15 de abril de 2010

Un aplauso



En muchas ocasiones somos bastante infantiles a la hora de encajar la crítica. Generalmente la soportamos muy mal y buscamos la excusa para justificarnos o el contraataque para desacreditar al que la presenta y las menos de las veces la aguantamos estoicamente con un esbozo de falsa modestia cuando no tenemos más remedio que aceptarla. Sin embargo, si hay algo que llevamos peor que la crítica propia es el halago al contrario cuando no al propio compañero. Esta infantil actitud que podemos observar en niños, por ejemplo, cuando celebran un cumpleaños y los invitados se ven obligados a regalarle algo al otro hermano para evitar sus iras, también la encontramos en adultos. Hace unos meses desde un blog local alguien glosó la calidad de los grupos contratados para las fiestas patronales y no faltó quien, desde la bancada de la oposición, reclamaba que también hace unos años había buenos carteles para fiestas.Nadie decía lo contrario, pero ese alguien pensó, como decíamos hace unas líneas, que alabar algo implica criticar lo otro. Incluso este periódico, en su edición digital, presentó una encuesta hace unos meses para valorar la actuación del equipo de gobierno, dando tres opciones, a saber: bien, mejor que el anterior; regular, igual que el anterior; mal, peor que el anterior. Dando por hecho que aplaudir la gestión actual era criticar la anterior Pero no quisiera desviarme de mi propósito inicial.
Ese propósito no era otro que el de hablarles de la Semana Santa torrentina. Hablar de la fiesta, de su presidente y de la Reina del Encuentro de este año y no caer en el error de que alguien pueda pensar que desconsidero otras fiestas, otros presidentes y otras reinas es el reto que me planteo. Porque a mí sí me parece que la Semana Santa en Torrent sea algo de lo que tenemos que enorgullecernos propios y extraños. Es una fiesta singular, extraordinaria y por extraño que parezca sobrevive a presidentes, juntas centrales, ayuntamientos, dictaduras, gobiernos laicistas y corrientes seculares. Porque se dice mucho del laicismo imperante de nuestra sociedad, pero cada vez hay más personas que participan de ella. Es cierto también que la motivación de muchos de los hermanos dista mucho de las que propone la Iglesia, pero no deja de ser significativo que están celebrando la Semana Santa en una procesión penitencial y no en un macrobotellón en un polígono. Sí, creo que la Semana Santa sí es una fiesta que hay que considerar – e insisto en que eso no significa que las demás no merezcan esa consideración-.
Quería hablarles también del presidente y la Junta Central. Es encomiable el trabajo que hacen, toda vez que en muchas ocasiones esta torpedeado por muchas personas de las propias hermandades y sus juntas directivas. No se descubre Catarroja si lo decimos. Me quedo con el detalle de la organización del Encuentro Glorioso de este año como muestra, con la presidencia del señor Arzobispo. Pocas instituciones y organismos en Torrent funcionan tan bien con tanta independencia del ayuntamiento. Ahí sí que habría que hacérselo mirar.
Y de la Reina del Encuentro, cuya edad había sido motivo de algún comentario malintencionado en algunos foros, pero que ha sabido responder con humildad y cercanía a su cometido. Sólo desde unas profundad convicciones morales y familiares se puede rayar a la altura a que ha estado.
A todos y todas, enhorabuena. La Semana Santa de Torrent sí que es un buen ejemplo para el futuro.

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