11 de noviembre de 2011

El padre Costa


(Publicado en el último número del diario La Opinión)

Un padre pasea por la Avenida con su hijo y se detiene enfrente de un edificio en obras. Unos operarios se afanan por dar los últimos toques a la reforma de una tienda de esas que inundan los comercios de nuestra población. El niño curiosea entre las rendijas de las ventanas para ver qué hay en su interior, cuando el padre le dice:
- Esto fue un cine hace muchos años.
El niño abandona rápidamente su espionaje para someter a su padre a un interrogatorio: ¿Qué películas viste aquí, papá?; ¿Te traía tu padre, papá?; ¿Venías con tus amigos al cine, papá? y así continúa un buen rato, hasta que se encuentran a un amigo del padre. Se trata de un antiguo compañero de colegio y bromean acerca del destino de aquellos edificios que fueron representativos de su infancia, para dar paso a los recuerdos de los años vividos en la escuela.
- ¿Sabes que ha muerto el padre Costa? - le dice el amigo. Y el padre hace un gesto de disgusto negando con la cabeza. No, no lo sabía. Y lo siente. Se despiden finalmente prometiendo hablarse y verse más a menudo.
Ahora continúan el paseo el padre y el hijo, pero al padre algo le pasa por la cabeza, hasta que finalmente toma la palabra y se dirige de nuevo a su hijo:
- El padre Costa era un cura del colegio al que tú vas. Seguramente ya no lo hayas visto, porque era un poco mayor. Al papá y a los tíos les dio clase y los entrenó al fútbol, porque el padre Costa, como todos los frailes, estaba convencido de que el deporte era fundamental en la formación de los chavales.
- ¿Tú jugabas al fútbol, papá?- le pregunta el niño, asombrado.
- Sí, hijo, aunque yo era bastante malo. Los martes, el padre Costa nos subía a algunos a la furgoneta y nos íbamos a entrenar a unos campos de tierra que estaban donde vive ahora tu amigo Marcos. Un día vino muy contento porque un exalumno del colegio que jugaba en el Valencia había marcado tres goles al campeón de Europa.
- La seño nos dijo el otro día que hay un alumno del cole que juega en el Valencia ahora.
- Es  cierto - contesta el padre- y ¡quién sabe si algún día tú llegarás también a debutar en el nuevo Mestalla!
La pareja se va acercando a casa y el padre retoma su narración.
- Cuando el padre Costa quería hablar con los yayos,  no los llamaba al colegio, sino que iba él a sus casas. Decía que así podría conocer mejor las familias. Y luego en clase nos enseñó muchas cosas que no estaban en los libros, pero que nos hicieron querer más esta tierra y sus gentes.
Ya han llegado a la puerta de casa y el padre coge al hijo fuerte de la mano y le dice:
- En esta vida hay dos tipos de personas, hijo: los que se avergüenzan de quiénes son y los que llevan con orgullo su origen. Acuérdate de esto toda la vida y respeta a quien te quiera ayudar a ser mejor persona.
- ¿Cómo el padre Costa, papá?
- ¡Ojalá en tu vida encuentres muchos “padre Costa”, hijo! -contesta el padre mientras entren en el portal.
- Así, cuando tenga yo un hijo y pasee por la Avenida le diré, “cuando yo era pequeño…”.

28 de octubre de 2011

Previsiones

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
Me gustaba mucho en clase de Historia escuchar aquello de los planes quinquenales de la URSS. Ya saben, unos planes a cinco años vista para potenciar el desarrollo del país. El planteamiento me parecía de lo más acertado: prever por anticipado cuál va a ser el crecimiento y el desarrollo para actuar en consecuencia. Me pregunto si de esta manera habríamos cometido menos errores que nos han conducido a la situación actual, en la que algunos servicios públicos se ponen en entredicho por falta de financiación.
Imaginemos, pues,  que estamos diseñando el Torrent de 2020 y que los expertos nos dicen que para entonces seremos cien mil torrentinos. Habría que prever, por tanto, cuántos colegios necesitaríamos para los niños que habrá; si los transportes públicos actuales serían capaces de soportar esa población;  o si las infraestructuras sanitarias estarán preparadas para un porcentaje tan elevado de ancianos como se puede esperar que haya.
                Parece un planteamiento sensato, ¿verdad? Pues lo cierto es que sí se hace y eso es lo que nos deja pasmados. En teoría sí se ha estudiado qué necesidades en materia educativa,  sanitaria y de infraestructuras tendría Torrent desde hace algunos años. Esa responsabilidad, compartida entre la administración local y autonómica, debería, por lo tanto, haber previsto el colegio número 10 y 11, el famoso hospital y el soterramiento de las vías, por poner sólo algunos ejemplos. Y seguramente existan documentos y planes que lo contemplen, marcando plazos y financiación para cada uno de los proyectos. Sin embargo, ¿qué ha sido de ellos? Buena pregunta. Tal vez hubo algún político –de uno u otro signo, qué más nos da ahora eso–   que creyó que no sería muy conveniente hacer el culo gordo de otra administración del signo contrario, de manera que podrían retrasarse los plazos por mil y una pegas burocráticas. O, dada la coyuntura económica del momento, tal vez sí había voluntad política para desarrollar esos proyectos pero no había posibilidad de financiarlos. Y en un tercer escenario, que para mí es incluso peor que los dos anteriores, hubo una intención de hacerlos de cara a la galería, porque quedaba bien de cara al electorado, pero no respondían a una necesidad real.
                Sólo de esta manera cabe entender que a estas alturas aún no tengamos el tan ansiado hospital. Parece un compromiso claro del actual ayuntamiento, pero también de la oposición, especialmente de Compromís, que lo lleva en su ADN. Así que nadie puede decir que no hay voluntad política. Parece ser que también, en este caso, la Conselleria lo contemplaba en sus planes sanitarios. Pero, ¿qué hay de la financiación? ¡Ay, amigo! ¡Es que no hay un duro y entonces hay que empezar a recortar! Y es entonces cuando entra en juego el tercer punto del que hablaba antes: ¿responde a una necesidad real? Y ahí es donde bailan las opiniones. Y el caso es que  yo creo que sí, que necesitamos un hospital que cubra ciertas prestaciones: dar a luz en nuestra ciudad, hacernos placas radiográficas o poder ser atendidos de algunas dolencias menores. Pero no sé si mis planteamientos y los de la mayoría de torrentinos con los que hablo o los de todos los grupos políticos de nuestra población son realistas o parten de las necesidades objetivas de una ciudad como Torrent. Porque del hospital sólo sabemos dos cosas: Que tendremos hospital, pero que no tenemos un duro.
Así que dejemos de echarnos los trastos a la cabeza. Que aún no nos pueden curar.


14 de octubre de 2011

Mi gozo en un pozo.

(Publicado en La Opinión de Torrent)
No sé qué tiene que hacer una población como la nuestra para poder tener un diputado propio en las principales instituciones nacionales, autonómicas y provinciales. La verdad, no lo sé. Si hace cuatro años nos quedamos con la miel en los labios tras la fugaz presencia de la alcaldesa en la Carrera de San Jerónimos, ahora parece que deberemos conformarnos con mirar los toros desde la barrera (¿aún se puede decir “toros” en prensa o ya lo han prohibido también?) y que ningún torrentino concurrirá en las listas de ningún partido.
                Además, no me vale que sea la alcaldesa de Torrent la que nos represente en les Corts. A ver cuándo se enteran los de un partido y otro que no es bueno mezclar churras con merinas y que un alcalde debe dedicarse a su pueblo, por muy útil que pueda llegar a ser que el alcalde de turno despache a diario con consellers o ministros. Y la verdad, cuesta entender que, en un ambiente en el que la gente comienza a despertarse de su letargo y a exigir algo más a la clase política, los principales partidos aún sigan jugándose a la brisca la confección de las listas para el Congreso y el Senado. Sólo hace falta echar un vistazo a las quinielas que se suceden estos días en prensa para ver más de lo mismo en los principales lugares de salida: Dinosaurios políticos, cuneros de alta gama y socorridas viejas glorias para representar a nuestra provincia en Madrid. Y, claro, aquellas lluvias traen estos lodos, y la segunda ciudad de la provincia pasa de nuevo la mano por la pared en las máximas instituciones del Estado: No tendremos diputado nacional, no tendremos senador y antes las ranas de la fuente homónima criarán pelo que tendremos un ministro o un secretario de estado.
                Hace un par de años, a colación del nombramiento de Torrent como gran ciudad, señalábamos la ausencia de claros referentes torrentinos en los ámbitos culturales, políticos, artísticos, científicos o incluso deportivos de nuestro país. No sé ya si es por falta de figuras destacadas o por esa sensación que siempre tenemos de provincialismo, que nos hace empequeñecernos y obviar aquello que nos destaca como pueblo. Si no creen este planteamiento, recuerden las respuestas que se suscitaron tras la creación de una concejalía de turismo en nuestra localidad: la gran mayoría de comentarios que podían leerse en diferentes foros  consideraba que no era preciso, porque no había nada de lo que presumir ni nada que ofrecer a un turista, aunque anduviera despistado, cuando usted sabe que nuestro pueblo, si bien no puede pretender ser un destino turístico de primer nivel, sí que tiene pequeñas joyas para aquel que se sale de los circuitos comerciales del turismo low cost.
                Yo no sé si será entonces esa actitud negativa la que provoca que nos acomplejemos ante nuestra entidad como pueblo y que nos haga creernos que de verdad no tenemos nada que ofrecer en Madrid en la próxima configuración del Congreso de los Diputados o del Senado, porque yo, si ustedes me lo permiten, les puedo presentar una lista de más de quince personas, de los tres partidos con representación en el pleno, sin necesidad de recurrir a los concejales o “als de tota la vida”, que bien podrían desempeñar ese papel el 20 de noviembre próximo.
                Aunque, quién sabe, a lo mejor esta vez suena la flauta.

Actualización a 14 de octubre: Pues no, no ha sonado...

7 de octubre de 2011

Y tu nombre, mi ideal

En mi casa somos muy futboleros. Tengo guardado en la memoria mi primer recuerdo futbolístico, casi más un flash de un partido, que creo debía de ser del Mundial de Argentina en 1978. Son de esas historias que casi he reconstruido con el tiempo, por lo que ya no sé qué tiene de cierto y qué de inventado, y la imagen la veía en un televisor de aquellos de blanco y negro (con dos botones, uno para el VHF y otro para el UHF, que nosotros crecimos aprendiendo tecnología, analógica, pero tecnología) en el que disputaban un partido las selecciones (aquí es donde creo que entra en juego mi imaginación) de Argentina y Perú. Por cierto, que en aquel partido el Matador se hinchó a meter goles. Créanme, entonces, si les digo que desde aquella tarde de 1978 hasta el día de hoy habré visto y oído por la radio cientos de partidos, habré cantado miles de goles y habré maldecido en arameo millones de veces. Pero sólo he llorado tres veces. Las dos primeras, en 1986, con el descenso del Valencia a Segunda División y con el penalti fallado por Eloy contra Bélgica en el mundial de México. Después de eso,  a pesar de derrotas y títulos, el fútbol ha dejado de ser un motivo para soltar una lagrimita.

Pero eso fue hasta el domingo pasado. Ya les he contado en alguna ocasión que estamos en pleno proceso de levantinización en nuestra familia, sin que ello vaya en menoscabo de la pasión que profesamos por nuestro Valencia CF. Y allí estábamos todos los hermanos, alrededor de la radio, escuchando el partido contra el Betis en el que se impuso el Levante, lo que le permitía acceder, aunque de manera provisional, al liderato. Estábamos jaleando la victoria y se me ocurrió poner el himno del Levante en el móvil para celebrarlo. Fue sonar la dulce vocecita de Sandra que se escucha al final de cada partido en el Ciutat de Valencia e inmediatamente  todos nos callamos y comenzamos a esquivarnos la mirada, pues se nos rompían los ojos. Se nos estaba poniendo un nudo en el estómago y yo no me lo podía creer.

¿Qué nos has dado, Levante?

(Dedicado a Nacho, a Pedro y a todos mis fieles seguidores granotas)

23 de septiembre de 2011

¡A ver, a ver!


(Publicado en La Opinión de Torrent)
No acabo de entender esa necesidad insana que tienen algunos en conocer el patrimonio de los políticos. Se está imponiendo la moda y la encuentro del todo absurda, es más, provoca pueriles y estériles debates demagógicos al más puro estilo 15M y su tan manido “todos los políticos son iguales” o “no nos representan”. Porque, digo yo, a qué criterio obedece que tengamos que jugar la labor de un diputado, un ministro o un sencillo concejal de una aldea gallega a partir del incremento de su cuenta corriente o su casita en el campo.
Digamos que fuera ése el objetivo: fiscalizar el enriquecimiento supuestamente ilícito de algún cara dura. Imagínense, pues, lo estúpido que resultaría comprobar que un diputado publica que tiene en el banco dos millones de euros de los que no puede dar explicación, ¿habrá algún tipo lo suficientemente corrupto para sustraer esa cantidad y luego acabar siendo tan torpe como para pregonarlo a los cuatro vientos? O pongamos otro caso: por ejemplo el alcalde que, a costa de varios PAI y recalificaciones de dudosa intención y legalidad, se ha hecho con algunos terrenos que ha revendido después obteniendo unas importantes plusvalías y pingües beneficios. ¿No cree usted que será lo suficientemente inteligente como para no tener nada a su nombre y registrarlo a nombre de testaferros, sociedades y otros familiares?
                Lo dicho, que lo veo de poca utilidad y, además, perjudica, como siempre, a aquel que, sólo por el hecho de haberse dedicado a la política, está en el punto de mira de todos,  mientras la sombra de la corrupción le sobrevuela en forma de miradas inquisitoriales por parte de sus vecinos. ¿A santo de qué necesito yo saber si el portavoz de un partido tiene una, dos o tres casas, si custodia sus ahorros en tal entidad o si mantiene una deuda hipotecaria del chalet de la montaña? ¿Para qué quiero yo conocer si un concejal de la oposición conduce dos coches o si ha financiado alguna compra con tarjeta de crédito?  ¿Es mejor la alcaldesa por tener el piso a su nombre que si lo hubiera heredado? ¿Votamos a los políticos sólo si tienen un régimen de gananciales con sus cónyuges o preferimos que tengan separación de bienes? Efectivamente, son chorradas.
                En cambio, sí me parece de una importancia mucho mayor conocer quiénes son los políticos que nos representan. Por ejemplo, deberíamos saber qué formación tienen nuestros concejales. Porque a mí sí me parece algo a tener en cuenta. Y no porque crea que a mayor formación intelectual o universitaria, mejor será la gestión del concejal. Al contrario. Es más, creo que el/la mejor concejal/a de este ayuntamiento sólo tiene estudios primarios. No, no es por eso. Sino porque me parece que sería un ejercicio de verdadera transparencia saber qué ha estudiado, a qué se ha dedicado hasta la fecha y sobre todo, dónde vive aquel que luego se va a encargar de gestionar la educación, promover el empleo y cuidar nuestros barrios.
                Y no sé por qué, pero me da que en esta cuestión la transparencia da paso a los tan odiados eufemismos, de manera que aquel que no ha doblado en su vida la espalda, o jamás ha pisado un instituto o una facultad, engorda sus currículos con relamidas expresiones para ocultar que es un torpe, un vago o, en el peor de los casos, las dos cosas.
                ¿Se animan?

9 de septiembre de 2011

Oltrismo


(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
Si usted tiene la costumbre de leer esta columna, cosa que le agradezco, quizá recuerde un artículo aparecido en el mes de junio a colación de la estrafalaria toma de posesión que realizaron los concejales del Bloc-Compromís-Plataforma per l’Hospital. En aquella ocasión lamentábamos la deriva sensacionalista que estaba sufriendo esta coalición, dirigiéndose sin remedio a una oposición de pegatina y camiseta, pero vacía de contenidos.
                Han pasado sólo unas semanas y el tiempo nos ha dado lamentablemente la razón. Y fue, claro, en la tradición más trasnochada del anticlericalismo irracional, a la que está abrazándose  un partido que sigue insistiendo en su carácter transversal, que aglutina a todo tipo de sensibilidades, pero que cuando puede saca su vena laicista. Ya ocurrió con la Universidad Católica y ha ocurrido ahora que Torrent ha acogido unos ochocientos peregrinos italianos que venían a la Jornada Mundial de la Juventud –que por cierto, se han ido encantados de nuestra población, de sus monumentos y de sus vecinos.
                El mecanismo ha sido sencillo. Las parroquias de Torrent se pusieron en contacto con el Ayuntamiento para solicitar la utilización de espacios públicos, como el Pabellón de El Vedat (debe tratarse de un espacio que nunca se cede para ninguna actividad, visto lo visto) y el Ayuntamiento lo cedió. Pero claro, salió el 15M protestando en Madrid y alguien en el Bloc debió pensar que se podría pescar en aquel caladero y formuló la pregunta: “¿Ha habido trato de favor a la Iglesia?” ¡Y claro que sabían la respuesta! ¡Claro que sabían  que se han realizado los trámites pertinentes! ¡Claro que el Ayuntamiento cede espacios públicos –calles, plazas, locales municipales–  para todo bicho viviente! Pero lo importante era, en el mejor estilo Mourinho, poner el dedo en el ojo para preguntar después si duele.
                Ya no debería extrañarnos, pues, que el Bloc-Compromís-Plataforma per l’Hospital haya optado por la oposición de pegatina y camiseta, por dos motivos fundamentalmente. El primero, porque resulta más sencillo acogerse a la irresponsabilidad que a la seriedad, especialmente en un partido minoritario que difícilmente puede optar a la tarea de gobierno, más aún si continúa con esa línea. El segundo, porque de las dos facciones y estilos que conviven en el Bloc-Compromís en la Comunidad Valenciana, representados por su bicefalia Morera-Oltra, está triunfando esta última.
Por lo visto no les ha debido parecer que sea acertado, dadas las circunstancias actuales, realizar una oposición constructiva y responsable y han optado por la  representada por la popular portavoz en las Cortes Mònica Oltra, que se ha hecho famosa por llevar camisetas de todo a cien al pleno regional, con eslóganes que sonrojarían al mismísimo Mocito Feliz. De esta manera, podemos decir que el oltrismo ha vencido al morerismo,  que parecía iluminar la gestión de esta coalición en Torrent en los últimos años, que tan buenos resultados electorales le dieron las elecciones anteriores y que parecían haber asentado el valencianismo moderno en el espectro político de nuestra comunidad y nuestra población.
¿Qué es el oltrismo? Yo se lo defino con un símil: El oltrismo es a la política valenciana actual lo que el landismo fue al cine español de los 70. Algo que pretende escandalizar enseñando mamella política (metafóricamente, gracias a Dios, que no me imagino semejante visión) pero que acaba convirtiéndose en algo grotesco, desfasado, ridículo, histriónico, patético, esperpéntico y carpetovetónico.
Ya veremos qué tal les va.

15 de agosto de 2011

Un gran hombre


(Publicado en La Opinión de Torrent)
En una edición anterior de La Opinión, me preguntaba cuántos de nuestros vecinos, que ahora andan haciendo números para poder disfrutar de su descanso estival, serían capaces también de renunciar a recibir una subvención para su asociación –festiva, cultural, religiosa o deportiva – en estos tiempos que corren. Debí de tocar alguna tecla porque recibí toda clase de comentarios por internet en el que unos y otros aplaudían o criticaban la idea de reducir las aportaciones municipales a las entidades de nuestro pueblo.
Una vez más, y con su afán constructivo, nuestro buen amigo Carles, compañero de fatigas en esta misma página, el Xocolater, cerraba el debate con su cordura: Si yo aporto de mi esfuerzo, de mi dinero y de mi tiempo todo lo que puedo para hacer una fiesta, como han sido ahora los Moros y Cristianos, que todos pueden disfrutar y que han ayudado a engrandecer nuestras fiestas patronales, que andaban de capa caída –no  hay que olvidarlo – es lógico que el Ayuntamiento apoye esta fiesta.
Y en eso andaba pensando yo cuando veía la bajada infantil de este año, por cierto, qué gran acierto ha tenido la Federación con esta iniciativa, cuando me entero de que ha fallecido el jefe de Protección Civil, Juan Bertomeu. No lo conocía personalmente, sólo de vista, e ignoraba cuál era su puesto en la organización, pero leyendo la cascada de comentarios que aplaudían su persona, lamento no haberlo hecho. Es difícil concentrar tal unanimidad a la hora de despedir a un vecino, hasta el punto de destacar que había estado al pie del cañón hasta hacía sólo unos días, por encontrarnos en plenas fiestas patronales, en las que la labor de Protección Civil es tan importante y necesaria para el desarrollo de los actos previstos.
Así, viendo el trabajo de sus voluntarios,  me preguntaba cuántas personas anónimas hay en nuestro pueblo que con su abnegación y trabajo desinteresado ayudan a que podamos disfrutar de tantos y tantos actos como hay en nuestra población cada semana. Gentes a las que no conocemos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres. Y, ¿a cambio de qué? Pues a cambio de ver que el trabajo ha sido hecho; a cambio de la satisfacción de sentirse parte de un engranaje en el que hay muchas piezas y todas son importantes; a cambio de llegar a casa, quitarse la gorra y  poder ver luego en la tele, en internet o en la prensa, que el acto ha sido un éxito.
Pero no sólo en Protección Civil. ¿Se ha parado usted a pensar en la cantidad de familias que acuden a solicitar ayuda a Cáritas o a la Cruz Roja, por poner un ejemplo? Seguro que usted ha visto a algún voluntario de la Cruz Roja acompañando a algún anciano por la Avenida. O a las personas que colaboran en Cáritas o en la Comisión de ayuda al Inmigrante. Porque todos los que allí desempeñan su labor lo hacen también sin cobrar, por una motivación u otra, pero siempre persiguiendo un mismo fin, que no es otro que el de poner su pequeño grano de arena para que este pueblo sea mejor.
Al día siguiente vi la comitiva de coches de Protección Civil que acompañaba a su último viaje a Juan. Y a continuación, volví a ver a sus voluntarios en la trabucà. Qué gran homenaje le estaban tributando a su jefe.
Descanse en paz.