30 de diciembre de 2010

Cuento de Laicidad

Publicado en La Opinión de Torrent.

Torrent, año 20 de la Nueva Era (2031 de la antigua numeración cristiana). La gente ha asumido paulatinamente los postulados de la nueva Ley de Libertad Religiosa que sirvió para proteger las creencias personales de cada ciudadano y ciudadana. Aquella Ley pretendía desterrar de toda presencia pública a la religión para mantenerla en el ámbito privado de las personas, pero en la práctica consiguió que el cristianismo fuese  eliminado y se favoreciese cualquier tipo de culto. Así ahora resulta sencillo encontrar un Templo dedicado a la Diosa Fortuna –cuya fiesta se celebra en el Sorteo de Lotería de Invierno, el día 356º del año– o ver una procesión de la Iglesia Antropofágica de Oriente por las calles de nuestra ciudad.
                Las referencias a las anteriores creencias de la mayoría de la población se han ido suprimiendo con silenciosa eficacia. El dios en quien creían ahora se cita como “Aquél de quien no hablamos” y las principales fiestas litúrgicas se mantienen en el calendario pero han cambiado de nombre. De este modo, la otrora Navidad ahora se llama “Fiesta Anual del Solsticio de Invierno”; el día del Padre y de la Madre se han fusionado en el “Día de los miembros y miembras de mayor edad de las unidades sociales monoparentales y biparentales”;  las antiguas fallas dedicadas a San José se han convertido en “Homenajes al efecto purificador de la combustión oxigenada en el  Equinoccio” también conocidas popularmente como “Hepcoe”; y la Semana Santa se mantiene –¡cómo dejar a tanta gente sin poder tocar el tambor!– pero ahora recibe el nombre de “Semana de la Primera Luna Llena de la Primavera” y se han sustituido los nombres de las Hermandades por referencias a los colores de sus hábitos. Por supuesto se ha prohibido todo Acto Celebrativo No Cívico (antes llamadas Misas) y los pasos e imágenes ardieron en el Hepcoe de 2012. El Carnaval, no obstante, sigue siendo obligatorio.
                El callejero ha variado sustancialmente: La principal arteria de la ciudad ha dejado de rebautizarse y ha pasado a llamarse “Avenida de la Igualdad”; la calle del Padre Méndez ahora es “del Gran Wyoming”; la entrañable Plaza de Sant Roc, “plaza contra el maltrato animal”; la calle y plaza de la Iglesia, “de los derechos de las minorías marginadas y perseguidas”; y las que fueron San José, Santa Lucía, Santa Teresa o Fray Luis Amigó han pasado a denominarse “de la III República”, “del colectivo de invidentes”, “de la lucha contra la  obesidad” y “de la enseñanza no discriminatoria”. Los carteros hacen ahora durísimos exámenes para aprenderse las denominaciones que en ocasiones pueden ocupar varias líneas, como la actual Plaza “de los derechos de los alumnos y alumnas y de sus padres y madres y/o tutores legales de no ser examinados para evitar conflictos emocionales y situaciones de estrés” siendo su anterior nombre  Plaza Mota.
                Da gusto pasear por Torrent. Hoy es el día 358 del año. Antiguamente se celebraba la Nochebuena, ahora es el día del aniversario de Santa Claus (patrocinado por El Corte Inglés). Hay silencio por doquier. Una pareja de enamorados, Decreto y Libertad –se suprimieron los nombres no constitucionales hace tiempo-  pasean agarrados de la mano. Al llegar al ficus de la plaza homónima contemplan horrorizados a unas quince personas que cantan unas extrañas canciones antes de ser detenidas por la Guardia de Asalto.
                Sólo alcanzan a decir, mientras son conducidas al calabozo: ¡Feliz Navidad!

23 de diciembre de 2010

Lotería

Si alguien sabe más de estadística que  me corrija, pero creo que es más fácil morirse que ganar el gordo de la Lotería de Navidad. Siguiendo una sencilla regla de tres, si la esperanza de vida en España puede superar los 80 años y cada año tiene 365 días, dando por seguro que llegará el día que finemos, el resultado es de 1/29200, es decir cada día que pasa tenemos una probabilidad de  un 0'00342 % de morir, probabilidad que se suma día a día hasta agotarse el día de nuestro óbito. Probabilidad de un 100 % a largo o corto plazo, según se mire. En cambio, cada número de la lotería que hemos jugado suponía una probabilidad entre 85000, lo que es igual a un 0'0011% casi tres veces menos probabilidades, sin la certeza de que algún día nos toque, porque no se acumula ese porcentaje al anterior si repetimos jugada.
Así que, dando por hecho que algún día nos reuniremos felizmente en la carretera de Albal s/n y que probablemente nunca lo hagamos en la puerta de la administración de lotería con una ajada botella de cava semi-seco (casi mejor morirse que brindar con Carta Nevada Semi-Seco) no puedo sino desearles a todos ustedes una Feliz Navidad. Que nos dejemos de historias y que arrimemos el hombro todos para que la probabilidad de morirse felizmente -y cuanto más tarde mejor- sea mayor que la de morirse realmente jodidos o demasiado pronto -si es que puede haber algún día bueno para hacerlo-.
¡Que así sea!

16 de diciembre de 2010

Monte-Sion pone el acento


(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)
No se alarmen si creen que he escrito el título de este artículo con una falta de ortografía. Pero es que con la nueva reforma de la ortografía castellana, la palabra Sion debería dejar de llevar la tilde que ha llevado siempre, o al menos como siempre la hemos escrito.  La explicación que se nos ofrece desde la Real Academia es que palabras como guion, truhan y Sion son en realidad monosílabas y no bisílabas. En cualquier caso y dejando a un lado cuestiones normativas y ortográficas, resumiremos diciendo que  gracias a los académicos, Monte-Sion ha perdido el acento.
                Sin embargo, esta afirmación dista mucho de la realidad, puesto que en las últimas semanas ha sido Monte-Sion quien ha puesto el acento en el Valencia CF con las estelares apariciones de un joven portero torrentino, Vicente Guaita, criado en su escuela de fútbol. Mucho se habla de las famosas escuelas y canteras de Lezama, Mareo o la Masía, e incluso, fuera de nuestras fronteras, la del Ajax o del Manchester. Pero con muchos menos euros y con mucha más ilusión, la escuela de Monte-Sion ha sido capaz de llevar a la primera división a muchos jugadores. Ahí están Bermell, Pruden o Fenoll, al que el mismísimo Di Stefano comparó con Rabah Madjer en sus épicas actuaciones a finales de los 80. Más tarde llegó Pedro López y el estratosférico gol a Casillas de hace un par de temporadas y ahora Guaita nos deleita con un par de soberbias actuaciones en el Bernabéu o en Old Trafford, lo cual nos llena de orgullo a los futboleros, que somos legión, y a los devotos del Monte-Sion en particular.  Eso sin olvidar que el capitán de la selección española juvenil, Paco Alcácer,  también ha vestido los colores del Monte-Sión y se ha despellejado sus rodillas en los patios del colegio.
                Ahora con tanto anticlerical trasnochado y desfasado que añora sin duda los años treinta, reconforta ver cómo el pasillo se le hace ahora a un joven torrentino en los mejores escenarios del fútbol mundial. Porque, no nos engañemos, si no fuera por el interés y la dedicación de la propia comunidad amigoniana de Monte-Sion –ahí está, entre otros muchos, el ejemplo de abnegación y dedicación del Padre Costa– que supieron encontrar en el deporte del fútbol uno de  los pilares sobre los que formar a los jóvenes, hoy no tendríamos a Guaita defendiendo la portería del Valencia. Y tampoco lo tendríamos si no fuera por las decenas de familias que han sentido que el Monte-Sion era algo más que un club, por mucho más que un equipo blaugrana se  haya atribuido ese lema. Son los propios padres quienes acompañan a sus hijos a los partidos en sus coches, los que animan a sus jugadores en los campos embarrados y los que les atusan el pelo cuando en el regreso a casa, los niños lloran por la goleada recibida, con la promesa de revancha para el próximo partido.
                Así que mientras Cristiano Ronaldo promociona bancos con nombre trinitario y Messi anuncia natillas, mientras los grandes clubes europeos fichan a golpe de talonario,  los niños del Monte-Sion sueñan con jugar algún día en Mestalla o, por qué no, en el futuro San Gregorio, el día que el Monte-Sion debute en la Champions League, que todo se andará.
                Soñar no cuesta tanto.

25 de noviembre de 2010

Recuerdos


(Publicado en el Diario La Opinión de Torrent)

Hay lugares que con el tiempo vamos mitificando hasta convertirlos en algo que probablemente nunca fueron o que tal vez nunca conocimos. La gente de mi generación - nací unos meses antes de que finara Franco – aún somos capaces de recordar las casas que había en la plaza, frente a la Torre, donde ahora está el infecto aparcamiento, y cuyas últimas viviendas han sido derribadas hace sólo unos días. Tanto hemos hablado de ellas y tanto las hemos añorado, que creo haber empezado a contar sucesos y fragmentos de historias que nunca ocurrieron.

Recuerdo haber almorzado sólo una vez en la legendaria taberna de “El Coixo”. Pero a la vez vienen a mi mente recuerdos de cenas que nunca cené, de cafés que jamás tomé y de partidas de truc que en la vida jugué, en aquel lugar que ahora está a caballo entre la Atlántida y Macondo. Haciendo un gran esfuerzo, encuentro en algún lugar de mi memoria carteles de películas en la fachada del Cine Avenida o las celebérrimas lámparas del Monte-Carlo, pero con el singular resplandor que sólo da lo que nunca llegué a ver, guardo en mis recuerdos el centelleante brillo de Audrey Hepburn en sus pantallas, el beso de Vivian Leigh y Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”, legendarios duelos de vaqueros frente a un salón del oeste y el ascenso de Superman por entre los rascacielos de Metrópolis. Y vagamente sería capaz de describir cómo el antiguo trenet nos dejaba en la estación de Jesús, pero podría narrar, como sólo un anciano podría hacerlo, con todo lujo de detalles, la primera vez que cogí el tranvía, las excursiones a la piscina “del retor” y que la avenida terminaba en lo que hoy es el parque.

Es lo que tiene el progreso. Nos hemos lamentado tantas veces de lo que hemos perdido, que no somos capaces de valorar lo que tenemos, de manera que podemos llegar a reconstruir nuestra Historia, no sólo con nuestros recuerdos, sino con los de otros. Sin embargo aún estamos a tiempo de evitar que en el futuro lamentemos lo que hoy nos parece obvio. Ahí tenemos el Safranar. Si usted sale a pasear por sus campos, no tendrá que recurrir a sus recuerdos para evocar ese pedazo de huerta, esos colores, ese aroma a tierra húmeda que desprende en los atardeceres de invierno. Cuando regrese a casa y camine por el entorno de la plaza y huela ese olor a leña de algún hogar, no necesitará retrotraerse a su pasado para volver a rememorarlo. Y al abrocharse el abrigo y taparse la cara porque refresca, no será necesario volver a su niñez y recordar que antes sí hacía frío de verdad.

Quién sabe si dentro de otros treinta años, cuando paseemos por nuestros nietos por este Torrent que construimos entre todos, nos mirarán con esa chispa en los ojos que sólo un niño emocionado tiene, mientras les contemos lo que un día conocimos y que para entonces sea un nuevo Manhattan. Incluso, paradójicamente, esa nueva ciudad que entonces rechacemos y despreciemos frente a la que conocimos, evoque para ellos en un futuro lejano recuerdos imborrables que añorarán.

Machado hablaba de su infancia, del patio sevillano y del limonero. La mía es torrentina, recuerdos del frío de invierno y olor a azahar. No sé que tiene el invierno que nos devuelve a nuestra infancia. Particularmente espero que nunca deje de devolvérmela.

15 de noviembre de 2010

Prohibido fumar


No veo el día que llegue la prohibición total de fumar en espacios cerrados. Nunca -y no es ninguna ironía- le estaré bastante agradecido a ZP su obsesión por el tabaco. Ignoro qué motivos le llevan a hacerlo y considero bastante justo que se procure llegar a un entendimiento con los hostaleros, especialmente aquellos que invirtieron varios millones de pesetas (aún pensamos en pesetas) en acondicionar sus locales.
Cuando yo era pequeño algunos profesores fumaban en clase. Se fumaba en el autobús y en el cine. Los fumadores fumaban en casa a sus anchas. Poco a poco se han ido ganando espacios donde poder respirar (todos) frente al humo del tabaco (de unos cuantos). En C.O.U. recuerdo esperar al profesor fumando un cigarrito en la puerta de clase antes de empezar la clase de Historia del Mundo Contemporáneo. Y cuando empecé a trabajar en un colegio, la sala de profesores parecía el Londres de Jack the Ripper. Ahora ya no es así. Afortunadamente.
Hoy un cínico fumador empedernido lamentaba que se incumple tanto la prohibición de fumar por parte de fumadores como lo hacen los no fumadores que entran en la zona de fumadores. Valiente ejercicio de estupidez.
Por otra parte, me cuesta entender que se pueda encontrar placer en algo que sabe mal, que es molesto, que huele mal, que es caro y que pone en riesgo nuestra salud. Quien quiera fumar, allá él, pero que no nos agobie con su humo.
Entiendo a los fumadores cuando se quejan de que los destierre al balcón de mi casa cuando quieren fumar. Entiendo a los dueños del bar que lamentan que perderán el café que acompaña al cigarrito ése que se fuma mucha gente después de comer. Pero que no desesperen, que ahora entraremos muchos también al café sin cigarrito.
Con ese euro antes no contaban.

11 de noviembre de 2010

Suma Cero

(Publicado en el diario La Opinión)

Escuché el concepto el otro día en la radio y me llamó poderosamente la atención. Debo advertir que no es mío, para evitar malentendidos y acusaciones infundadas de plagio. El caso es que venía a decir que los partidos políticos planean sus campañas basándose en la “suma cero”, lo que vendría a significar que un partido se vende tan bien y promociona tanto sus éxitos como es capaz de denostar los del contrario. Así, en una supuesta escala del cero al diez, para que un partido convenza a su electorado de que su gestión es de ocho, debe, a su vez, intentar demostrar que el partido contrario gestiona con un dos, para neutralizar el resultado. O lo que es lo mismo “yo soy tan bueno como el otro es de malo”.

Una demostración de suma cero, permítame el director de este periódico que vuelva a sacarlo a colación, fue una encuesta en la edición digital de este medio, en la que se invitaba a los lectores a valorar la gestión del actual equipo de gobierno. En dicha encuesta las opciones iban desde “Muy bien, mejor que el anterior” al “Muy mal, peor que el anterior” pasando por “Regular, igual que el anterior”. Es decir que la suma de la respuesta para el anterior y el actual siempre era cero, porque siempre una era negativa y la otra positiva.

Así que si quieren que saquemos las calculadoras en las próximas semanas, lo intentamos. Todo folletito de marketing electoral que se precie constará de dos partes. La primera para valorar la gestión actual. Si el folleto está impreso sobre fondo azul, verán que las fotos y la realidad son de diez, mientras que si el fondo es rojo, las fotos se parecerán más al Bronx. La segunda parte tendrá las inevitables referencias al año 2007, pero invirtiendo los factores. Ahora el fondo azul dará paso a un Torrent de tercera, mientras que el de fondo rojo nos recordará un Torrent de guía turística. El resultado siempre tiene que ser cero. Qué buenos que somos y qué burros que son.

Sí, ya sé que tenemos que dar por bueno esto. El problema aparece cuando reducimos todos los problemas de la sociedad a esa ecuación cuyo resultado tiene que ser cero siempre. Fíjense si no en las protestas organizadas las últimas semanas de los tipos estos que están en contra de la inmigración. Como me molestan los musulmanes en la calle, lo mejor es que se vayan de aquí, que para eso estoy en “Esssspaña”. Como no los quiero cerca de casa, que se larguen a su país. Como no asimilan nuestra cultura, que se piren. Como soy mejor que ellos (soy un 10) y ellos son una basura (son un cero), me quedo yo, se marchan ellos.

Así que permítanme una cosa, señores y señoras candidatos con opciones serias de entrar en el ayuntamiento. Procuren no usar el tema de la inmigración en sus “sumas cero”. Procuren ponerse del lado del más débil, sin menoscabar los derechos de todos. Recuerden, y eso no me lo ha contado nadie, que estos días que comienza a hacer frío, que llueve y que azota el viento, hay tres o cuatro muchachos magrebíes durmiendo en el Alter en una caseta abandonada, mientras nosotros arropamos a nuestros hijos.

Y téngalo usted en cuenta si es que iba a participar en un acto de esos.

28 de octubre de 2010

Compro Oro

(Publicado en el diario La Opinión de Torrent)

La proliferación de negocios de compra-venta de oro y joyas, así como de negocios del estilo de “oro por euros” o “compramos lo que no necesita” e incluso de financieras de esas que se anuncian en los programas matutinos de televisión con lemas como aquel de “seis mil euros sin preguntar para qué” son indicativos del grado de decadencia de nuestra sociedad. Decadencia económica y decadencia moral.

Porque uno no puede dejar de preguntarse cómo ganan dinero empresas que aseguran pagar mucho dinero por aquello que no necesitamos (para qué lo compraríamos entonces) o que cobran intereses muy bajos por prestarnos un dinero que, seguramente, volveremos a gastar en cosas que tampoco necesitamos. Bien pensado, quién sabe si los mismos que nos prestan dinero a las diez en el programa de Ana Rosa lo hacen para que compremos trastos que luego nos recomprarán a las once en Sálvame. Así son los negocios.

Toda esta divagación sí lleva a alguna parte: a la precampaña electoral que ya estamos viviendo. Soy de los que ven en cada titular, en cada entrevista y en cada nota de prensa de nuestros partidos algún guiño a un sector de nuestro pueblo, una crítica a la oposición, un mensaje a la alcaldesa o una promesa que tal vez nunca llegue a materializarse. A veces hasta los silencios se pueden llegar a entender.

Pongamos por ejemplo la famosísima columna que el candidato socialista a nuestro ayuntamiento publicó en este periódico la quincena pasada y que resultó ser el refrito de un trabajo universitario, provocando la hilaridad en unos, la perplejidad en otros y la reacción en cadena de cientos de comentarios en internet que acabaron con una página en el diario El Mundo del día 22 de octubre. ¿Se pueden extraer conclusiones de ella? Por supuesto.

En primer lugar podemos suponer que el supuesto autor (ya hemos dicho en otro lugar que damos el beneficio de la duda al candidato y supondremos que es un artículo perpetrado por algún ingenuo asesor) es de una candidez extrema al creer que podría pasar por bueno un artículo copiado y pegado de una página de internet.

En segundo lugar, damos por hecho que los periodistas que cubren la información local de nuestro pueblo de los dos diarios regionales –Levante y Las Provincias – no se toman la molestia de tener un mínimo equipo de redacción e investigación, sino que se limitan a cubrir el expediente con los remitidos de los partidos políticos. No cabe otra explicación ante la ausencia de noticias ante algo que en otros foros era un clamor.

Y en tercer lugar, cabe pensar que en la agrupación socialista no dan crédito a lo ocurrido y, ante la ausencia de una explicación lógica, consideran que lo mejor es correr un tupido velo y esperar a que amaine el temporal. Decisión ésta que sólo puede atribuirse al factótum socialista por excelencia. Lo que viene a demostrar hasta qué punto uno manda y el otro obedece.

Volvamos, pues, a aquellos negocios de los que hablaba al principio. Me da a mí la impresión de que en este caso alguien nos quiere vender algo que no necesitamos, por un precio que no deberíamos pagar, adelantándonos el dinero con grandes intereses, ponerle un lacito atractivo y después intentar recomprarlo prometiendo pingües beneficios.

Pero la pregunta es: ¿Quién sale ganando?