13 de abril de 2012

Xip

(Publicado en el último número de La Opinión)
Si usted sigue regularmente esta columna, seguro que no lo hace por la contundencia de mis palabras o la vehemencia que destilan mis escritos. Tampoco creo que lo haga por lo acerado de mis críticas o porque sea capaz de atizar a unos u otros con mayor acierto. Y es que debo confesarle que me da mucha vergüenza hacerlo y además soy bastante cobarde. Enseguida creo que si levanto un poco la voz, señalo algo que no me gusta o critico aquello en lo que no estoy de acuerdo, seré yo también pasto de otras críticas y un estúpido e incomprensible sentido del pudor me impide hacerlo, imponiéndome una forma de censura previa que aún no he sido capaz de manejar. Me preocupa demasiado lo que piensen de mí. Es lo que tiene hablar de cosas y personas que conocemos y vemos prácticamente  a diario. En ese sentido, considero mejores mis silencios que mis palabras.
                Por eso siento admiración por aquellos que, teniendo algo razonable que decir, no se preocupan demasiado en si gustará o no, en si caerá bien en tal foro o en otro, o si  a las altas esferas del pueblo les parecerá apropiado. Y digo admiración porque aspiro, sencillamente, a poder desatarme de ese yugo que me impide ser franco y honesto con ustedes y no andarme con remilgos ni mojigaterías. Como quiera que ya son cinco los años que llevo aporreando las teclas en esta página que me brinda La Opinión de Torrent, espero que no me cueste mucho más conseguirlo.
                De esta manera me descubro ante el autor de algunas aleluyas –los versos que  el día de Pascua son lanzados al aire en el Encuentro Glorioso–. Si usted pertenece a lo que irónicamente llamamos “el Torrent profundo” seguro que sabe quién se esconde bajo el seudónimo de Xip, padre intelectual de las mejores y más desternillantes críticas políticas, sociales, religiosas y culturales de nuestro pueblo en forma de sencillos versos. Si usted no ha tenido la suerte de poder leerlas, le conmino a que lo haga de inmediato, pues estoy seguro que quien escriba la historia de Torrent de finales del siglo XX y principios del XXI no podrá hacerlo correctamente si no acude a esta suerte de hemeroteca folclórica local.
                Ya dijimos en alguna anterior ocasión que nadie es nadie en Torrent hasta que sale en una aleluya. Pero  cada vez estoy más convencido de que si antes primero era la persona la que por su actuación tenía un nombre en Torrent y después se hacían eco de él las aleluyas, ahora las tornas han cambiado y sólo alguien llega a ser alguien en Torrent después de haber aparecido en las aleluyas de Xip. Tienen sus versos la capacidad de sintetizar, con la mejor de las ironías, cualquier acontecimiento torrentino, por grave o elevado que pueda resultar, hasta convertirlo en un chascarrillo sin por ello tener que recurrir a lo zafio, grosero o de mal gusto. Las mejores son comentadas en las tertulias de los días de pascua al calor de una buena paella entre amigos y conozco a más de uno que las colecciona y recoge como oro en paño.
                Y sí, amigos, lo reconozco también. Esta columna sólo tenía un objetivo: Quiero que Xip me saque en un aleluya. A ver si el año que viene tengo suerte.
                Feliz Pascua.


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