15 de agosto de 2011

Un gran hombre


(Publicado en La Opinión de Torrent)
En una edición anterior de La Opinión, me preguntaba cuántos de nuestros vecinos, que ahora andan haciendo números para poder disfrutar de su descanso estival, serían capaces también de renunciar a recibir una subvención para su asociación –festiva, cultural, religiosa o deportiva – en estos tiempos que corren. Debí de tocar alguna tecla porque recibí toda clase de comentarios por internet en el que unos y otros aplaudían o criticaban la idea de reducir las aportaciones municipales a las entidades de nuestro pueblo.
Una vez más, y con su afán constructivo, nuestro buen amigo Carles, compañero de fatigas en esta misma página, el Xocolater, cerraba el debate con su cordura: Si yo aporto de mi esfuerzo, de mi dinero y de mi tiempo todo lo que puedo para hacer una fiesta, como han sido ahora los Moros y Cristianos, que todos pueden disfrutar y que han ayudado a engrandecer nuestras fiestas patronales, que andaban de capa caída –no  hay que olvidarlo – es lógico que el Ayuntamiento apoye esta fiesta.
Y en eso andaba pensando yo cuando veía la bajada infantil de este año, por cierto, qué gran acierto ha tenido la Federación con esta iniciativa, cuando me entero de que ha fallecido el jefe de Protección Civil, Juan Bertomeu. No lo conocía personalmente, sólo de vista, e ignoraba cuál era su puesto en la organización, pero leyendo la cascada de comentarios que aplaudían su persona, lamento no haberlo hecho. Es difícil concentrar tal unanimidad a la hora de despedir a un vecino, hasta el punto de destacar que había estado al pie del cañón hasta hacía sólo unos días, por encontrarnos en plenas fiestas patronales, en las que la labor de Protección Civil es tan importante y necesaria para el desarrollo de los actos previstos.
Así, viendo el trabajo de sus voluntarios,  me preguntaba cuántas personas anónimas hay en nuestro pueblo que con su abnegación y trabajo desinteresado ayudan a que podamos disfrutar de tantos y tantos actos como hay en nuestra población cada semana. Gentes a las que no conocemos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres. Y, ¿a cambio de qué? Pues a cambio de ver que el trabajo ha sido hecho; a cambio de la satisfacción de sentirse parte de un engranaje en el que hay muchas piezas y todas son importantes; a cambio de llegar a casa, quitarse la gorra y  poder ver luego en la tele, en internet o en la prensa, que el acto ha sido un éxito.
Pero no sólo en Protección Civil. ¿Se ha parado usted a pensar en la cantidad de familias que acuden a solicitar ayuda a Cáritas o a la Cruz Roja, por poner un ejemplo? Seguro que usted ha visto a algún voluntario de la Cruz Roja acompañando a algún anciano por la Avenida. O a las personas que colaboran en Cáritas o en la Comisión de ayuda al Inmigrante. Porque todos los que allí desempeñan su labor lo hacen también sin cobrar, por una motivación u otra, pero siempre persiguiendo un mismo fin, que no es otro que el de poner su pequeño grano de arena para que este pueblo sea mejor.
Al día siguiente vi la comitiva de coches de Protección Civil que acompañaba a su último viaje a Juan. Y a continuación, volví a ver a sus voluntarios en la trabucà. Qué gran homenaje le estaban tributando a su jefe.
Descanse en paz.