15 de diciembre de 2012

Con su pan se lo coman

(Publicado en La Opinión de Torrent) Hace un par de meses, les decía que nuestra población sólo aparecía en los medios cuando ocurre un suceso luctuoso en nuestras calles. Y me equivocaba, puesto que en las últimas semanas hemos aparecido en televisión y en algún periódico de tirada nacional por otro motivo mucho menos desagradable: la guerra del pan y la irrupción del pan anticrisis. Supongo que saben a qué me refiero: Un panadero instala un despacho en el que vende una barra de pan a un precio irrisorio que provoca el hundimiento de los negocios de la competencia y el gremio de panaderos reacciona con rapidez ofreciendo un producto similar a un precio por los suelos. Uno, que se considera liberal, debería ver con buenos ojos que haya libre competencia y que los precios de los productos se vayan ajustando a la oferta y la demanda. Pero, fíjense que en este caso no lo veo así. Me parece razonable que un empresario ofrezca un producto básico como es el pan a un precio competitivo y que de esta manera atraiga clientes. Él sabrá si hace negocio o no, dónde gana dinero, si ésta es una estrategia comercial para llevar consumidores a su negocio que compren otro tipo de productos en los que sí obtenga un mayor beneficio o si simplemente es un loco altruista que sólo pretende que la gente que peor lo está pasando pueda comer pan todos los días. Pero me surgen demasiadas dudas como para acabar de aprobar esta práctica. En primer lugar, si no es un intento de acaparar el ya de por sí fastidiado negocio del pan, obligando a la competencia a cerrar. En segundo lugar, porque, digámoslo claro y así nos lo han hecho saber los del gremio de panaderos, el celebérrimo pan no es más que una mezcla de harinas de muy baja calidad y de un sabor aséptico e insípido que en nada nos recuerda al pan, aquel que estamos condenados a ganar con el sudor de nuestra frente, no con el del panadero. Y por último porque creo firmemente que no se debe luchar contra este tipo de iniciativas ofreciendo un producto de baja calidad a un precio pequeño. A eso siempre nos ganarán, ya sean panaderos de Riba-Roja, empresarios chinos o multinacionales suecas del mueble. Frente a este tipo de iniciativas creo que debemos potenciar la calidad y solvencia del producto, en este caso del pan, frente al engrudo que se nos ofrece. Les podría decir decenas de establecimientos de Torrent donde poder comprar un pan de calidad a un precio razonable. Seguro que usted ahora está pensando en alguno de esos hornos. Y qué quieren que les diga, un buen bocadillo con ese pan no es lo mismo. El resto, con su pan se lo coman

23 de noviembre de 2012

La tele

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
He leído en prensa que el ayuntamiento de Torrent quiere disolver el ente que debía gestionar la TDT. Por si usted no lo sabía –yo lo ignoraba por completo– Torrent y otros municipios de l’Horta tenían asignada una frecuencia digital para desarrollar una televisión comarcal. De eso hace más de seis años y hasta ahora su actividad ha sido prácticamente nula. Los motivos, como no podía ser de otra manera, que decía aquél, son de índole económica: no estamos para tirar cohetes y ahora ponerla en marcha podría suponer un grave perjuicio a las maltrechas arcas municipales.
                No entraré a juzgar los motivos que llevaron a los anteriores gestores torrentinos a solicitar la TDT. Eran otros tiempos y había pólvora que gastar. En cambio, me llama poderosamente la atención la necesidad que tienen gobiernos de uno y otro signo de rodearse de medios de comunicación que suelen acabar adulando al líder y cantando sus excelencias. Llámese televisión municipal o autonómica, radio, bim o similares. Siempre empiezan reclamando la necesidad de información y su función democrática y acaban… bueno, acaban como acaban. Y si no que se lo pregunten a los más de mil trabajadores que serán despedidos de Canal 9.
                Aquí en Torrent ya tuvimos una experiencia de televisión local. Cierto es que era privada y emitía por cable. Se trataba de la celebérrima Torrent Cable, que incluso dedicó algunos programas a contar en sus estudios con la figura del alcalde Ros, que respondía en directo a las preguntas que le formulaban los telespectadores por teléfono.  No creo que haya muchos dirigentes políticos que no sucumban al hechizo de las cámaras. Por eso es tan extravagante la decisión que propone nuestra alcaldesa, que va justamente en la dirección contraria: no desarrollar esa televisión y disolver el ente que la iba a gestionar. Podríamos poner cifras a la empresa de impulsar ese medio de comunicación, que seguramente nos llevaría a varios miles de euros al año. Pero sobre todo podríamos preguntarnos, ¿realmente la necesitábamos?, ¿había una demanda de una televisión comarcal, estando plagado el espectro radiotelevisivo de iniciativas privadas similares?
                Y es que parece que ahora hemos encontrado la fórmula mágica a la hora de gestionar el dinero de todos. Ahorramos eliminando gastos en televisión, en fiestas y saraos, en alquileres, en coches oficiales, en horas extras y hasta en fotocopias –las impresoras del ayuntamiento ahora las hacen a dos caras- lo cual nos lleva a pensar en que hasta ahora hemos malgastado lo que teníamos y lo que no teníamos.
Así que una de dos: o ahora nos pasamos o entonces éramos unos irresponsables.

11 de noviembre de 2012

Un homenaje


(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Un pueblo no se construye sin sus personas. Estamos demasiado acostumbrados a creer ciegamente en personajes que lideran a los colectivos y los dirigen, y así nos está yendo últimamente. Pero sin la tarea de cada uno de sus miembros, esos liderazgos son totalmente estériles.
                Hoy les hablaré de una de esas personas. Todo el mundo que lo ha conocido guarda un entrañable recuerdo de él. Era una persona afable, cercana, sencilla. Humilde, en una palabra. No recuerdo haberlo oído hablar mal de nadie, ni mostrar rencor, a pesar de haber vivido una de las etapas más difíciles de nuestra historia, como fue la Guerra Civil.
                Les cuento: Son los primeros días de la Guerra y la situación es bastante complicada. Nuestro protagonista, junto con otras personas, viendo que en otras poblaciones están ardiendo los templos, ha decidido que por las noches van a ir sacando de la parroquia de la Asunción aquellos objetos que puedan salvarse del posible incendio del edificio. Finalmente, la iglesia arde, pero una pequeña parte del patrimonio ha podido escapar de las llamas. Entre ellos, los libros sacramentales que se custodiaban en la parroquia desde el siglo XVI, de un incalculable valor histórico.
                Finalizada la contienda, esos objetos se van reponiendo, pero observan con pasmo cómo falta un tomo de esos libros. Pasan los años y esa inquietud aflora cuando los volúmenes son digitalizados y almacenados en una base de datos informática. Entonces, aquel joven que guardó los libros y hoy ya es un anciano, visita a la persona encargada de informatizarlos  y le explica su angustia, que dura más de cincuenta años: “Escondimos los libros, pero creo que perdimos uno…”, pero el encargado de la secretaría le interrumpe pronto: “Es cierto que falta uno, pero por lo que hemos investigado, ya faltaba antes de la guerra. Hay anotaciones que así lo confirman”. Y nuestro amigo se pone a llorar, al poder quitarse esa losa de encima que le ha acompañado durante décadas.
                No presumía de haber salvado ese pedazo de nuestra historia local. No guardaba rencor hacia las personas que habían cometido esa acción. No se jactaba de ser un héroe por haberse atrevido a hacer algo que a muchos les costó la muerte. Sólo le preocupaba que la faena hubiera estado bien hecha y hubiera servido.
                La semana pasada falleció y su despedida fue un clamor popular entre la gente que lo conocía. Personas anónimas como él son las que han ayudado a construir el pueblo que hoy tenemos.  No hace falta que diga su nombre porque usted ya sabe muy bien de quién le estoy hablando.
Y ése, que usted hoy lo recuerde y se emocione con esta anécdota, es el mejor homenaje que podemos tributarle.

29 de octubre de 2012

Opencor



Hace un par de sábados leí las animadas conversaciones que un grupo de jóvenes intercambiaban por twitter acerca del cierre inminente de Opencor. En sus mensajes se lamentaban de la pérdida de este establecimiento para hacer sus compras a horas intempestivas, fundamentalmente a última hora del sábado o el propio domingo. 
                Lo cierto es que Opencor se había convertido en la tabla de salvación de los domingueros torrentinos y de nuestra comarca, que ahora se quedan huérfanos para sus compras dominicales, razón por la cual van a tener que volver a recurrir a la dinámica de comprar con previsión para el fin de semana.
                Esta anécdota reflejaba lo que ha supuesto Opencor para una generación de torrentinos que han crecido con él (¿Cuándo lo inauguraron? ¡Si parece que ha estado ahí toda la vida!) y que ahora lamentaban su cierre porque lo consideraban parte de sus vidas. Lo que me llevó a recordar tantos y tantos lugares que han tenido especial significación para muchas generaciones de torrentinos.
                Por ejemplo, ¿dónde han ido los celebérrimos calamares del Marisquero?  ¡Si todavía los estoy oliendo! Recuerdo caminar por la Avenida de pequeños y pararnos a la puerta a olerlos. Incluso uno de nuestros amigos siempre entraba a pedir un vaso de agua y de paso pegar un vistazo al mostrador. ¿Qué me dicen de la taberna Lerma, la famosa “Ca’l Coixo”? No sé qué sería de aquellas mesas de mármol, pero merecerían ser reconvertidas en un monumento en la plaza. Monumento al merluzo que permitió que todo aquel conjunto arquitectónico sucumbiera a la bulldozer, todo sea dicho de paso.
                Sigamos hablando de olores. ¿No recuerdan aquel aroma a libro y aquel silencio reverencial de la Librería Popular? Aquella papelería era un templo del estudiante en el que los chavales asistían respetuosos a la ceremonia que oficiaba Mercedes con su voz suave y pausada. Podías ser un buen estudiante o uno malo. Pero tus trabajos salían mejor si comprabas el material allí.
                La Avenida no era lo mismo si no pasabas por la paraeta de El Almendro y su singular propietario, junto al emblemático edificio que fue la sede de la Caixa Torrent que después se convirtió en la CAM y ahora Banco Sabadell. Quién sabe cómo acabará eso.  De hecho la Avenida que ahora lamenta la pérdida de Opencor, lamentó en su momento el cierre  de los tres cines que albergaba en escasos metros: Liceo, Monte Carlo y Avenida. Un poco más arriba estaba el Torrent Decine, que se popularizó entre los chavales de mi generación por regalar jugosos descuentos para las sesiones matutinas de los sábados con un pase doble.
                Podríamos seguir citando más: los juzgados en el Raval, el ayuntamiento en la Plaza Mayor, la biblioteca en la Ermita, el calvario de Monte-Sión….Lugares que ya han ido desapareciendo o cambiando su ubicación y su fisonomía y que han marcado a varias generaciones de torrentinos.
Cierra Opencor  y los más jóvenes de Torrent recordarán en el futuro con nostalgia lo que supuso esa tienda para su infancia. Y entonces te das cuenta de que la vida no hace más que rodar y rodar. Que tú te subiste en un momento dado y de que todo vuelve a empezar una y otra vez.
                Y que te vas haciendo mayor.

28 de septiembre de 2012

Los vimos el domingo

Un amigo mío que vive fuera de Valencia me llama  por teléfono cada vez que sale nuestra población en las noticias. La última vez que me llamó fue con motivo del asesinato de una mujer - presuntamente como dicen ahora, como si su asesinato tuviera algo de presunto – a manos de un hombre de nuestra ciudad. Lamentablemente creo que siempre que lo hace es por un suceso así, lo que le llevó a preguntarme si  la estadística de este tipo de hechos es similar a la de otras poblaciones, cosa que ignoro, pero que me resisto a creer.
                Lo cierto es que explicándole lo ocurrido por lo que yo había leído en prensa, nos pusimos a hablar de lo complicado que resulta atajar el tema de la violencia contra la mujer. No es extraño escuchar en los testimonios de los amigos y vecinos aquella célebre frase de “se les veía muy bien”, “eran una pareja muy normal” o “siempre nos saludaban”, lo cual nos lleva a pensar en la cantidad de mujeres que tienen que estar sufriendo este tipo de situación en silencio, mientras sus maridos o novios aparentan llevar una vida “normal”. Y no hablamos de aquellas parejas en las que la violencia es notoria, pero que la mujer no se atreve a denunciar.
                Ése es el caso del ejemplo que viví en carne propia este verano. Era una tarde calurosa de julio. Al salir de casa a hacer unos recados veo a una pareja de quinceañeros discutiendo acaloradamente –gritos, insultos, amenazas más o menos graves, pequeños empujones e intentos de reconciliarse en menos de un minuto–. Al regresar a casa la escena no ha cambiado excesivamente. Me fijo en el chico y en su novia – prototipos de la famosa generación Ni-ni– y subo a casa. Pasadas un par de horas salimos de nuevo a la calle con la familia y nos cruzamos con unos amigos con los que nos paramos a charlar, cuando irrumpe la chica gritando que le están pegando, mientras es perseguida por el chico. Rápidamente protegemos a la chica y le decimos al chico que se vaya mientras llamamos a la policía nacional. El chico nos amenaza de muerte y nos insulta, pero finalmente huye. Llega la policía. Le explicamos lo que hemos visto: gritos, insultos, amenazas, pero no hemos visto si la ha golpeado. La chica se niega a denunciar. Finalmente se marcha con alguien que viene a recogerla. El policía nos explica que si no denuncia y si nosotros no le hemos visto agredirla –y no lo hemos visto– no pueden hacer nada.
                Nos retiramos hablando de lo mal que lo pasará esa chica si no es capaz de alejarse de un tipo así. Que son carne de cañón para el futuro: sin educación, sin estudios y con una mentalidad más propia de países tercermundistas que de una sociedad actual. Y alguien sentencia con una frase lapidaria: Tranquilos, que el sábado ya están de nuevo morreándose en la calle.
                 Y no los vimos el sábado. Los vimos el domingo.
               

16 de septiembre de 2012

Rara avis


Sin usted me ha seguido habitualmente en los últimos años, ya me lo habrá leído en alguna ocasión: Siento una especial debilidad por el anterior alcalde, Pepe Bresó. No piensen ustedes mal, que no hay doblez en mis palabras. Y eso que siempre que lo veo va hecho un pincel y que lleva los trajes como pocos en nuestra ciudad. Es otro tipo de debilidad.  Y como no nos une ningún lazo político, afectivo o de parentesco,  creo que puedo hablar sin las cortapisas que supone hacerlo de un amigo, de un familiar o de un miembro de tu partido.
                Obviaré hacer algún juicio político sobre él, porque ya perdió unas elecciones. Creo, sin embargo, que se precipitó al dimitir como concejal y portavoz de la oposición. Aún tenía cuerda para rato. La prueba de esto la pude observar  en el primer pleno que presidió María José Català, en el que estuve presente. Allí comprobé que literalmente se comía al equipo de gobierno con sus embestidas y réplicas. Se aventuraba una legislatura muy interesante, que se vio frustrada con su retirada. Estoy seguro de que más de uno dentro del PP torrentino respiró aliviado cuando tomó la decisión de abandonar la política local. Él sabrá por qué lo hizo.
                Y es ahí de donde nace gran parte de la debilidad que siento por él. Porque desde que dimitió como concejal de la corporación, son contadas las veces que ha hecho pública presencia. Sólo recuerdo haberlo visto en las diferentes tomas de posesión que ha habido desde entonces y en el pleno de Les Corts en las que se dio el título de Gran Ciudad a Torrent. No recuerdo más.
Desde entonces no ha realizado ninguna entrevista en ningún medio de comunicación ni local ni provincial, siendo como ha sido uno de los principales exponentes de la política torrentina y comarcal en los últimos veinte años (sugiero a la dirección de este periódico que le realice una entrevista en profundidad: me ofrezco yo mismo para hacerla, porque hay jugosas respuestas a cientos de preguntas que podría ofrecernos).
Tampoco se le ha podido ver presidiendo procesiones ni saraos, ni opíparas cenas de fiestas de barrio ni dando pésames indiscriminados a la puerta de tanatorios.  No ejerce de sombra alargada de ninguna facción del socialismo torrentino ni tutela a nadie dentro del equipo de concejales.  Tampoco ha aspirado a liderar corrientes críticas dentro del PSPV en los últimos congresos regionales, y me consta que ha habido quien le ha podido tentar con sus cantos de sirena para optar a cargos orgánicos en el partido.
Y lo más raro en la política actual, no ha intentado buscarse una prejubilación o un retiro más o menos honroso con algún cargo público bien remunerado. Más bien al contrario, ha decidido enrolarse en la empresa privada y buscarse el sustento con el sudor de su frente, que no es que los demás no se lo ganen, pero ustedes ya me entienden.
En definitiva, que ha resultado ser una rara avis en la situación actual en la que más de uno no sabe o no quiere dejar de tener su lugar en la política.
¿A que sí? ¿A que usted ya me entiende?

14 de agosto de 2012

Mamandurrias


(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
No sé si es correcto atribuirle la invención de la palabra a Esperanza Aguirre, pero al menos sí que le debemos a ella su popularización: mamandurria. La presidenta de Madrid se refería con ella a la relación que algunas personas establecen con la administración, basada en el subsidio y la subvención indiscriminada. Pero basándonos en su etimología (mamar), podemos ampliarla a cualquier actitud que consista en abusar de algo.
                Así, mamandurrias son lo que hacen algunos empresarios con sus empleados, a los que obligan a estirar sus jornadas de trabajo con el pretexto de la crisis; lo que hacen los funcionarios más indolentes cuando alargan la hora del almuerzo para ir a Mercadona; el que llora en Cáritas y la Cruz Roja para que los Reyes pasen por su casa mientras por su cuenta se ha comprado una consola último modelo; o el político que acepta chaquetas, anchoas o televisores de plasma de un tipo sin escrúpulos.
                Y la que más veraniega: mamandurria es también ser adolescente y ponerse ciego de alcohol, al calor de las fiestas patronales. Nada que objetar a que cada cual se divierta conforme considere más oportuno. Aquí, quien suscribe esto, también ha sido joven y ha cometido alguna locura en mayor o menor medida con la llegada de la canícula estival. Pero, oigan, las mamandurrias a las que me refiero son de otro tipo. Me estoy refiriendo a las mamandurrias que pude ver en una de las verbenas de fiestas, en la que hordas de jóvenes se acercaban a la plaza mayor con sus bolsas de mercadona llenas de alcohol, en el mejor de los casos, cuando no con unas botellas de un infecto licor –vodka  rojo–, directamente en su gaznate.
                Resulta bastante desolador ver a chiquillos de catorce o quince años en las calles anejas a la plaza vomitando, orinando o durmiendo en un portal. Más aún cuando a esos mismos chicos los conoces o conoces a sus padres, o aunque no los conozcas, piensas que bien podrían ser tus propios hijos.
                No podemos achacar estas mamandurrias a los organizadores de las verbenas ni a las asociaciones de moros y cristianos, porque se puede aplicar también a otras fiestas populares a lo largo del año. Me consta que todos ellos se toman en serio la prohibición de vender alcohol a los menores. Poco se puede hacer si ya vienen mamaditos de casa o con sus botellas en la  mano. Pero, y no estoy exagerando, o se pone coto o van a acabar con las fiestas de moros y cristianos. Prueba de ello fue la marabunta de gente joven que se concentró en la plaza Obispo Benlloch, convocados por las redes sociales, que originaron un problema de orden público que necesitó la actuación de la policía local.
                No quisiera aguarle la fiesta a nadie. Pero  estas mamandurrias no nos van a llevar a ninguna parte más que a peleas, altercados callejeros, suciedad y meadas –muchas meadas-  en nuestro casco histórico en los días que debieran ser los más significativos del año.
                Mamandurria, la palabra del verano. A ver si el año que viene tenemos una mejor.

1 de agosto de 2012

La polémica


El anuncio por parte del ayuntamiento de eliminar la falla municipal ha suscitado todo tipo de respuestas que he ido escuchando a lo largo de la última semana. Está aquel que opina que era un gasto prescindible y que bien podría dedicarse a otros menesteres. Más tarde, un fallero opina que ese dinero es más útil que se dedique a las comisiones y que, puestos a recortar del presupuesto municipal, mejor mantener las ayudas  a las fallas. Mientras tanto, llega otro que considera que ni falla ni gaitas, que cada festero ha de pagarse su fiesta y que del erario público no ha de salir ni un duro para estas cuestiones. Finalmente un hostalero de la zona lamenta que se haya eliminado porque los tres o cuatro días que había mascletà en la plaza Obispo Benlloch, aumentaba notablemente la recaudación de su caja a mediodía y también la tarde-noche del día de San José.
                Reconozco que de estas argumentaciones, todos, en mayor o menor medida podemos sentirnos identificados. Es cierto que la cosa está muy mal y que hay que eliminar los gastos que no son prioritarios, sí, pero ¿y si podemos ayudar al comercio local?
Lo mismo ocurre con las fiestas de moros y cristianos. Seguramente sean las fiestas más autónomas e independientes de todo el conglomerado festivo de Torrent. Nacieron casi de manera espontánea y poco a poco se han convertido en el motor de las fiestas patronales. Eso hay que reconocerlo. Hasta hace poco más de quince años, en la última semana de julio no se veía prácticamente un alma por la calle.  
No falta, sin embargo, quien opina que no debería apoyarse económicamente a la Federación de moros y cristianos – como tampoco a las fallas, a las clavarías o a la Semana Santa –. Tal opinión merece ser contestada con datos, y creo que son los propios moros y cristianos los que debieran recabar esa información y publicarla. Publicar cómo durante la semana que ahora empieza, los bares y restaurantes, no sólo de la zona, sino también de la avenida o de la plaza de los juzgados, multiplican por cinco o por seis su recaudación diaria; publicar que ya hay torrentinos que se dedican a la confección de estos trajes y sus complementos, actividad que les ocupa prácticamente todo el año; publicar que en la bajada de moros y cristianos del día 29, casi diez mil personas  se reúnen entre el convento y trinitarias para ver el boato de los capitanes, en los que, por cierto, cada vez más torrentinos participan con sus grupos de baile y teatro.  Publicar que de cada euro que se invierte en esta fiesta, la mayor parte la han puesto los propios moros y cristianos con sus cuotas y loterías para el beneficio y disfrute de todo el que quiera pasar por ahí estos días.
Publicar, finalmente, que todo aquello que se haga por mejorar Torrent debe ser apoyado. Y que también tenemos derecho a pasarlo bien de vez en cuando.
Porque para pasarlo mal, ya tenemos a la prima de Riesgo. ¿¡Quién será el maldito Riesgo!?

Una lanza



Mientras escribo estas líneas, el presidente del Gobierno está en el Congreso dando cuenta de las medidas que, impuestas desde Bruselas, va a tomar para atajar el déficit.  En twitter y en la radio le caen palos de todos los lados: los de derechas le reprochan que se ha quedado corto con sindicatos y partidos; desde la izquierda le acusan de ir contra los servicios públicos y de permitir los privilegios fiscales de las grandes fortunas y la Iglesia (sic. Nota: Qué grande estuvo en el número anterior Carles X. Puig explicando de una manera tan clara este punto. Enhorabuena).
                Dentro de esas medidas se contempla reducir un 30% el número de concejales. Eso, por lo poco que he leído, no significa que nuestro ayuntamiento pase de tener veinticinco concejales a diecisiete, sino que se aplica sobre otros baremos que están recogidos en la Ley de administración local y que desconozco. Tengan la seguridad de que en 2015 volveremos a elegir veinticinco.
                Aparecen entonces voces que aplauden la propuesta y en menos de media hora vuelvo a recibir dos veces correo en los que  se pide que se rebaje el número de concejales, diputados y senadores  porque, dicen, superan en número a médicos, policías y bomberos. Ignoro el número de bomberos, policías y médicos, pero, oigan, déjenme romper una lanza por el concejal de pueblo.
                Les aseguro que, tanto los del equipo de gobierno como de la oposición, le dedican más horas que muchos de los diputados, senadores o ministros, por un sueldo mucho menor. ¡Sueldos! Se habla mucho de los sueldos de los concejales, pero siempre en bruto y a lo bruto, como si su retribución no tuviera las retenciones de Seguridad Social, IRPF y demás milongas que aparecen en nuestras nóminas. Y se habla muy poco de que algunos de ellos han accedido a este cargo dejando sueldos mucho mayores, con menos dedicación y con menos responsabilidad de la que tienen ahora, y, sobretodo, sin estar sometidos a la presunción de culpabilidad de la que gozan ahora los políticos.
                Porque, oigan, ser concejal de una población como Torrent, no es fácil. Si tienen la oportunidad de pasar veinticuatro horas con uno lo sabrán. Aparte de las responsabilidades del cargo que ocupan –y que han escogido libremente y por el que han sido elegidos– y que les llevan muchas horas de trabajo en despacho (comisiones, plenos, reuniones aquí, allá y más allá) les sumamos las horas invisibles de visitar esta asociación, presidir tal reunión de aquella comisión de fiestas o dar los premios del certamen de este barrio. Y al volver a casa, aquél que te para porque en la puerta de su casa se mean los perros, otro que te cuenta su desgracia familiar y que ninguno tiene faena y ha agotado todas las ayudas municipales, y el vecino del sexto que quiere que le quiten la multa por aparcar en un vado.
                Para que, cuando llegues a casa, recibas un correo electrónico en el que te digan lo vago y lo ladrón que eres.

30 de junio de 2012

El viajero

No sé si usted lo habrá hecho, pero se ha podido leer en los principales diarios regionales, e incluso algún canal de televisión se hizo eco. Se trata de la historia de Rafael Martínez, un jubilado torrentino que se pasea todos los días en metro y que, merced a su prodigiosa afición, se ha convertido en el viajero que más utiliza el metro de toda la red. Dice Rafael que todos los días realiza diez viajes de media con su abono de jubilado y que en muchas ocasiones no sabe ni a dónde va. Cada mañana, recoge los periódicos gratuitos y a partir de ahí traza su plan de viaje matutino. El centro de Valencia, la Ribera, Llíria, el aeropuerto… o sencillamente dejarse llevar por la intuición o acompañar a viajeros despistados que no saben cómo llegar a sus destinos son muchas de las rutas que realiza Rafael en su ocupación de turista del subsuelo, como lo calificaba el diario Levante. No se queja de los retrasos y no le molestan las esperas, en contraposición con las prisas y los agobios del resto de viajeros. Ignoramos el resto de la historia de Rafael. No lo conocía hasta que su historia saltó a la prensa. No sabemos si tiene familia, hijos o nietos, cuál era su oficio antes de jubilarse y cuáles son el resto de sus aficiones, si es que las idas y venidas del metro le permiten tener alguna otra. Pero estoy convencido de que en cada uno de sus trayectos Rafael es feliz y se siente realizado. Y creo que en eso consiste la felicidad: en encontrar un sentido a nuestra existencia y mirar adelante. Piénselo durante unos minutos: Seguro que conoce usted muchas personas que han sido arrinconados por las circunstancias de la vida y no saben encontrar un motivo para levantarse cada mañana. Personas que poco a poco van perdiendo las ganas de luchar o simplemente han dejado de encontrar sentido a las cosas. Rafael lo ha encontrado en una sencilla actividad, como la de coger cada mañana el metro. Y creo que nos da una hermosa lección. Que a veces, las cosas más pequeñas, las más sencillas, son las que más nos pueden llenar. Que nos pasamos la vida esperando que ocurran cosas que nunca ocurrirán o que, en algún caso, no nos llenan cuando finalmente ocurren. En definitiva, que ponemos nuestras esperanzas en cosas que son tan endebles que cualquier problema las derriba y a nosotros con ellas. No me imagino a Rafael cada mañana, mientras repasa la prensa diaria, excesivamente preocupado por la prima de riesgo, por los mercados o por los índices del IBEX. Tampoco creo que le quite el sueño si el Valencia hace un fichaje para el centro del campo, si España gana la Eurocopa o si Cristiano Ronaldo ha vuelto a cortarse el pelo. Es decir, creo que la escala de valores de Rafael es bastante diferente a las que tenemos el resto de mortales, y, a tenor de la entrevista que le han realizado, se le ve bastante feliz. Con lo que la fórmula de la felicidad no parece ser tan complicada. Se trata de hacer lo que a uno le gusta, de disfrutar con las pequeñas cosas y de no dejar nunca de soñar. Parece sencillo, ¿no?

15 de junio de 2012

La gent del camp

(Publicado en el diario La Opinión de Torrent) Me acuerdo del granerer. Lo recuerdo paseando por el Raval con su bicicleta y su aspecto de persona que acaba de aterrizar en un mundo que no es el suyo. No sé si son imaginaciones mías, pero creo que era mudo, o al menos yo lo recuerdo con un ronquido malhumorado hacia los niños que lo mirábamos asombrados, como quien acaba de descubrir algo a la vez extraño y sorprendente. Como los recuerdos tendemos a mitificarlos, creo que fue él el último granerer. Creo que era el último miembro de una estirpe de nobles artesanos que se pierde en el tiempo y que se remonta a los albores de la fundación de nuestro pueblo. Creo que era el último eslabón de una sucesión de herederos de un arte milenario y sencillo, transmitido de generación tras generación sin apenas cambios ni novedades. Ignoro cuándo murió, ni cómo. Ignoro cómo veía él el mundo que le había tocado vivir. Ignoro cómo reaccionaría ante el plástico o los aspiradores. Ignoro si dejó familia, esposa o hijos. Ignoro el lugar donde reposa en el cementerio y si alguien va a depositar algunas flores. Todo esto me viene a la memoria cuando veo el monumento al granerer de la Avenida. Me pregunto qué habría pensado él si lo viera, tan recio y orgulloso, saludando a aquel que pasea por ahí. Sigo mi camino un poco más y veo el dedicado a “la gent del camp”. Ignoro cuántas familias labradoras de Torrent se sienten representadas por ese monumento. Cuántos labradores habrá que en su paseo por Torrent, levanten su mirada hacia esta escultura recordando a sus padres, a sus abuelos, a los suyos. En este momento me viene a la memoria de una pintada que unos jóvenes nacionalistas plasmaron en un monumento similar en Silla, allá por los inicios de la democracia:“Als llauradors, menys homenatges i més preus justos al camp” y que hoy, treinta años después, sigue gozando de una vigencia terrible. Y entonces me planteo cuándo llegará el momento en que algún niño vea al último labrador de Torrent. El día en que lo vean bajar de su furgoneta, cansado por el sol y los años, y éste les responda con un mohín de disgusto. Cuando muera y nadie lo mencione en ningún sitio. Cuando, entonces, alguien descubra que ya no quedan naranjas en Torrent. Cuando los rastrojos y los abrojos cubran lo poco que quede de huerta en nuestro pueblo. Entonces, quizá entonces, alguien se lamente y se pregunte cuándo empezamos a dejar morir el campo torrentino. Nos preguntaremos cuándo dejamos que la impunidad en forma de robos se apoderara de las tierras cultivadas. Nos preguntaremos cuándo miramos para otro lado mientras el acoso urbanístico iba cercando las parcelas de nuestro término. Cuándo permitimos que pagando por debajo de costes, los labradores se vieran obligados a ir abandonando sus cultivos porque ya no eran rentables. Cuándo consentimos que los jóvenes se alejasen del campo dejando morir una generación entera de labradores y sus conocimientos no escritos. Cuándo, en definitiva, decidimos que el campo ya no formaba parte de nuestra vida, de nuestra cultura, de nuestra historia y de nuestro patrimonio y lo dejamos morir entre homenajes y monumentos. Nos preguntaremos cuándo nos convertimos en unos miserables. Pero para entonces, seguramente, quizá ya sea tarde. Demasiado tarde.

31 de mayo de 2012

Soluciones fáciles


Yo no sé cómo no hemos acabado ya con la maldita crisis si la solución a ella está al alcance todo el mundo. ¿Qué cómo lo sé? Pues es muy sencillo, llevo escuchando varios meses ya a cientos de personas que acaban su discurso con aquello de “esto lo arreglaba yo en cinco minutos”. No importa el tema de la conversación o el ámbito de ésta: la solución debe ser drástica y radical y  no dejar títere con cabeza.
                Y allá que llega aquel que sabe cómo arreglar el desaguisado económico del pueblo: Eliminar las subvenciones a las fallas, a los moros y cristianos, a las clavarías y a las asociaciones de amigos del silbo canario. Ni un euro. Y por consiguiente se han acabado los “vinos de honor”, los centros de flores, las actuaciones musicales de la Unión o el Círculo Católico y los gastos en horas extra de la policía local o la brigada de limpieza, así como una relevante actividad económica local que alivia la labor de hosteleros, floristas, modistas, artistas y tantos pintamonas que viven del cuento de las fiestas locales.
                Más tarde viene otro que sabe cómo hacer que el ayuntamiento funcione de verdad y su planteamiento se basa exclusivamente en poner unos bonitos grilletes a los funcionarios del ayuntamiento y fiscalizar el tiempo que dedican a su cortado o a su bocata de calamares para almorzar. Así, bien controladosel rendimiento de este privilegiado cuerpo mejorará tanto que podríamos permitirnos el lujo de prescindir de varias decenas de funcionarios, aunque ello implique que la cola del paro de la calle Sagra aumente algunos metros.
                En otra ocasión uno afirma que lo que hay que hacer es suprimir todo tipo de inversión en el pueblo, porque, bien mirado, ¿para qué necesitamos reparar los socavones de la Avenida, instalar bicicletas en la calle o colocar la iluminación en Navidad? De esta manera el presupuesto municipal puede reducirse en varios miles de euros y nuestras principales calles comerciales se asemejarán más a un barrio de los bajos fondos neoyorquinos.
No faltará aquel que diga que hay que cobrar el IBI, no sólo a la Iglesia, sino también a la Cruz Roja, a las ONG locales, a los colegios, a los centros de salud, a los centros de mayores. Y además eliminar los beneficios fiscales de las familias numerosas, los pensionistas y los minusválidos. ¡Serán chupópteros!
 Finalmente nos encontramos a aquel que considera que el sueldo de los concejales es totalmente desorbitado y que trabajan pocas horas, de manera que habría que bajárselo al 50%, hacerles trabajar más horas y que su teléfono móvil esté disponible las veinticuatro horas para solucionar cualquier problema que tenga cualquier vecino: “¡Oiga, que se me ha llevado el coche la grúa, haga usted algo!” podrían decirle a las tres de la mañana a cualquier concejal. Que para eso cobran.
Y así, con estas sencillas y prácticas soluciones, ¿para qué pararnos a discutir en la ley de financiación local, que es la que tiene ahogadas a las entidades que más cerca están del ciudadano? ¿Para qué discutir acerca de la dudosa utilidad de los Planes E o Confianza, sin concretar de verdad cuáles son las competencias del Gobierno, de la Generalitat y las del Ayuntamiento
Y si es tan fácil, ¿cómo es que aún no se han presentado a las elecciones?

29 de mayo de 2012

En respuesta a José Luis

Traslado aquí el comentario que amablemente me hizo llegar el autor del blog "Ciencia explicada" para hacerme eco de sus puntualizaciones y poder darles respuesta.
Buenas Arturo, 
Soy el autor del artículo que dices que "circuló por Twitter", así que he pensado que estaría bien hacer algunas aclaraciones por alusiones, ya que seguramente ninguno de los que lo twiteó lo vaya a hacer...
Antes, te agradezco que defiendas tu punto de vista de forma razonable y con educación, sin entrar descalificando. No hay muchos así, ni en un "bando" ni en el otro la verdad.
A lo que iba: 
1) Aclarar que el artículo es ANTERIOR a la polémica de las declaraciones de Rouco (se puede ver la fecha). Es sólo para aclarar que el hecho de que se usara para "contestar a Rouco en twitter" fue por la casualidad (aunque cueste creerlo) de que me dio por escribir sobre el tema unos días antes. 
2) Que por cierto, me dio por escribir sobre el tema porque, al igual que tu dices, mirando los datos me sorprendió mucho esa aportación del 1-2%, así que creí que merecía la pena publicarlo. 
3) A partir de ahí afirmaba que si Rouco "amenazaba con quitar la aportación de la Iglesia a Caritas" no se vería resentida porque sólo afecta al 1%.
Esté de acuerdo o no con esa afirmación, sólo decir que yo nunca dije eso en mi web (ya que, insisto, lo de Rouco ocurrió días después).
4) Sobre el primer punto de tu argumento, me temo que el presupuesto desglosado que da Cáritas en sus informes ya incluye todas esas donaciones a nivel parroquial. Los donativos en especie sí que es verdad que no entran en ningún sitio, así como la cesión de espacios, difíciles de cuantificar. Aún así, desde un 1-2% hasta el 100% hay tantos millones de euros que provienen de otras fuentes que, creo, merecen llamarse ingresos mayoritarios.
5) "En segundo lugar, porque parte del error de considerar que la Iglesia sólo asume el 1% del presupuesto, cuando en realidad asume el 100%...Y creo que ahí está el quid de la cuestión. El interés en que se vea a Caritas como una ONG más, que nada o poco tiene que ver con la Iglesia, cuando son sus voluntarios -católicos y por lo tanto Iglesia- los que la hacen funcionar a cambio de nada y los católicos -la Iglesia- los que mediante sus donativos la sostienen. " 
Entiendo que muchos tengáis ese punto de vista pero creo que os falta un poco de sentido crítico, porque: a) Presentándola de esta forma, estáis dando la razón a lo que contaba en el post: que del dinero que la CEE/Iglesia recauda por la famosa casilla, casi nada va a Cáritas sino que funciona gracias a lo que aportan (en dinero y tiempo) voluntarios. b) Que Rouco diga que por pagar IBI va a tener que reducir su ayuda a Cáritas, entendido el punto anterior, hay que reconocer que es bastante... hipócrita cuanto menos, ya que aunque sí aporte algo de dinero metálico, la inmensa mayoría entra por otro lado (voluntarios privados, católicos o no, eso da lo mismo).
6) ¿Que hay que quitarle el privilegio (sic) a la Iglesia de no pagar el IBI de sus templos? Vale. Anulemos la ley y quitemos ese privilegio (sic) a todas las entidades sin ánimo de lucro, a los sindicatos, a los partidos y a todos los que se acogen a ese decreto que lo ampara.
Esto ya no tiene nada que ver con lo que escribí (ya que, recuerdo, lo hice antes de que saltara la polémica), pero te doy la razón en que a veces se ataca a la Iglesia en exclusiva cuando deberían ir todos en el mismo bloque. También es verdad que probablemente sea la Iglesia la que más inmuebles tenga de todos esos colectivos, pero no por eso habría que hacer un trato discriminatorio hacia la Iglesia dejando el "privilegio"/excención fiscal para otros. 
Y en cualquier caso, aunque se esté de acuerdo en que deban seguir sin pagar IBI tanto Iglesia como ONGs en general, los datos de la financión de Cáritas, en cuanto a dinero en efectivo, son muy, muy claros.
Un saludo.
En primer lugar me gustaría agradecer a José Luis que se haya tomado la molestia de pasarse por aquí. Nuestro blog es muy de andar por casa y me sorprende la repercusión que ha tenido mi post.
Lo que no debería sorprendernos, en cambio, es que podamos discutir o debatir acerca de este y cualquier tema con educación y sin insultos. Debo suponer que, por los comentarios que haces al inicio del post, has recibido bastantes insultos de uno y otro lado. Si en el siglo XXI lo sorprendente es que podamos hablar, ya nada debería sorprendernos.
Respecto a tu puntualización acerca de las palabras de Rouco, es cierto, yo me hice eco de los tuits que hacían referencia a tu publicación y te la atribuí. Rectifico: la conclusión es de los que hicieron RT -el famoso RT- con el enlace a tu blog.
Vayamos al meollo. Sigo manteniendo que es la Iglesia quien sufraga la actividad de Caritas. Y me cuesta creer que el presupuesto que ilustra tu blog incluya todas las Caritas parroquiales de toda España porque me consta que algunas no tienen la capacidad de elaborar un presupuesto, ni siquiera un balance. Dando por bueno el dato de que sí incluya la actividad de todas las delegaciones de Caritas, y que los porcentajes sigan siendo 1% -68% -32%, me reafirmo en que el 100% es ingreso proveniente de la Iglesia. Para ello hay que conocer mínimamente el funcionamiento de una parroquia media, en la que las colectas y los donativos son prácticamante la única fuente de ingresos y que es el párroco, ayudado por algunos feligreses, quienes tienen que hacer "ingeniería contable" para poder llegar a todo.
Por ilustrar con un ejemplo, conozco muy bien una parroquia en la que la última partida en cubrirse era la nómina del cura, después de haber cumplido con los gastos de funcionamiento (luz, teléfono, suministros, alquileres, hipotecas), los gastos pastorales (material para la catequesis) y la labor de Caritas y otras similares (Manos Unidas, Domund, pastoral de enfermos, pastoral penitenciaria...etc). Te puedo asegurar que las más de las veces esta última partida se podía completar gracias a la llamada insistente del párroco a personas de la parroquia para que socorrieran tal necesidad y que su nómina (unos ochocientos euros) dejaba de cobrarse. Además él reconocía que no la necesitaba porque no pagaba alquiler y sus gastos ordinarios eran mínimos, ya que muchas veces es la feligresía quien atendía sus necesidades (comida, limpieza o ropa), por lo tanto tampoco se asignaba ninguna medalla.
Como apunta Rafa en el comentario anterior, ese 1 o 2% no proviene de la famosa X, sino del reparto de campañas que a nivel nacional se organizan. Por ejemplo, el Jueves Santo es el día del Amor fraterno, y la colecta va destinada a Caritas, no parroquial, sino Diocesana, que imagino que a partir de ahí distribuye hacia otras Caritas "deficitarias". Es sencillo imaginar que en Caritas el balance siempre es asimétrico. Si hay mucha necesidad en un parroquia, los ingresos son mínimos, y si los ingresos son cuantiosos, la necesidad es mínima. Siguiendo tu argumentación, deberíamos afirmar entonces que la Iglesia no sufraga nada de ese 100%, porque como institución no lo aporta y ahí está el error que creo que tienes: Los fieles católicos son la Iglesia y por lo tanto los que mantienen la labor de Caritas. La Iglesia financia a Caritas, como financia la labor de los misioneros en el tercer mundo, la atención a enfermos, los cursillos prematrimoniales o las catequesis de primera comunión.
A partir de ahí es fácil entender que si a una parroquia se le grava con el IBI, que lo pagará la parroquia, no la CEE, vea mermada su capacidad de actuación en todas sus partidas y que, por lo tanto, podría verse afectada Caritas, como podría verse afectado el gasto en material escolar, por poner otro ejemplo. Quiero creer que la polémica gira en torno a Rouco y lo mal que cae en el resto de la sociedad y que se han querido darle un carácter chantajista a sus declaraciones, que no tenían.
Ahora bien, y eso da para otros muchos posts, otro día podríamos hablar de la relación entre la Iglesia y los medios de comunicación  y lo mal que comunicamos tantas cosas.
Pero eso para otro día.
Un abrazo.

23 de mayo de 2012

Tuits, IBI y Caritas

Decíamos ayer que convenía tener en cuarentena todo aquello que no seamos capaces de contrastar por nosotros mismos.Viene todo esto a colación de la polémica que ha arreciado estos últimos días acerca de la Iglesia, el IBI y las declaraciones de Rouco Valera acerca del impuesto. Básicamente -y así lo recogen en el cuerpo de la noticia Público.es, El País, El Mundo o ABC- el cardenal afirmó que la Iglesia se somete a la ley, como tantas entidades sin ánimo de lucro, y que está exenta de pagar el IBI. Y que si cambia la ley, pues se pagará el impuesto, pero que, obviamente, esto podría repercutir en la labor social de la Iglesia, como la de Caritas. El razonamiento es bastante obvio. Si tengo 100 € de presupuesto, de los cuales 80 van para Caritas y 20 para otras cosas, si además tengo que pagar 10 € de IBI, me quedan 70 € para Caritas, por lo que lo lógico es que el resto de partidas bajen para compensar el impuesto, salvo que, como dice el cardenal, los fieles amplíen su colaboración. Y si hay que pagar, se paga, que la Iglesia no es una excepción en este campo. Las entidades sin ánimo de lucro no lo pagan tampoco. Y además, estamos hablando de que sólo están exentos los edificios dedicados al culto o a la evangelización. La vivienda de un sacerdote, por ejemplo, sí paga el IBI. Hasta ahí todo claro, ¿no?.
    Pues no. A tenor de los titulares de los diferentes diarios, las declaraciones de Rouco son un razonamiento de lo que ocurrirá si se paga el impuesto -habrá menos dinero para otras cosas- excepto para Público, que es una amenaza en toda regla de eliminar la labor social de Caritas.
    Y ahí entró el twitter. Circuló un post en un blog en el que se afirmaba que ¡La Iglesia sólo cubre el 1% del presupuesto de Caritas! Como no me lo podía creer, leí antentamente el artículo.  Basándose en datos de alguna diócesis, explicaba, con razón, que el presupuesto de Caritas se basa sobre todo en dos partidas de ingresos: Subvenciones (38%)  y donativos (61%) y que el resto lo aportaba la Iglesia (un exiguo 1%). A partir de ahí afirmaba que si Rouco "amenazaba con quitar la aportación de la Iglesia a Caritas" no se vería resentida porque sólo afecta al 1%. Hay que decir que los datos son correctos. Son de la propia Caritas Nacional. Pero parten de dos premisas totalmente equivocadas: 
  • La primera, considerar que el presupuesto de Caritas a nivel nacional, es el de Caritas en España,  incluyendo las caritas diocesanas o parroquiales, cuando no es así. Para entendernos utilizaré un símil: Es como si considerásemos que el presupuesto de la Federación Española de Fútbol es el presupuesto del fútbol español, sin considerar los de cada uno de los clubes (desde el Madrid y el Barça al modesto Barrio La Luz CF) o de la propia LFP. Es imposible cuantificar, por tanto, cuál es el presupuesto de Caritas en España, aunque ya les digo que la proporción de 61-38 se disparará a niveles de un 90-10, puesto que las caritas parroquiales se nutren prácticamente de manera exclusiva de las aportaciones de los fieles en el cepillo parroquial. Eso sin contar con los donativos en especie: muebles que se regalan; carritos de bebé, alimentos o ropa que se proporcionan a familias sin recursos;  recibos de luz, teléfono o gas que se pagan; alquileres e incluso recibos de préstamos que asumen matrimonios y familias porque no se pueden pagar...y un larguísimo etcétera imposible de relatar, al menos aquí.
  • En segundo lugar, porque parte del error de considerar que la Iglesia sólo asume el 1% del presupuesto, cuando en realidad asume el 100%. Me explico. La Iglesia no tiene recursos propios, salvo los que pueden derivarse de alguna actividad económica como alquileres, fundaciones, etc. que siempre será un porcentaje ínfimo en el montante total. Lo lógico es que Caritas, como institución de la Iglesia, se financie con los donativos de los feligreses (las colectas del domingo y las aportaciones que éstos hacen de manera periódica) y las subvenciones a las que concurra. Eso sin contar que en la mayoría de ocasiones, los gastos derivados del funcionamiento de Caritas -teléfono, papelería, material, locales...- los asume directamente la parroquia por usar las dependencias de ésta.
    Decir que la Iglesia no financia a Caritas porque la mayoría de ingresos provienen de particulares y subvenciones es un absurdo. Volviendo al símil futbolístico es como decir que el Barça no le paga el sueldo a Messi, sino que lo hace de manera altruista Nike, los socios o los accionistas de Mediapro, sin que medie el Barça por ningún lado. Y creo que ahí está el quid de la cuestión. El interés en que se vea a Caritas como una ONG más, que nada o poco tiene que ver con la Iglesia, cuando son sus voluntarios -católicos y por lo tanto Iglesia- los que la hacen funcionar a cambio de nada y los católicos -la Iglesia- los que mediante sus donativos la sostienen.
    ¿Que hay que quitarle el privilegio (sic) a la Iglesia de no pagar el IBI de sus templos? Vale. Anulemos la ley y quitemos ese privilegio (sic) a todas las entidades sin ánimo de lucro, a los sindicatos, a los partidos  y a todos los que se acogen a ese decreto que lo ampara. Sin embargo, no he escuchado a nadie que lo reclame.
   Y si se trata de recaudar más IBI, eliminemos también los beneficios fiscales a las familias numerosas, a los ancianos, a los parados y a los minusválidos. 
    Así yo también pagaré un poco más de IBI.