24 de julio de 2010

¿Gran ciudad o ciudad grande?

(Artículo publicado en La Opinión de Torrent.)

Hay veces en que la colocación de un adjetivo antes o después de un nombre provoca un cambio de significado importante. Fíjese que no es lo mismo un pobre hombre que un hombre pobre. En el primer caso lamentamos la desgracia personal de un tipo y en el segundo su maltrecha situación económica. Tampoco es igual considerar a alguien una gran persona, dada su excelente humanidad y bonhomía, que una persona grande cuando lo extraordinario es su tamaño. Y finalmente no es lo mismo que consideremos a nuestra ciudad una gran ciudad que una ciudad grande, a cuenta de la declaración que ha recibido Torrent hace sólo unos meses.

Ya dijimos entonces que tampoco era para tanto, pues la distinción recibida se ha producido de forma automática al rebasar el padrón municipal un tope establecido en setenta y cinco mil habitantes, cuando había razones sobradas para otorgarlo por cuestiones históricas o sociales, pero no es ése el debate de hoy, sino si realmente somos una gran ciudad o solamente una ciudad grande.

A mí, por ejemplo, me parece que somos una gran ciudad estos días en los que uno contempla con satisfacción cómo la sociedad civil de nuestro pueblo reconoce la labor que algunos de sus hijos –naturales de Torrent o de adopción– ha realizado durante toda una vida. Tal es el caso de los sacerdotes Miguel Lluch y Juan Fernández, que han sido objetos de sendos homenajes en las últimas semanas. También me lo parece cuando uno pasea por las calles del centro histórico y observa cómo los vecinos de estas calles aún practican la costumbre de celebrar “la festa del carrer”. Así, por citar algunos ejemplos, estos días se engalanan las calles de San Antonio, de San Cristóbal, de Santa Ana, de la plaza de San Jaime, y en las próximas semanas de la placeta de Sant Roc o de la Calle de San Cayetano para celebrar cuando menos una cena en la calle. Me parece encomiable que en una época de urbanismo desaforado, de megaconstrucciones y de PAIs todavía queden familias y casas que guardan el amor por la calle en la que viven. Y también me lo parece cuando me acerco por alguna de las instituciones – Cáritas, Cruz Roja, Centro de Día del Inmigrante, AMICS y tantas otras –que en momentos de dificultad como los que todos estamos viviendo, se desviven por ayudar a las familias que peor lo pasan.

En cambio me parece que sólo vivimos en una ciudad grande cuando veo a un tiparraco arrancar una de las plantas de los maceteros de la plaza, cuando en la celebración del Mundial vuelven a destrozar una rana de la fuente homónima, cuando paseo por el Parc Central y contemplo el estado del ascensor que debería permitirme trasladar a mi hijo en carrito de bebé de un lado a otro de la autovía y que me obliga a hacerlo en volandas y uno ya no está para estas cosas…

Sí, será que uno se va haciendo mayor y que el tener hijos le va haciendo cambiar las prioridades, pero paseando por el Safranar estos días de asueto no sé si cuando todo este rincón de Torrent todavía virgen se convierta dentro de cinco, diez o veinte años en un nuevo barrio seremos una ciudad más grande que ahora pero menos Gran Ciudad que hoy.

¡Ah! Claro y felices fiestas patronales.

10 de julio de 2010

El gol de Tardelli


¿Se imaginan marcar un gol como el de Tardelli?
¿Se imaginan la celebración?

¿Te lo imaginas?

8 de julio de 2010

Don Miguel


(Publicado en el último número del Diario La Opinión de Torrent.)

Hay lugares que no requieren de muchos nombres para localizarlos. Pregunte usted por la avenida o por la plaza a cualquiera de nuestros vecinos y será bien indicado, siempre que nuestro interlocutor no sea demasiado quisquilloso, a pesar de haber más de una decena de avenidas y quién sabe cuántas plazas en nuestro pueblo. Del mismo modo hay personas que no necesitan su apellido para ser conocidas. Para los estudiosos de la literatura española Federico, Juan Ramón o Rafael no precisan del García-Lorca, Jiménez o Alberti para ser identificados.

Pues bien, tenemos entre nuestros vecinos una de esas personas que es conocida por su nombre y no hace falta mayor presentación. Se trata de Don Miguel. Seguro que ya sabe quién es y hace bien, porque el ayuntamiento ha tenido a bien nombrarlo hijo adoptivo de nuestra ciudad. Ignoro cuántas personas no nacidas en nuestras casas merecen tal distinción y honradamente pienso que seguramente sean muchas más de las que lo han recibido, pero les aseguro que si hay alguna en la que recaigan las circunstancias que acreditan esta consideración ésa es la persona del que ha sido estos últimos treinta años el párroco de la Asunción.

Porque aunque Don Miguel no nació en Torrent, muchos torrentinos no conciben nuestras calles sin su presencia, su cercanía y su afabilidad. Caminar con él por la calle se convierte en un saludar a unos y otros; ahora es una palabra de consuelo al escuchar a esa madre que sufre por sus hijos o por su marido; más allá se trata de una pequeña reprimenda a ese joven que aún no ha encontrado su sitio en este mundo; alguien le para y recibe una felicitación a la abuela que presume de sus nietos; después es una anotación en la agenda a alguien que le pide una cita para solucionar cualquier tema…

Pero es que además en Don Miguel encontramos una vida insólita y llena de avatares que bien podrían ilustrar un libro o una película: vivió los horrores de la guerra en su niñez, hasta el punto de tener que ocultarse; su primera etapa de sacerdote en Navalón allá por los años 50 se caracterizó por la lucha en defensa de los derechos de los pastores frente a los abusos de los caciques locales ; y en Argentina tuvo que protegerse de la persecución religiosa que el propio Videla y la dictadura militar emprendió contra él mismo.

Que haya habido esa unanimidad en los tres grupos políticos a la hora de reconocer esa labor en un sacerdote, y más en estos tiempos que corren, en los que el sacerdocio es objeto hasta de burla, no es de extrañar, porque D. Miguel es sencillamente una persona extraordinaria que ha trabajado mucho por Torrent. Así lo demuestran las innumerables muestras de cariño que está recibiendo estos días y que él no sabe cómo agradecer.

Sirvan también estas líneas de pequeño homenaje, pues, por la labor desarrollada estos años. Y como dijo algún portavoz en el pleno del 1 de julio, no le damos la enhorabuena al propio interesado, sino que hay que darle la enhorabuena al pueblo, por contar entre sus vecinos con esta persona.


6 de julio de 2010

Torres y ZP


No creo ser muy sospechoso de pertenecer a ninguno de los colectivos de la ceja que apoyan a ZP, pero si un inepto de diputado alemán se mete con nuestro presidente comparándolo con Torres, criticando con esa soberbia teutona, créanme que les digo que me encantaría que mañana Torres meta tres goles como tres soles a Alemania.
Es nuestro presidente y no nos gusta, pero que no nos lo toque nadie.