23 de octubre de 2010

Cinismo


Si queremos saber hasta qué punto podemos llegar a ser cínicos e hipócritas, conviene esperar a la muerte de una personalidad relevante en la sociedad y escuchar los panegíricos que les dedicamos para confrontarlos con lo que les llegamos a decir en su momento. Ahora que ha muerto Arturo Tuzón, el presidente que obró el milagro de la salvación del VCF en los 80, todos añoramos esa honradez en la dirección de un club tocado de muerte y anhelamos un espíritu así en los directivos del fútbol actual. Sin embargo, en su momento no tuvimos reparos de hacerle dimitir con nuestros silbidos y proclamas, como aquel celebérrimo "Suelta los duros, Arturo suelta los duros", mientras le hacíamos el culo gordo a los Roig, Soler, Soriano y Dalport que aguardaban su ocasión para desmantelar el Valencia con su codicia o su ineptitud.
Ahora lo echamos en falta, pero nos olvidamos que entre todos lo echamos. Esta noche, al menos, guardaremos un minuto de silencio, pero nos sobraron minutos de gritar hace veinte años.
¡Maldito cinismo!

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