23 de septiembre de 2011

¡A ver, a ver!


(Publicado en La Opinión de Torrent)
No acabo de entender esa necesidad insana que tienen algunos en conocer el patrimonio de los políticos. Se está imponiendo la moda y la encuentro del todo absurda, es más, provoca pueriles y estériles debates demagógicos al más puro estilo 15M y su tan manido “todos los políticos son iguales” o “no nos representan”. Porque, digo yo, a qué criterio obedece que tengamos que jugar la labor de un diputado, un ministro o un sencillo concejal de una aldea gallega a partir del incremento de su cuenta corriente o su casita en el campo.
Digamos que fuera ése el objetivo: fiscalizar el enriquecimiento supuestamente ilícito de algún cara dura. Imagínense, pues, lo estúpido que resultaría comprobar que un diputado publica que tiene en el banco dos millones de euros de los que no puede dar explicación, ¿habrá algún tipo lo suficientemente corrupto para sustraer esa cantidad y luego acabar siendo tan torpe como para pregonarlo a los cuatro vientos? O pongamos otro caso: por ejemplo el alcalde que, a costa de varios PAI y recalificaciones de dudosa intención y legalidad, se ha hecho con algunos terrenos que ha revendido después obteniendo unas importantes plusvalías y pingües beneficios. ¿No cree usted que será lo suficientemente inteligente como para no tener nada a su nombre y registrarlo a nombre de testaferros, sociedades y otros familiares?
                Lo dicho, que lo veo de poca utilidad y, además, perjudica, como siempre, a aquel que, sólo por el hecho de haberse dedicado a la política, está en el punto de mira de todos,  mientras la sombra de la corrupción le sobrevuela en forma de miradas inquisitoriales por parte de sus vecinos. ¿A santo de qué necesito yo saber si el portavoz de un partido tiene una, dos o tres casas, si custodia sus ahorros en tal entidad o si mantiene una deuda hipotecaria del chalet de la montaña? ¿Para qué quiero yo conocer si un concejal de la oposición conduce dos coches o si ha financiado alguna compra con tarjeta de crédito?  ¿Es mejor la alcaldesa por tener el piso a su nombre que si lo hubiera heredado? ¿Votamos a los políticos sólo si tienen un régimen de gananciales con sus cónyuges o preferimos que tengan separación de bienes? Efectivamente, son chorradas.
                En cambio, sí me parece de una importancia mucho mayor conocer quiénes son los políticos que nos representan. Por ejemplo, deberíamos saber qué formación tienen nuestros concejales. Porque a mí sí me parece algo a tener en cuenta. Y no porque crea que a mayor formación intelectual o universitaria, mejor será la gestión del concejal. Al contrario. Es más, creo que el/la mejor concejal/a de este ayuntamiento sólo tiene estudios primarios. No, no es por eso. Sino porque me parece que sería un ejercicio de verdadera transparencia saber qué ha estudiado, a qué se ha dedicado hasta la fecha y sobre todo, dónde vive aquel que luego se va a encargar de gestionar la educación, promover el empleo y cuidar nuestros barrios.
                Y no sé por qué, pero me da que en esta cuestión la transparencia da paso a los tan odiados eufemismos, de manera que aquel que no ha doblado en su vida la espalda, o jamás ha pisado un instituto o una facultad, engorda sus currículos con relamidas expresiones para ocultar que es un torpe, un vago o, en el peor de los casos, las dos cosas.
                ¿Se animan?

9 de septiembre de 2011

Oltrismo


(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
Si usted tiene la costumbre de leer esta columna, cosa que le agradezco, quizá recuerde un artículo aparecido en el mes de junio a colación de la estrafalaria toma de posesión que realizaron los concejales del Bloc-Compromís-Plataforma per l’Hospital. En aquella ocasión lamentábamos la deriva sensacionalista que estaba sufriendo esta coalición, dirigiéndose sin remedio a una oposición de pegatina y camiseta, pero vacía de contenidos.
                Han pasado sólo unas semanas y el tiempo nos ha dado lamentablemente la razón. Y fue, claro, en la tradición más trasnochada del anticlericalismo irracional, a la que está abrazándose  un partido que sigue insistiendo en su carácter transversal, que aglutina a todo tipo de sensibilidades, pero que cuando puede saca su vena laicista. Ya ocurrió con la Universidad Católica y ha ocurrido ahora que Torrent ha acogido unos ochocientos peregrinos italianos que venían a la Jornada Mundial de la Juventud –que por cierto, se han ido encantados de nuestra población, de sus monumentos y de sus vecinos.
                El mecanismo ha sido sencillo. Las parroquias de Torrent se pusieron en contacto con el Ayuntamiento para solicitar la utilización de espacios públicos, como el Pabellón de El Vedat (debe tratarse de un espacio que nunca se cede para ninguna actividad, visto lo visto) y el Ayuntamiento lo cedió. Pero claro, salió el 15M protestando en Madrid y alguien en el Bloc debió pensar que se podría pescar en aquel caladero y formuló la pregunta: “¿Ha habido trato de favor a la Iglesia?” ¡Y claro que sabían la respuesta! ¡Claro que sabían  que se han realizado los trámites pertinentes! ¡Claro que el Ayuntamiento cede espacios públicos –calles, plazas, locales municipales–  para todo bicho viviente! Pero lo importante era, en el mejor estilo Mourinho, poner el dedo en el ojo para preguntar después si duele.
                Ya no debería extrañarnos, pues, que el Bloc-Compromís-Plataforma per l’Hospital haya optado por la oposición de pegatina y camiseta, por dos motivos fundamentalmente. El primero, porque resulta más sencillo acogerse a la irresponsabilidad que a la seriedad, especialmente en un partido minoritario que difícilmente puede optar a la tarea de gobierno, más aún si continúa con esa línea. El segundo, porque de las dos facciones y estilos que conviven en el Bloc-Compromís en la Comunidad Valenciana, representados por su bicefalia Morera-Oltra, está triunfando esta última.
Por lo visto no les ha debido parecer que sea acertado, dadas las circunstancias actuales, realizar una oposición constructiva y responsable y han optado por la  representada por la popular portavoz en las Cortes Mònica Oltra, que se ha hecho famosa por llevar camisetas de todo a cien al pleno regional, con eslóganes que sonrojarían al mismísimo Mocito Feliz. De esta manera, podemos decir que el oltrismo ha vencido al morerismo,  que parecía iluminar la gestión de esta coalición en Torrent en los últimos años, que tan buenos resultados electorales le dieron las elecciones anteriores y que parecían haber asentado el valencianismo moderno en el espectro político de nuestra comunidad y nuestra población.
¿Qué es el oltrismo? Yo se lo defino con un símil: El oltrismo es a la política valenciana actual lo que el landismo fue al cine español de los 70. Algo que pretende escandalizar enseñando mamella política (metafóricamente, gracias a Dios, que no me imagino semejante visión) pero que acaba convirtiéndose en algo grotesco, desfasado, ridículo, histriónico, patético, esperpéntico y carpetovetónico.
Ya veremos qué tal les va.