3 de marzo de 2012

Martes de Carnaval

Pues oiga, que ya ha vuelto a pasar el Carnaval. Y que, fíjese que usted lo intenta, que me invita, que insiste en que yo le acompañe, en que me disfrace y baile por la calle, pero que me he vuelto a escaquear este año. Y es que no me veo, lo siento. Ya le dije el año pasado que si estos días me necesitaba, no hacía falta que me buscase en alguna chirigota de Cádiz haciendo sonar un extraño instrumento o en algún pasacalle haciendo gala de una sexualidad confusa. Soy así de raro, a pesar de que es prácticamente obligatorio celebrarlo, pero ya le dije que me resultaba tan contradictorio que usted, que es ateo, laicista y liberticida quiera desmelenarse antes de la llegada de la Cuaresma disfrazándose de obispo, de monja barbuda o de guardia civil con tanga.
Sí, lo reconozco. Soy muy pudoroso y por ello me encuentro mucho más cómodo con la Cuaresma, que es sencilla y austera. Algunos de los grandes poetas en esta lengua ya lo cantaron hace muchos siglos: “beatus ille” decían los latinos, feliz aquel que sabe refugiarse lejos del mundanal ruido. Y el carnaval hace mucho ruido.
¡Claro que le permito a usted que participe! ¡Faltaría más! Vaya, vaya y diviértase y haga sonar sus silbatos contra los recortes en los servicios públicos, grite contra la corrupción, fotocopie billetes y disfrácese de imputado en algún caso Emarsa, Brugal o Gürtel. La crítica social y política, incluso la acerada, es una de las grandes cosas que tenemos en democracia. Y ahora que se está promoviendo la participación ciudadana, participe usted, participe.
Recuerde que usted ya salió a protestar cuando en otras ocasiones el Estado hizo de la ley un sayo y se pasaba por el arco del triunfo la Constitución secuestrando y torturando personas, cuando el saqueo de las principales instituciones del país era algo generalizado, cuando los vicepresidentes del gobierno llamaban “hermanito del alma” no a sus “amiguitos del alma”, sino a sus “hermanísimos” y les ponían despacho y chófer para repartir subvenciones. Sin ir más lejos, mire la que se ha liado en Andalucía por esos casos de reparto de millones de euros en prejubilaciones, las protestas y los disturbios callejeros en esa suerte de primavera andaluza.
¿Lo de los estudiantes? Una vergüenza, claro. La policía cargando contra chavales indefensos. Ahí yo tuve suerte, ¿sabe usted? Cuando yo era alumno de la universidad nuestro país era un vergel, todos vivíamos en armonía, ningún profesor universitario debía mirar antes de abrir la puerta cuando llamaban a su despacho, no fuera que el alumno fuese algún descerebrado con una pistola y una gran fijación en la nuca. Ahí, las únicas protestas que recuerdo eran las que se celebraban, con amplio dispositivo policial, caballos, porras y helicópteros sobrevolando Valencia, en contra de la impunidad de Pinochet. Bueno, bueno, bueno, ¡qué de carreras nos pegábamos delante de los “monos”! Aunque ahora que lo pienso, no tanto, si recuerdo bien. Porque yo, si me permite que le haga una confesión, no he sido lo que se dice muy valiente. De puertas para adentro, sí, pero … no como usted, que me ha contado tantas veces cómo usted luchó contra Franco y corrió delante de los grises y tal…
Pero, oiga, ¿por qué se marcha?

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