3 de junio de 2011

14-9-2


(Publicado en el útlimo número de La Opinión de Torrent)
No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero pasada la campaña uno tiene la sensación de que los diferentes candidatos de los partidos han sido abducidos por un ovni durante la jornada electoral y han sido sustituidos por otros. De otra manera no se entiende que se pasen quince días autoproclamándose alcaldes o presidentes al día siguiente de las elecciones hagan una lectura tan diferente de los resultados, especialmente si no han sido los esperados.
                Pongamos por ejemplo al candidato socialista para estas últimas elecciones, que afirmaba la noche del 25,  en declaraciones a la prensa, sentirse satisfecho por obtener un tercio de los votos emitidos y cosechar los peores resultados del PSOE en Torrent. Que me lo expliquen. Ya insinuábamos en el anterior artículo que Campos no aspiraba a ser alcalde de Torrent y que daba por hecho que seguiría siendo Català. Y lo cierto es que lo pensaba él y todo el pueblo. Pero, ¡nos llama tanto la atención que se pasara quince días diciendo que él iba a ser alcalde cuando en su fuero interno pensaba no serlo! Y no valen excusas justificando los resultados en que “la gente ha votado en clave nacional”, cuando justamente los socialistas torrentinos han basado su campaña y su oposición en “clave nacional” defendiéndose de su indolencia en estos cuatro años en los proyectos del Plan E. Proyectos que, por cierto, apoyaban en pleno y criticaban en la calle, en un nuevo ejercicio de cinismo al que ya comienzan a acostumbrarnos. De ahí que la palabra dimisión haya desaparecido del vocabulario político.
                Tampoco debería echar las campanas al vuelo el PP local. No es ningún secreto que esperaban  un resultado más cómodo y holgado del obtenido y no se conoce hasta el momento ninguna dosis de análisis del porqué, con el viento de cara y una oposición en deconstrucción, no se ha llegado al decimoquinto concejal. Tiempo habrá para analizarlo, pero la experiencia del PSOE en 2007 es tan clara que obviarla sería un suicidio político.
                Quien más triunfador se podía sentir la noche de las elecciones era Sento Beguer. Sus mil nuevos votos tienen un origen clarísimo: la renuncia del gran partido de la oposición a presentar una lista de carácter progresista y valencianista. Ahí han sabido pescar, y a fe que era difícil. Poco engaña el BLOC, aunque se empeñe en complicarnos la vida con la caterva de nombres y coaliciones con las que se presenta. Sabemos a qué juega y con qué armas y ahí están los resultados. Ahora bien, duplicar el número de concejales dignifica también duplicar la responsabilidad. De qué manera gestionará este éxito Beguer y cómo ahondará en un discurso político más maduro y serio que las salidas ocurrentes a que nos viene acostumbrando, son una verdadera incógnita y, seguramente, la clave de que las dos actas de concejal no hayan sido  producto del excesivo personalismo que el propio Beguer tiene en Compromís/Bloc/Plataforma  o como se Dios quiera que se llamen.
                Me niego, en cambio, a hacer un ejercicio de reflexión acerca de los resultados del partido que se ha convertido en la quinta fuerza en número de votantes. Poco me importa que cosechen más de mil votos y que, como he leído en algún sitio, haya que pararse a pensarlo. Quienes deben hacerlo son, sin duda alguna, las personas que les han votado.
                Porque, como decía aquél, “hay gente pa’ tó”.

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