29 de enero de 2010

No en mi patio trasero

(Publicado en el diario La Opinión)

Hay una palabra inglesa que se ha colado en nuestros periódicos a raíz de la polémica acerca de la instalación de cementerios nucleares en algunas poblaciones. Antes de referirme a ella conviene señalar la enorme incongruencia que supone que un partido como el PP defienda a nivel nacional el mantenimiento de la central nuclear de Garoña e impida que un ayuntamiento gobernado por los populares instale un cementerio nuclear o que el propio partido socialista en el gobierno propicie la creación de estos almacenes y expediente a uno de sus alcaldes por quererlo en su población. Seguiremos hablando de incongruencias más adelante para recuperar la palabra de la que hablábamos: NIMBY, que es el acrónimo de la expresión inglesa “Not In My Back Yard” lo que podría traducirse por “no en el patio trasero de mi casa” y que se viene aplicando a aquellas cuestiones, como la nuclear, que, en términos generales, hemos decidido aceptar, pero que no estamos dispuestos a tener cerca de casa. Así, a pesar de que los sucesivos gobiernos nacionales siguen apostando por la energía nuclear, los partidos regionales se oponen a que sus filiales locales opten a albergar residuos nucleares, que, dadas las maltrechas economías municipales, suponen pingües beneficios para sus convecinos. Lo mismo ocurre con otras cuestiones: queremos trenes de alta velocidad y grandes autovías, pero que no pasen por nuestro término; conviene mantener los litorales y las costas en condiciones, pero que no nos toquen el chiringuito o la urbanización de Dénia que prácticamente se cuelga sobre el mar y en la que tanto disfrutamos; nadie en su sano juicio quiere tener a unos metros de su casa un vertedero de basuras (más conocido como planta de tratamiento de residuos, ¿se imaginan el tratamiento que recibe una bolsa de basura? ¿le pondrán un gotero?) pero ni de casualidad vamos a dejar de llenar el contenedor a diario.

En nuestras calles, afortunadamente, no existe el debate acerca de la conveniencia de colocar dicho cementerio nuclear y la única discusión parecida la suscita la llegada de IKEA a Paterna y si no podríamos hacer algo para llevar a los suecos al Toll-L’Alberca. Pero sí que hay muchas situaciones en las que demostramos ser “nimby”. Fíjense si no en la polvareda que se ha levantado después de decidir el ayuntamiento que las calles Sagra y San Cristóbal sean peatonales, como, por cierto, reclamábamos en esta misma columna hace unas pocas semanas. He llegado a leer en la página web de este periódico que hay sufridos vecinos que no podrán ir en coche ¡desde la Plaza Colón a los primeros números de la Avenida! Semejante derroche de combustible no hace sino confirmarnos en nuestra opinión acerca de la peatonalización del centro histórico, a pesar de que nos pille cerca, en nuestro patio, y nos obligue a dejar de usar el coche para trayectos interurbanos innecesarios.

Porque al final todos somos un poco “nimby”: queremos proteger el Safranar, pero si tenemos tierras allí, se puede ver el símbolo del dólar en nuestros ojos; no queremos antenas de telefonía cerca de casa y del colegio, pero el móvil lo usamos para llamar a quien está en la habitación de al lado; queremos mantener el casco histórico e ir en coche a todas partes; En definitiva, vivir a todo tren, pero el coste de ese estilo de vida consumista no lo queremos en nuestro patio trasero.

Y las dos cosas no pueden ser.

22 de enero de 2010

El cara dura del mes

(imagen plagiada del miope)
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Puede parecer una chorrada, pero hay quien quiere prohibir que usemos esta palabra para definir al plato por excelencia de nuestro pueblo. ¿Que quién quiere cometer tal felonía? Pues, sencillamente alguien que ha decidido ser el más listo del pueblo y registrar la marca comercial "rossejat" y de paso amenazar a quien se atreva a utilizarla, no como marca, sino como nombre del producto de las horas de elaboración que lleva ese estupendo arroz.
Y yo me pregunto quién es tan estúpido para realizar una acción que, si o sí, va a acabar pasándole factura. Porque si tienen la razón legal para registrar ese nombre, cosa que realmente dudo, ya que un juez con un mínimo de sentido común y sensatez tendrá que tumbar esa decisión, la gente va a sentirse solidario con la afectada (no me refiero a otra que la simpar Divina de la Plaça). Y si, como es de esperar, la ley le da la razón, todo el mundo va a arroparla otra vez. Porque al final el comentario en la calle es el mismo, "és que el rossejat de Divina és dels millors del poble".
Y yo sin probarlo, porque el de mi madre no se lo salta nadie.
Al final uno no sabe si en este mundo faltan escrúpulos o sobran estúpidos.

15 de enero de 2010

Estampas de Navidad

(Publicado en La Opinión)

¿Qué tendrá la Navidad que es capaz de sacar lo mejor y lo peor de nosotros? Observemos la transformación de nuestra población en el Doctor Jekyll y Mister Hyde:

Un día cualquiera previo a la Navidad unas mujeres realizan afanosamente la compra en un conocidísimo supermercado valenciano, situado en la arteria principal de la ciudad (glorioso eufemismo para evitar pronunciar su nombre actual). Todas esperan su turno y comentan amistosamente el menú que van a preparar para Nochebuena mientras saludan efusivamente a las cajeras que sonríen con dulzura y acarician la cabecita de sus nietos que intentan torpemente colocar los productos en el lineal para ayudar a su abuela. Días más tarde esos mismos niños son llevados por sus abuelos al Belén con mayúsculas de este pueblo, que no es otro que el de la familia Royo en la plaza de Sant Roc. Allí los niños, embelesados, buscan con fruición todo aquello que Pepe les propone. Mientras tanto las instituciones municipales y las asociaciones de todo tipo han visitado a mayores y enfermos, han ayudado a los reyes a llegar hasta las casas más humildes o han cantado villancicos en el ficus la Noche de Navidad.

Estas escenas tan entrañables, casi bucólicas, no están extraídas de ninguna fábula navideña ni de la pluma de Charles Dickens, sino que forman parte del paisaje que nos encontramos en cualquiera de nuestras calles. Pero también son el preludio de la transformación que padecemos sólo unos días después. Fíjense en lo que viene a continuación:

Recién inauguradas las calles Sagra y San Cristóbal se colocan en ellas unos modernos maceteros en los que se plantan las típicas flores de Pascua. Dichas flores, que pueden comprarse por un par de euros en cualquier tienda, ofrecen un aspecto muy navideño al entorno y alimentan la picaresca de algunos de nuestros vecinos. “¿Por qué voy a gastarme cinco o seis euros en las plantas si puedo arrancarlas de sus maceteros y llevármelas a mi casa?. De esta manera así sólo yo podré disfrutarlas y no todos los torrentinos que pasen por aquí”. Ésos deben ser los pensamientos de aquellos miserables que deciden tomar prestadas las plantitas y arrancarlas de sus maceteros. Digo yo si no habrá que ser miserable o si el hombre puede llegar a caer más bajo.

Y lo cierto es que sí, porque, llegando al final de las fiestas navideñas y mientras los niños se apiñan en la Avenida para ver la llegada de sus majestades de Oriente, contemplamos la gran escena que ni el propio Berlanga podría haber retratado mejor. Decenas, qué digo decenas, centenares de personas que se agolpan en torno a las carrozas reales a las que acompañan en su bajada por la Avenida y que atropellan literalmente a la paciente muchedumbre que ha aguantado estoicamente bajo una pertinaz lluvia el paso de Melchor, Gaspar y Baltasar. Total por unos míseros caramelos –eso sí, aptos para celíacos– , unos paquetes de gusanitos y algún juguetito de plástico. Supongo que en sus duros corazones es preferible pisar a una niña de cuatro años y pegarle un codazo a un anciano que intenta sin éxito huir de tal marea humana a perder el rastro de tamaños obsequios que a buen seguro acabarán en un par de días en el contenedor.

Y eso sin pasar una guerra y el racionamiento, que habría que verlos entonces.

11 de enero de 2010

Año nuevo, vida vieja

El año nuevo nos trae dos noticias en la blogosfera local. La primera, una grande y esperada, al menos en mi caso, es el retorno de José Luis Arnal en su blog Torrent desde mi pantalla. Espero que en esta ocasión su reaparición no se quede en unas esporádicas intervenciones y que se alargue en el tiempo, porque su blog es de obligada lectura en Torrent. No creo que haya ninguno más imparcial y objetivo que él, aunque uno pueda coincidir o no con sus planteamientos. Bienvenido de nuevo.
El otro, destapado por el sesudo empeño de los miembros del Bloc es la investigación a cuenta de las facturas y los pagos a cierta empresa de cuyo nombre prefiero no acordarme.
No puedo entrar -y la verdad es que prefiero no hacerlo- en si ha habido alguna irregularidad en la contratación y facturación de esa empresa y si su dueño estaba al día con la Agencia Tributaria como lo estamos la mayoría de los españoles. Digo que no puedo porque sencillamente ignoro cuáles son los contratos firmados, qué se contrataba, qué se pagaba y dónde están las facturas. Pero sé que Sento Beguer no es tonto y si ha investigado el tema y lo ha llevado hasta el tribunal de cuentas, razón no le faltará.
Diré, como anécdota, que cuando este hombre hizo su aparición en Torrent se vendía como el ariete con que el PP iba a derribar de la alcaldía al PSOE. Le he leído despotricar contra Ros y Breso en la campaña de 2003 y por otra parte insultar a Soria con seudónimos bastante ridículos. Incluso, cuando en 2007, antes de empezar su súper-cruzada contra el BLOC y el PP, escribí una carta al director a su periódico criticando su línea editorial, me dedicó varías líneas contestándome -nunca creí merecer tal honor, ¿se imaginan al director de un diario contestando a todos sus lectores?-. Y recordemos que hasta el 2006 todos los partidos tenían su columna periódica e incluso José Luis Arnal llegó a colaborar con él. Quiero decir con todo esto que al "monstruo" lo criamos entre todos y lo fuimos alimentando hasta que ya no cupo en la jaula y se escapó.
¡Qué grandísimo error cometió!. Porque de haber mantenido su neutralidad hubiera seguido siendo la referencia en internet de Torrent, con el consiguiente beneficio económico que le hubiera supuesto en propaganda y patrocionios de empresas. Pero decidió ir a caballo ganador, y como es conocida su reputada fama de gafe, le salió el tiro por la culata y redobló sus esfuerzos por insultar y menospreciar a los concejales del PP y del BLOC con algún intento también por dirigir las asambleas locales del PSPV. De ahí a querer censurar blogs personales, cual ministra Sinde, no pasaron más que unos días. Y finalmente sus amenazas, sus insultos, sus fobias, sus censuras y sus chorradas se fueron diluyendo como un azucarillo. Algunos ansiábamos el regreso de las páginas porno que llevaban el nombre de nuestra ciudad por todo el mundo, pero nos quedamos con las ganas.
Pero ése no es el quid de la cuestión, porque cuando empezó su particular batalla contra Beguer y el PP,allá por el 2006, sólo un partido y el propio equipo de gobierno pareció querer protegerlo con su propaganda, amén de la connivencia de UV y alguno de sus prebostes. Y si aquí ha hecho su aparición el dinero público, lo más correcto es dar explicaciones. Y de darlas deberían hacerlo los dos implicados: El empresario contratado y el equipo de gobierno que lo contrató. Lo demás son chorradas, excusas y ganas de liar la perdiz.
Ya lo dijimos hace unos meses, cuando amenazó con irse y parece que algún comentario en algún blog le animó a no hacerlo: Siéntate a la puerta de tu casa a ver el cadáver de tu enemigo pasar por delante. ¿Y de los concejales con blog propio que le han reído las gracias hasta la extenuación? No saben/no contestan. Y eso cuando no tiran balones fuera, como hacía aquel mediocentro que tuvo el Valencia a finales de los 80, ¿se acuerdan de Tomás?