16 de diciembre de 2010

Monte-Sion pone el acento


(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
No se alarmen si creen que he escrito el título de este artículo con una falta de ortografía. Pero es que con la nueva reforma de la ortografía castellana, la palabra Sion debería dejar de llevar la tilde que ha llevado siempre, o al menos como siempre la hemos escrito.  La explicación que se nos ofrece desde la Real Academia es que palabras como guion, truhan y Sion son en realidad monosílabas y no bisílabas. En cualquier caso y dejando a un lado cuestiones normativas y ortográficas, resumiremos diciendo que  gracias a los académicos, Monte-Sion ha perdido el acento.
                Sin embargo, esta afirmación dista mucho de la realidad, puesto que en las últimas semanas ha sido Monte-Sion quien ha puesto el acento en el Valencia CF con las estelares apariciones de un joven portero torrentino, Vicente Guaita, criado en su escuela de fútbol. Mucho se habla de las famosas escuelas y canteras de Lezama, Mareo o la Masía, e incluso, fuera de nuestras fronteras, la del Ajax o del Manchester. Pero con muchos menos euros y con mucha más ilusión, la escuela de Monte-Sion ha sido capaz de llevar a la primera división a muchos jugadores. Ahí están Bermell, Pruden o Fenoll, al que el mismísimo Di Stefano comparó con Rabah Madjer en sus épicas actuaciones a finales de los 80. Más tarde llegó Pedro López y el estratosférico gol a Casillas de hace un par de temporadas y ahora Guaita nos deleita con un par de soberbias actuaciones en el Bernabéu o en Old Trafford, lo cual nos llena de orgullo a los futboleros, que somos legión, y a los devotos del Monte-Sion en particular.  Eso sin olvidar que el capitán de la selección española juvenil, Paco Alcácer,  también ha vestido los colores del Monte-Sión y se ha despellejado sus rodillas en los patios del colegio.
                Ahora con tanto anticlerical trasnochado y desfasado que añora sin duda los años treinta, reconforta ver cómo el pasillo se le hace ahora a un joven torrentino en los mejores escenarios del fútbol mundial. Porque, no nos engañemos, si no fuera por el interés y la dedicación de la propia comunidad amigoniana de Monte-Sion –ahí está, entre otros muchos, el ejemplo de abnegación y dedicación del Padre Costa– que supieron encontrar en el deporte del fútbol uno de  los pilares sobre los que formar a los jóvenes, hoy no tendríamos a Guaita defendiendo la portería del Valencia. Y tampoco lo tendríamos si no fuera por las decenas de familias que han sentido que el Monte-Sion era algo más que un club, por mucho más que un equipo blaugrana se  haya atribuido ese lema. Son los propios padres quienes acompañan a sus hijos a los partidos en sus coches, los que animan a sus jugadores en los campos embarrados y los que les atusan el pelo cuando en el regreso a casa, los niños lloran por la goleada recibida, con la promesa de revancha para el próximo partido.
                Así que mientras Cristiano Ronaldo promociona bancos con nombre trinitario y Messi anuncia natillas, mientras los grandes clubes europeos fichan a golpe de talonario,  los niños del Monte-Sion sueñan con jugar algún día en Mestalla o, por qué no, en el futuro San Gregorio, el día que el Monte-Sion debute en la Champions League, que todo se andará.
                Soñar no cuesta tanto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuantos hemos disfrutado del fútbol gracias al Colegio Monte-sión...

Recuerdo especialmente al Padre Costa, que tú mismo lo citas, pero también recuerdo al Padre Manolo Beaumont, magnífico entrenador, psicólogo, formador... y persona.

¿Cómo olvidar aquellos años en los que a la vez que te ensañaban a jugar a futbol, te ensañaban la disciplina, la perseverancia, los valores y la coherencia?

Anecdota:
Alguno de los entrenadores no te dejaban jugar si andabas con suspensos.... a espabilarse llamaban !!!

Un saludo !!!