7 de abril de 2011

Evolución


Oiga, no me diga que no son ganas de querer llamar la atención. De querer acaparar un protagonismo que de otra manera sería incapaz de obtener. No sé si fue Andy Warhol el que dijo que todo el mundo quiere sus cinco minutos de gloria y a la vista está que hay gente que para conseguirlos “ma-tan”. Me estoy refiriendo al friki este de Paterna que reclama ser rey de las fiestas patronales del pueblo vecino.
                Sí, sí, todo lo que quieran. Que está en su derecho. Y que desde Leyre Pajín quiere averiguar cuantas más cosas de nuestra vida gracias a la nunca bien ponderada “Ley de Igualdad de trato”, no está bien eso de discriminar por razones de sexo. Bendita chorrada. Como si toda la vida no estuviera basada en una lucha por evitar ser discriminado. Ahora que los ateos laicistas más beligerantes enarbolan la bandera de Darwin para negar la existencia de Dios, deberían darse cuenta de que Darwin lo que dijo básicamente era que la vida se abre paso discriminando al lento, al feo, al torpe y al bobo. No me imagino a aquella tortuga tan famosa que llevaba consigo diciéndole al oído al bueno de Darwin que no se debe discriminar y que se deben dar las mismas oportunidades a todos, para no herir sus sentimientos y reforzar su autoestima. Si así fuera, hoy no seríamos más que unas bacterias en el agua. O con suerte un platelminto, que no sé lo que es, pero con un nombre tan feo tiene que molar.
                Imagínense que la educación no se basará en discriminar al trabajador y al estudioso, frente al vago y al haragán. Y que todos ellos (y todas ellas) pudieran ir a la Universidad a estudiar (algunos ahora lo llaman “pasar por la facultad”) Medicina o Arquitectura. Que levante la mano quien quisiera vivir en una casa construida por un arquitecto (o una arquitecta) no discriminado/a por razones de esfuerzo estudiantil. O aquel que, habiendo sufrido un infarto de aúpa, prefiera que lo trate un médico (o una médica, si es posible de una nacionalidad confusa) con un expediente tan yermo como la despensa de Fernández de la Vega. Pues eso.
                ¿Es discriminar que sólo una mujer pueda ser en Torrent Reina del Encuentro, Fallera Mayor o Musa de la Música? Eso es una absoluta memez. Y además es mentira. Porque si así fuera, añadamos más discriminaciones, a saber: presencia, simpatía, economía, altura o belleza.  No me imagino a los padres de una fallerita denunciando a la Junta Local Fallera por no haber elegido a su hija al ser un poco regordeta, medir quince centímetros más que el resto o tener un ojo vago. Elegir a alguien significa no elegir a otros y eso es discriminar. Y vive Dios que agradecemos que se discrimine en algunos aspectos de nuestra sociedad y lamentamos que no se haga más en algunos otros.  Por ejemplo yo empezaría a discriminar un poco más en las listas de los partidos. Como dice aquél, “n’hi han un tall de huits i nous i cartes que no lliguen!” y es que tiran para atrás de tan pavoroso ejercicio de falta de carácter, carisma y cercanía de algunos de sus miembros.
                Sigamos a Darwin y discriminemos al bobo que nos hace perder el tiempo con chorradas y a los bobos que los siguen. A ver si en un par de generaciones la especie ha evolucionado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vaya, y yo creyendo que los católicos eran creacionistas (con su arenga de que todos somos iguales ante Dios NS) y no evolucionistas (con Darwin y la supervivencia del más fuerte).

Si acabaremos hasta por creernos que el verdadero partido que vela por los derechos de los trabajadores es el PP.

Estan locos estos romanos!!!