24 de septiembre de 2010

¿El xiquet?

(Publicado en La Opinión de Torrent)
Hace poco más de tres años que comencé a colaborar en este periódico y lo hacía comentando una anécdota real que se había producido unas semanas antes de que se celebrasen las elecciones locales: Un amigo me preguntaba quién era María José Català y la calificaba con aquel celebérrimo “xiqueta”, anunciando su más que seguro batacazo electoral. La historia, que ya saben que es caprichosa, le dio un buen repaso a este mi amigo y no tuvo más que remedio que acabar aceptando su craso error y su nulo olfato político, dado lo poco acertado de sus pronósticos.
Resulta ahora divertido ver que muchos de aquellos que entonces criticaron aquella candidatura desde las filas del PSOE local, utilizando para ello criterios tan ridículos como la juventud o el escaso bagaje político y la poca repercusión social que tenía su nombre, salen hoy en defensa de la candidatura de la nueva cara del socialismo torrentino, defendiendo aquello que antes rechazaban. También resulta divertido recordar cómo desde 2007 los socialistas torrentinos se burlaban de la lista del PP afirmando que nadie quería encabezarla y comprobar cómo los “pesos pesados” del partido no han sido capaces de dar un paso adelante y presentarse. Contradicciones las hay en todas partes, pero el perfil del candidato da que pensar que a más de uno se le ha subido la sangre a la cabeza, le ha entrado el vértigo y ha preferido quedarse en casa. ¿Para qué entonces toda esa campaña de los últimos meses de autobombo y promoción? ¿Qué ocurrirá a partir de mayo de 2007 con apoyos tan explícitos a Asunción y no a Alarte?
Sabido, pues, el nombre del que se postula como candidato a la alcaldía, aprovechamos para desearle la mejor de las suertes a partir de ahora, ya que la va a necesitar, a tenor de los comentarios de cierto concejal de la oposición que ha venido a decir algo así como “con Andrés hasta el día siguiente de las elecciones”. Con amigos y compañeros así, quién necesita enemigos.
Volvamos a aquella anécdota de 2007 y el apelativo de “xiqueta”. Mal hará el PP local si se atreve a menospreciar al candidato socialista en los próximos meses. Ése fue, sin duda, uno de los principales errores –que no fueron pocos– que cometió el PSOE en aquella campaña. Basta leer los comentarios que jalonan la noticia que este mismo periódico en su edición digital publicaba días atrás, para comprobar que tanto unos y otros han comenzado su particular precampaña con los más disparatados argumentos, a saber: que si vive fuera, que si ha acabado la carrera, que si tiene tal o cuál edad… todo esto nos suena a 2007 y si esa campaña de desprecio no funcionó entonces, no creemos que pueda hacerlo ahora. No debería cambiar mucho el planteamiento de la campaña del PP siendo el candidato Ros, Veiga o Campos.
Ya sólo nos queda por saber la candidatura del BLOC y si finalmente se presentará Unió Valenciana o Esquerra Unida. Pero déjenme que haga una reflexión en voz alta. No sé si con la actual situación el más beneficiado no sea otro que Sento Beguer, por aquello de recoger el voto más progresista y defensor de la lengua y cultura propias del PSPV que pueda sentirse ahora desamparado. No veo otro lugar donde se pueda alojar.
Al tiempo.

10 de septiembre de 2010

Se abrió la veda

Parece ser que se ha abierto la veda y que los socialistas torrentinos decidirán quién será su candidato para las locales del próximo mes de mayo. La verdad es que no deja de ser paradójico que los partidos políticos se nos presenten como herramientas para hacer funcionar la democracia y sean ellos mismos los menos democráticos. En eso el PSOE sí le saca ventaja al PP y la prueba de ello la tenemos en Madrid y en Tomás Gómez. Si luego resulta que las primarias funcionan de verdad y limpian el ambiente político tan viciado o si por el contrario sólo sirven para despellejarse unos a otros durante cuatro semanas y dejar el partido peor que estaba, es algo que está por ver, pero es saludable que sean los militantes de un partido los que eligen el candidato, ya que lo de las listas se queda para otra ocasión.
Porque hay dos formas de hacer las listas. Una, la más patética y que acabamos viendo siempre en esos partidos y coaliciones de risa que acaban colándose en las elecciones, es coger el móvil y pedir la fotocopia del DNI al primero que nos conteste el teléfono. En las últimas locales había una lista copada por más de quince familiares del cabeza de listas, dato éste fácilmente contrastable por lo singular de su apellido. Luego resultó que recabó menos votos que candidatos, con lo que cabe preguntarse por qué se presenta alguien que no es capaz de convencerse a sí mismo y quién paga todo ese despilfarro.
Este procedimiento también resulta de utilidad cuando en la agrupación no se llega a las veintiocho personas necesarias para completarla. Si el candidato tiene la suerte de apellidarse García –por la frecuencia, no me malinterpreten- Martínez, Ferrer o Andreu, es más sencillo que esta circunstancia pase desapercibida. Pero si por el contrario se apellida Miraflores –con todo el respeto para los Miraflores –Seisdedos o Romaní, la pista familiar se sigue con facilidad. Si no me creen, les invito a que lo comprobemos dentro de unos meses.
La segunda, la que utilizan los grandes partidos, consiste en ir completando y haciendo hueco cubriendo las cuotas asignadas a las diferentes “familias” del partido con la supervisión de la dirección regional. Aquí un joven, aquí una mujer, alguien mayor, éste que viene apadrinado de Valencia, ésta otra que arrastra el voto festero y no nos dejemos a alguien que venga de los barrios.
Esto, en principio no es ni bueno ni malo. Bien es cierto que más de uno de ustedes, cuando vota –yo así lo pienso, al menos – es consciente de que la papeleta que está depositando contiene nombres que, en el mejor de los casos, para usted son completos desconocidos, o que incluso tacharía directamente de poder hacerlo. Convertimos así el noble ejercicio de la democracia –valiente chorrada que tenemos que escuchar en boca de los candidatos el día de marras – en una elección del menos malo. O sea, que realmente usted no vota a los veinticinco que quiere que estén sino a los doscientos y pico que quiere que no estén.
Bienvenidas sean, pues, las primarias. Aunque en honor a la verdad, no auguro grandes sorpresas. Las alianzas de las familias, los sectores enfrentados que buscan no perder poder y las presiones de Valencia pueden más que la voluntad de los militantes.
A ver cuándo nos dejan votar con listas abiertas.