1 de febrero de 2010

Esto no es sostenible

Tuve la suerte el otro día de cenar con, entre otras muchas personas, Alfred Domínguez. Con su hablar pausado y sensato, mientras comentábamos la situación actual, la crisis y las polémicas nucleares, afirmaba que él creía que, a partir de esta crisis económica que estábamos padeciendo, las cosas iban a cambiar, que el modelo de consumismo exacerbado a que nos habíamos acostumbrado tocaría a su fin y que, en definitiva, la crisis nos haría darnos cuenta de lo que no habíamos hecho bien. Él lo había creido. Pero reconocía que no era así y que, después de esta etapa, volveríamos a ser como antes. Tuve que darle la razón porque lo cierto es que es la tenía. Estamos esperando remontar la crisis -tres, cuatro o cinco años- para volver al estatus al que anhelamos: mejor coche, mejor casa y si me apuran, mejor mujer y mejores hijos -que para algo ya han inventado el veneno de serpiente y el bótox, que hacen maravillas en los rostros arrugados-.
En resumen: que no hemos aprendido nada. Y lo peor es que estamos exigiendo que los gobiernos nacionales, regionales o locales solucionen la papeleta -que es su obligación, por otra parte- pero seguimos siendo incapaces de perder un ápice de nuestro progreso doméstico. A ver quién es el guapo que abandona el coche, destierra el sueño de comprarse un chalet en el Vedat o no ansía un aumento de sueldo para aumentar el consumo.
Yo no sé si ustedes se acuerdan del Rey Salomón cuando quiso construirse un palacio enorme. Lo compensó construyendo un templo ligeramente mayor para Dios. Dado que no quería que Dios se enfadase, le regalaba uno mayor a él. Este primerizo ejercicio de cinismo en la historia del hombre tiene sus ramificaciones en la actualidad. Porque mucho se nos dice acerca del cambio climático y esas gaitas, pero al final los consejos que se nos dan es que usemos energías renovables o bombillas de bajo consumo, en lugar de poner el acento en si necesitamos todo lo que tenemos. Haga la prueba: llegue a casa y actúe con normalidad. Deje pasar unos quince minutos y entonces pasee por la casa y comience a apagar electrodomésticos o luces que no necesita. O en lugar de pensar en coches híbridos, piense (pensemos) en si cada vez que lo cogemos es realmente imprescindible. El resultado es, créanme, penoso. Al menos en mi caso.
Andamos ahora en plena polémica acerca de la jubilación. Aunque soy de naturaleza perezoso y vago, no me preocupa jubilarme a los 67 porque disfruto con mi trabajo y espero que sea igual dentro de 33 años. Y aunque es lógico el planteamiento de retrasar la jubilación (los jubilados en 2010 llevarán una media de 45 años trabajados, mientras que los de mi generación para trabajar cuarenta y cinco años se jubilarían a partir de los 70) de nuevo nos quedamos en medidas supeficiales. Porque el debate de fondo no es si podemos sostener las pensiones o las prestaciones, la ley de dependencia o la Sanidad y la Eduación pública. Es si todo esto se sostendrá durante mucho tiempo igual.
Y está claro que no.

P.D. Estuve el fin de semana en Madrid y coincidí con una manifestación de izquierdas contra el capitalismo, la crisis y los bancos. Ambiente festivo y reivindicativo con multitud de proclamas. Unos jóvenes provistos de cola y carteles embadurnaban y empapelaban todas las oficinas bancarias a su paso, con mensajes del tipo "aquí empieza la crisis" o "falta Alí Babá, pero aquí están los ladrones". Cuando acababan su hazaña, se fotografiaban con el resultado y -seguramente- pensarían en los ejecutivos trufados de pasta y fumando sus puros que nos han llevado a la crisis. "Que se jodan", pensaría. Me hubiera gustado ver qué pensaba la mujer o el hombre -el currela, vamos- que haya tenido que coger la espátula y haya estado quitándolos bajo la fría mañana de la Gran Vía madrileña durante un par de horas. Qué le van a decir a él o a ella de la crisis.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Alfred hubiera sido un excelente alcalde de Torrent, pero los intereses de algunos del PSOE bloquearon cu posible candidatura. Es una verdadera pena. Si en lugar de Bresó a Ros lo sustituye Alfred quizá en estos momentos lasa cosas pintarían muy diferentes para los socialistas.