10 de septiembre de 2010

Se abrió la veda

Parece ser que se ha abierto la veda y que los socialistas torrentinos decidirán quién será su candidato para las locales del próximo mes de mayo. La verdad es que no deja de ser paradójico que los partidos políticos se nos presenten como herramientas para hacer funcionar la democracia y sean ellos mismos los menos democráticos. En eso el PSOE sí le saca ventaja al PP y la prueba de ello la tenemos en Madrid y en Tomás Gómez. Si luego resulta que las primarias funcionan de verdad y limpian el ambiente político tan viciado o si por el contrario sólo sirven para despellejarse unos a otros durante cuatro semanas y dejar el partido peor que estaba, es algo que está por ver, pero es saludable que sean los militantes de un partido los que eligen el candidato, ya que lo de las listas se queda para otra ocasión.
Porque hay dos formas de hacer las listas. Una, la más patética y que acabamos viendo siempre en esos partidos y coaliciones de risa que acaban colándose en las elecciones, es coger el móvil y pedir la fotocopia del DNI al primero que nos conteste el teléfono. En las últimas locales había una lista copada por más de quince familiares del cabeza de listas, dato éste fácilmente contrastable por lo singular de su apellido. Luego resultó que recabó menos votos que candidatos, con lo que cabe preguntarse por qué se presenta alguien que no es capaz de convencerse a sí mismo y quién paga todo ese despilfarro.
Este procedimiento también resulta de utilidad cuando en la agrupación no se llega a las veintiocho personas necesarias para completarla. Si el candidato tiene la suerte de apellidarse García –por la frecuencia, no me malinterpreten- Martínez, Ferrer o Andreu, es más sencillo que esta circunstancia pase desapercibida. Pero si por el contrario se apellida Miraflores –con todo el respeto para los Miraflores –Seisdedos o Romaní, la pista familiar se sigue con facilidad. Si no me creen, les invito a que lo comprobemos dentro de unos meses.
La segunda, la que utilizan los grandes partidos, consiste en ir completando y haciendo hueco cubriendo las cuotas asignadas a las diferentes “familias” del partido con la supervisión de la dirección regional. Aquí un joven, aquí una mujer, alguien mayor, éste que viene apadrinado de Valencia, ésta otra que arrastra el voto festero y no nos dejemos a alguien que venga de los barrios.
Esto, en principio no es ni bueno ni malo. Bien es cierto que más de uno de ustedes, cuando vota –yo así lo pienso, al menos – es consciente de que la papeleta que está depositando contiene nombres que, en el mejor de los casos, para usted son completos desconocidos, o que incluso tacharía directamente de poder hacerlo. Convertimos así el noble ejercicio de la democracia –valiente chorrada que tenemos que escuchar en boca de los candidatos el día de marras – en una elección del menos malo. O sea, que realmente usted no vota a los veinticinco que quiere que estén sino a los doscientos y pico que quiere que no estén.
Bienvenidas sean, pues, las primarias. Aunque en honor a la verdad, no auguro grandes sorpresas. Las alianzas de las familias, los sectores enfrentados que buscan no perder poder y las presiones de Valencia pueden más que la voluntad de los militantes.
A ver cuándo nos dejan votar con listas abiertas.

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