12 de marzo de 2010

Oclocracia, ¡vaya palabra!


(Publicado en el último número de La Opinión)


Iba a publicar mi columna de esta quincena hablándoles de las fallas que ya están en la calle, de la alegría y el jolgorio que las envuelve, del tesón y el esfuerzo de muchas comisiones y personas abnegadas que lo hacen posible y también de la falta de urbanidad de algunos de nuestros vecinos que creen que al grito de “es que estamos en fallas” todo vale en estos días, pero la edición digital de este periódico me hace cambiar el pie y desvía mi idea hacia otros derroteros.

Les explico: esta mañana, mientras leía los titulares de algunas noticias ocurridas en nuestras calles me he topado con una referente a un accidente de tráfico de funestas consecuencias y cuya redacción se cerraba con una nota del periódico en el que se afirmaba que, a petición de los familiares de los afectados, se omitían los comentarios de los lectores. Ignoro cuáles eran las opiniones vertidas ahí, pero teniendo en cuenta lo fácil que nos resulta arrimar el ascua a nuestra sardina con tal de defender nuestras opciones políticas o criticar las del contrario, me puedo imaginar la sarta de barbaridades que, amparadas en el anonimato, se pueden llegar a haber vomitado y que, respetando a la familia y ofreciéndole mi más sentido afecto, evitaré yo mismo escribir.

Creo que la definición de lo que ocurre en estos casos la leí en el País hace unas semanas y es la oclocracia, término griego que significa “gobierno de la muchedumbre o de la plebe”, concepto que se está confundiendo con la democracia, porque mientras ésta persigue la intervención del pueblo en el gobierno a través de la elección de aquellos que nos representan, en la oclocracia hemos decidido que cualquier opinión y cualquier punto de vista son válidos en nuestra sociedad y, por lo tanto, deben ponerse encima de la mesa, aunque el que lo afirme sea un auténtico mentecato, un merluzo y un cretino. Y eso es un grave error, ya que, si bien conviene reforzar los mecanismos de participación ciudadana en la sociedad, estos nunca pueden poner en el mismo lugar la opinión que se expresa al calor de un carajillo en una discusión de taberna que la argumentación y la reflexión seria. De otra manera no se puede entender que una misma realidad tengamos que juzgarla en función de quién la ejecutado. Oclocracia es criticar algo que ha hecho el contrario pero no hacerlo si lo hacen los míos. Oclocracia es, por ejemplo, defender a un juez porque actúa según mis intereses y no hacerlo con otro porque no es de mi cuerda. Oclocracia es acusar a un disidente político en una dictadura de ser un peligroso terrorista porque el Gran Dictador así lo ha dicho. Oclocracia es retirar una exposición de fotos de un museo público porque tres fotos me ponen en mal lugar o no me gustan. Oclocracia es querer abrir o cerrar una calle al tráfico en función de mis intereses exclusivamente partidistas sin querer tener en cuenta el interés general. Oclocracia es tener un blog abierto con el único fin de insultar a los concejales del partido contrario.

Y oclocracia también es, y éste es el caso más cínico desde mi punto de vista, juzgar un accidente en función de mis intereses políticos. Es algo cínico, mezquino y perverso. Oclocracia, ¡vaya palabra!.

1 comentario:

Lucho dijo...

Con relación al accidente a que te refieres, yo si que leí los comentarios que se hicieron en su día sobre dicho suceso, y te puedo garantizar que no eran de contenido político, sino más bien de linchamiento sobre la conductora del autobús, hasta llegar a los términos más escabrosos. Pero de todas formas, creo que los verdaderos culpables de este hecho, son la redacción del periódico, por no haber retirado inmediatamente estas atrocidades, y haber tenido que escribir la hermana de la conductora para pedir piedad.
Así como retiran otros comentarios por palabras malsonantes, por ejemplo por emplear la palabra "para que deje de jodernos"como expresión coloquial, para que deje de fastidiarnos, pero claro era en alusión a nuestra alcaldesa y por eso ahí están prestos a la censura. Creo que tienen estos señores, que ser más objetivos.