13 de mayo de 2010

Gran ciudad

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Durante el siglo XVIII, circulaba una leyenda por toda Europa, pero que caló hondo en la sociedad española, que afirmaba que los druidas galos habían tallado una imagen de la Virgen a la que le habrían dedicado la construcción de un templo varios siglos antes de que naciese la propia María, profetizando incluso su parto con el título de “Virgini pariturae” . Semejante prodigio no pasó inadvertido por los ilustrados de la época, especialmente Jovellanos, que decidieron combatir la incultura y la superstición denunciando aquellas falsedades, como esta, que corrían de boca en boca y se incluían en el acervo cultural de los ciudadanos.

Sin embargo, convendría no desdeñar tales artes adivinatorias en el siglo XXI. Si los galos fueron capaces de venerar a la Virgen antes de que naciese, no falta hoy en día quien es capaz de atribuirse méritos de cuestiones que él hizo mucho antes de que ocurriesen. Tal es el caso de la declaración de gran ciudad que ha merecido Torrent en las últimas semanas. Si es por todos sabido que hemos merecido esa declaración por sobrepasar los setenta y cinco mil habitantes, característica que nada tiene de extraordinaria o digna de elogio, salvo que fuese producto de la fabulosa capacidad fecundadora de nuestros vecinos, no sé a santo de qué hay algunos que van atribuyéndose medallas por este reconocimiento. Reconocimiento que, dicho sea de paso, podría haber recogido también las peculiaridades culturales o históricas de nuestra población, porque haberlas, haylas, y no limitarse a la cantidad de vecinos empadronados, toda vez que se ha conseguido a golpe de ladrillo. Pero ése es otro debate.

Señalada, pues, la mezquindad de aquellos que siempre quieren destacar lo buenos que son ellos y lo malos que son los demás, como lo fue la portavoz de Esquerra Unida en el pleno con unas desafortunadísimas declaraciones, quisiera hoy reclamar, por paradójico que parezca, aquellos aspectos de pueblo que nunca debimos perder. ¿Se ha fijado usted en lo extraño que resulta ya que los vecinos frieguen a la puerta de sus casas o barran las aceras? ¿Cuándo fue la última vez que bajó a la calle “a la fresca” –como le gusta a nuestro compañero miope– a pegar la “xarraeta” con el vecindario? ¿Ha paseado usted por la huerta que aún queda en el Safranar? Estamos viviendo un cambio de ciclo, es cierto. Pero a pesar de multiplicar por mucho el número de habitantes y nacionalidades, de enriquecer nuestro patrimonio cultural y de fomentar lo propio, me da la impresión de que cada vez estamos más solos y somos menos auténticos. Lo señaló acertadamente el portavoz del Bloc en les Corts, Enric Morera, afirmando que “Torrent es una gran ciudad con historia con presente y con futuro, por lo que hay que preservar su identidad como pueblo". Así que habrá que ver cómo protegemos nuestro patrimonio cultural, artístico e histórico, porque aquí aún andamos con discusiones acerca de si se puede salir en una procesión o no, ya que a algunos les gustaría volver a sacar a la guardia de asalto a la calle para disolverlas. Pero también cómo proteger nuestro patrimonio agrario. La huerta está abandonada, los labradores no saben quién cultivará sus campos y recogerá naranjas dentro de diez o quince años y la presión urbanística acabará sí o sí con el Safranar, llenando el bolsillo de unos pocos, todo sea dicho de paso.

Si ésa es la hoja de ruta para convertirnos en gran ciudad, yo me sumo a ella.

1 comentario:

Miope dijo...

Tu mejor artículo, sin duda: salgo yo.

Pero en La Opinión soy El Xocolater, no Miope... no desenmascares mis múltiples personalidades...