la pude observar  en el primer pleno que presidió María José Català, en el que estuve presente. Allí comprobé que literalmente se comía al equipo de gobierno con sus embestidas y réplicas. Se aventuraba una legislatura muy interesante, que se vio frustrada con su retirada. Estoy seguro de que más de uno dentro del PP torrentino respiró aliviado cuando tomó la decisión de abandonar la política local. Él sabrá por qué lo hizo.
                Y es ahí de donde nace gran parte de la debilidad que siento por él. Porque desde que dimitió como concejal de la corporación, son contadas las veces que ha hecho pública presencia. Sólo recuerdo haberlo visto en las diferentes tomas de posesión que ha habido desde entonces y en el pleno de Les Corts en las que se dio el título de Gran Ciudad a Torrent. No recuerdo más.
Desde entonces no ha realizado ninguna entrevista en ningún medio de comunicación ni local ni provincial, siendo como ha sido uno de los principales exponentes de la política torrentina y comarcal en los últimos veinte años (sugiero a la dirección de este periódico que le realice una entrevista en profundidad: me ofrezco yo mismo para hacerla, porque hay jugosas respuestas a cientos de preguntas que podría ofrecernos).
Tampoco se le ha podido ver presidiendo procesiones ni saraos, ni opíparas cenas de fiestas de barrio ni dando pésames indiscriminados a la puerta de tanatorios.  No ejerce de sombra alargada de ninguna facción del socialismo torrentino ni tutela a nadie dentro del equipo de concejales.  Tampoco ha aspirado a liderar corrientes críticas dentro del PSPV en los últimos congresos regionales, y me consta que ha habido quien le ha podido tentar con sus cantos de sirena para optar a cargos orgánicos en el partido.
Y lo más raro en la política actual, no ha intentado buscarse una prejubilación o un retiro más o menos honroso con algún cargo público bien remunerado. Más bien al contrario, ha decidido enrolarse en la empresa privada y buscarse el sustento con el sudor de su frente, que no es que los demás no se lo ganen, pero ustedes ya me entienden.
En definitiva, que ha resultado ser una rara avis en la situación actual en la que más de uno no sabe o no quiere dejar de tener su lugar en la política.
¿A que sí? ¿A que usted ya me entiende?

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