26 de enero de 2011

Macho Levante

Uno cree que con la edad, el trabajo asentado, los niños, la hipoteca, y todas aquellas cosas que acaban por anclarnos en este mundo que nos ha tocado vivir, ha llegado a la plenitud de los tiempos y que todo ha alcanzado un punto que conviene mantener. Así, uno se confía e imagina que el resto de vida que nos quede por delante irá pasando paulatinamente sin demasiados sobresaltos. O al menos eso espera. Pero no.
Va y llega el Levante a nuestras vidas. Hasta hace unos meses era como el primo lejano del pueblo. Aquel a quien no saludábamos más que en alguna boda o en algún funeral. Aquel, por qué no decirlo, de quien nos hemos llegado a avergonzar cuando se subía encima de una mesa -o una palmera- a entonar alguna canción que nos cantó alguien de pequeños, pero que ahora hemos llegado a olvidar.
Y entonces un día nos cruzamos y nos miramos extrañados. Se nota que no estamos cómodos, que las palabras no pasan del socorrido "¿qué tal por casa?" "¿y los papás?" o "dales recuerdos". Pero poco a poco va fluyendo la conversación y empiezas a disfrutar de su compañía. Dejas de mirar el reloj ansioso de poder seguir tu camino y te sientas con él, riéndote con sus ocurrencias y llorando con sus penas. Y así llega el día en que te ves en Orriols, bufanda en ristre, cantando el gol de Caicedo ante el Atleti como hace unos meses cantabas los de Villa. Y el lunes te contemplas a ti mismo mirando contra quién juega el Almería, el Sporting o el Zaragoza. Y maldices en el tiempo de juego el gol del Osasuna contra el Athletic o cantas el de Cristiano ante el Rácing. Y no pegas ojo porque,  a pesar de que tu Valencia lleva cinco jornadas sin perder y está en zona champions, este Levante jodío no acaba de despegar de la zona de descenso. Y así, el último plan que pensabas que harías en esta vida es llevar a tu amigo, con el que tantas tardes has pasado en Mestalla, el próximo sábado a ver si de una vez por todas le metemos cinco al Geta y salimos del pozo.Y le adviertes que en algún momento nos gritarán aquello de "choto el que no bote" y tú y él, y decenas de personas que se han convertido al levantinismo sin renegar de su valencianismo, os esconderéis con una sonrisa picarona en su butaca.
Y sabes que en el fondo, estás disfrutando como un niño. Porque de eso se trata, de disfrutar el fútbol.
Y este Levante me ha devuelto esa ilusión.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy grande. Dedicado para los que los empates les saben a victorias y las victorias a titulos.

Miope dijo...

Traidor. Mala diarrea te dé.

www.elcarrermajor.com dijo...

Qué va. Pero vente un día a verlo y a sufrir y me entenderás.