15 de noviembre de 2010

Prohibido fumar


No veo el día que llegue la prohibición total de fumar en espacios cerrados. Nunca -y no es ninguna ironía- le estaré bastante agradecido a ZP su obsesión por el tabaco. Ignoro qué motivos le llevan a hacerlo y considero bastante justo que se procure llegar a un entendimiento con los hostaleros, especialmente aquellos que invirtieron varios millones de pesetas (aún pensamos en pesetas) en acondicionar sus locales.
Cuando yo era pequeño algunos profesores fumaban en clase. Se fumaba en el autobús y en el cine. Los fumadores fumaban en casa a sus anchas. Poco a poco se han ido ganando espacios donde poder respirar (todos) frente al humo del tabaco (de unos cuantos). En C.O.U. recuerdo esperar al profesor fumando un cigarrito en la puerta de clase antes de empezar la clase de Historia del Mundo Contemporáneo. Y cuando empecé a trabajar en un colegio, la sala de profesores parecía el Londres de Jack the Ripper. Ahora ya no es así. Afortunadamente.
Hoy un cínico fumador empedernido lamentaba que se incumple tanto la prohibición de fumar por parte de fumadores como lo hacen los no fumadores que entran en la zona de fumadores. Valiente ejercicio de estupidez.
Por otra parte, me cuesta entender que se pueda encontrar placer en algo que sabe mal, que es molesto, que huele mal, que es caro y que pone en riesgo nuestra salud. Quien quiera fumar, allá él, pero que no nos agobie con su humo.
Entiendo a los fumadores cuando se quejan de que los destierre al balcón de mi casa cuando quieren fumar. Entiendo a los dueños del bar que lamentan que perderán el café que acompaña al cigarrito ése que se fuma mucha gente después de comer. Pero que no desesperen, que ahora entraremos muchos también al café sin cigarrito.
Con ese euro antes no contaban.

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