6 de mayo de 2011

Lluvia de tontos

(Publicado en La Opinión de Torrent)

Psst. ¡Oiga! ¡Sí, sí, usted, que sostiene el periódico de La Opinión en sus manos! ¿Hay alguien ojeando detrás de usted? ¿Está usted seguro? Entonces acérquese. Sí, aproxímese bien a estas líneas porque voy a revelarle un secreto que hemos guardado en mi familia durante muchas generaciones. Es algo así como la receta de la Coca-Cola, pero para Torrent. ¡Cuidado, que alguien viene! ¡Disimule, corcho! ¿Ya? Le advierto de antemano que conocer este secreto podría hacer tambalear las estructuras y los cimientos de la sociedad torrentina, pero yo ya sé de su discreción y prudencia. ¿Está preparado? Pues allá va: En abril suele llover.
¿Qué? ¿Qué le parece? ¿Cómo se ha quedado?... ¿Cómo…? ¿Que ya lo sabía? ¿Que hay refranes que lo confirman? Pero yo creía que este era un secreto que custodiaba mi familia desde los tiempos de Mari Castaña ¿Entonces usted ya lo conocía? Me deja usted helado. ¿Y cómo dice que era ese refrán? ¿“En abril, aguas mil”? ¡No me lo puedo creer! ¿Y en valenciano también? ¿Cómo es? ¿“Si plou en San Marcos, quaranta dies en xarcos”? Claro, San Marcos es el 25 de abril, día de infausto recuerdo por otra parte. A lo mejor lleva usted razón.
Pero me deja usted de piedra. Yo pensaba que esta información que le he revelado era algo así como un legado de alguna logia masónica que debíamos conservar oculto durante el mayor tiempo posible. Quién sabe si hubiera podido dar para algún argumento de una exitosa novela de esas que están ahora tan de moda. Imagíneselo: una peligrosa secta quiere hacerse con el control del mundo dominando la meteorología, pero solo les separa de su abyecto objetivo el secreto de las lluvias de abril que custodia una familia torrentina. ¡Al garete el secreto, la novela y la película y con ellos los pingües beneficios que esperaba cobrar! Si hasta había imaginado el reparto y todo: Tom Cruise sería el malo, Scarlett Johansson, la buena, huelga decirlo. Y el prota, teniendo a esa chica en el plantel, podría haber sido yo, que seguro que el guión exigía beso y apretón.
Pues fíjese que estamos en último tercio de este artículo y me ha dejado usted sin palabras. ¿Qué? ¿Que por qué vengo ahora con esta chorrada de las lluvias de abril? Porque pensé que nadie en Torrent debería saberlo por lo del Viernes Santo. ¿Que qué pasó? Ocurrió que la procesión del Santo Entierro, desafiando la tímida lluvia que caía aquella tarde, salió por las calles de nuestro pueblo hasta que el chaparrón era inminente y la prudencia aconsejaba resguardarse en casa, suspendiendo la procesión. Yo participaba en ella, ¿sabe usted? Y entonces oí los calificativos que algunos de los que allí estaban dedicaban a los responsables de la Junta Central. Y leí más tarde los comentarios que, en este mismo periódico, en su versión digital, les dirigían a aquellos mismos responsables, entre los que cuento algunos amigos y a los que tengo en alta estima. Algunos ponían el grito en el cielo porque se suspendiese. Otros clamaban que era la segunda vez en pocos años. Los menos se aferraban a la historia y numeraban las veces que ha habido que suspenderla para afear a la Junta que tomase aquella decisión, que resultó de lo más acertada.
Y pensé si no sería que aquellos estúpidos debían de ignorar que en primavera lo más normal es que llueva.
Lo que ignorábamos tantos es que llovieran tontos.

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