29 de diciembre de 2009

Monleón


Ayer por la tarde fui a la exposición de Sorolla en Bancaja. Llevaba mucho tiempo queriendo ir, pero algo siempre me ponía trabas. Finalmente reservé por internet las entradas y allá que nos presentamos con unos amigos. Sorolla es un artista denostado por muchos críticos que lo consideran barroquista o populista. Sin embargo a mí me entusiasma su capacidad para advertir el detalle de lo cotidiano, dejando a un lado cuestiones más pictóricas como la luz, el impresionismo o el tenebrismo, que se me escapan por no disponer de una suficiente base cultural-artística para apreciarlo.
Al salir de la exposición no podía dejar de pensar en la Valencia (y la España completa) que retrató para la Hispanic Society y en la de ahora. Anduvimos paseando por la calle de la Paz, San Vicente y el Ayuntamiento para dar cumplida cuenta de una cena en un afamado restaurante americano. Hasta llegar ahí pasamos por dos Starbucks (café aguado en vaso de papel) y varios salones de café franquiciados (empleados desmotivados, infrapagados y público poco exigente). Pocos bares al uso -de los de calamares y cerveza-. Ambiente navideño plagado de luces, papásnoeles y compras.





Y mientras tanto moría Joan Monleón.



Qué raro se ha vuelto todo.

28 de diciembre de 2009

Cambio de década


Yo pensaba, en mi beatífica tranquilidad navideña, que lo del cambio de década/siglo/milenio ya quedó claro en el año 2001. ¿Recuerdan la polémica entre el año 2000 y el 2001 felizmente resuelta por los matemáticos? La explicación era meridiana: si comenzamos a contar desde el 1, la decena es del 1 al 10, la centena del 1 al 100 y así sucesivamente, de modo que el tercer milenio comenzaba el 1 de enero de 2001 y no del 2000 como afirmaban algunos precocísimos agoreros.
Pues no. Ya hemos visto en televisión y en prensa reportajes sobre los acontecimientos más relevantes de la primera década del siglo XXI. Seguramente el año que viene no ocurrirá nada de especial trascendencia, pues deliberadamente ya lo han obviado. Aunque a lo mejor es un truco para vendernos dos veces lo mismo: El mismo reportaje que corone el año 2009 lo editan un poco y añaden algo para que cierre el 2010, ahora sí, verdadero final de una década. Creo que ocurre lo mismo con Papá Noel y los reyes magos. Me da la sensación de que hasta el 24 todos se han vuelto de un laicismo que tira para atrás de rancio y se abrazan al orondo colorado vestido de pijama de franela. Es llegar el 25 y la publicidad e incluso el Corte Inglés se convierten a la abolenga moda monárquica de escribir la tradicional carta a los Reyes Magos. Así venden dos veces.
Y la gran duda de este mundo sin resolver: ¿Gaspar es el de barba blanca o el pelirrojo?

26 de diciembre de 2009

firmas, firmas, firmas


(Publicado en el diario La Opinión)
Nos acercamos al final del año y es un buen momento de hacer balance de lo ocurrido en nuestras calles durante los últimos meses. Si les parece podemos recordar algunas de las que a mí, personalmente, más me han chocado: Hace unos meses la oposición socialista presentaba su celebérrima recogida de firmas en las que reclamaba que el ayuntamiento nos bajase el IBI a los sufridos vecinos en esta época de penurias y dificultades económicas. Si no recuerdo mal fueron unas cinco mil firmas que no son moco de pavo. No creo que muchas iniciativas susciten tanto interés como esta. Como quiera que el gobierno municipal ha tenido a bien bajarnos la contribución, cabe plantearse si la intervención del PSOE local ha sido decisiva en esta decisión o si simplemente se ha tratado de un producto del azar o de una conjunción interplanetaria de esas que le gustan a la siempre inefable Leyre Pajín. La labor de astrología socialista era una desconocida en esos lares, pero no habría que desdeñarla: quién sabe si su poder no podrá alcanzar cotas mayores y conseguir, por ejemplo, que el propio Obama y Zapatero unan sus fuerzas y contraten a los Lunnis para acabar con el cambio climático.
Así que puestos a pedir firmas, que se animen e instalen nuevas mesas petitorias en nuestras calles, que falta nos hace en algunos casos. ¿Quién no ha comprobado con una mueca de desagrado que lo que pagaba de un recibo de la luz en dos meses el año pasado lo paga ahora en una única mensualidad? A eso, hasta donde llegan mis sufridos conocimientos matemáticos, se le llama una subida del 100%, y lo demás son tonterías. Díganme dónde hay que firmar para que esa salvaje subida se revierta que yo quiero hacerlo, porque en mi caso son cerca de cuatrocientos euros más al año. Tenga en cuenta añadirle la parte correspondiente si usted usa calefacción y agua caliente con energía eléctrica. Y ya puestos a pedir rebajas de impuestos, que instalen otra en la recién bautizada Avenida al Vedat para solicitar que no se aplique el aumento del I.V.A. , que le va a costar a usted en el próximo año entre mil y mil quinientos euros más, de modo que, sin beberlo ni comerlo, usted puede pagar dos mil euros más al año sólo gracias a la luz y al IVA. E incluso, ¿por qué no firmar para que se prohíba por ley la subida del euríbor?, ¿Qué tal obligar al Estado a que toque, de una vez por todas, el gordo de la Lotería en Torrent? (¿alguien aún recuerda cuándo cayó?), ¿por qué no establecer por ley que Torrent tenga un equipo de fútbol en primera división?.
No hay que despreciar el poder que tienen unas buenas firmas. Si han conseguido que usted se ahorre unas decenas de euros al año con el IBI, ¿por qué no conseguirán que se ahorre unos miles o que se cumplan los sueños de una gran parte de nuestros vecinos? Firme, firme, firme, que es muy poco lo que le cuesta y mucho lo que se ahorra. Eso, sí, esta vez que tengan cuidado y comprueben la identidad de todos los que lo hacen, no sea que se les vuelva a colar algún gazapo.
Y eso, sí: Feliz Navidad y próspero año nuevo

12 de diciembre de 2009

Recuperemos la calle

(Publicado en La Opinión de Torrent)
Hace unas semanas celebrábamos el aniversario de la Carta Pobla de Torrent. Ya son casi ocho siglos de historia y desde entonces la ciudad ha ido creciendo, no siempre de forma ordenada, hasta dar paso a lo que, para bien y para mal, hoy conocemos como Torrent. Para bien y para mal porque si nos fijamos en el último medio siglo, podemos observar verdaderas tropelías, como la construcción de algunos edificios en el entorno de la Torre a la cual casi superan en altura, o la urbanización de barrios enteros en el ensanche sin contar con espacios públicos, plazas de aparcamiento o instalaciones educativas, culturales y deportivas. No se trata aquí de echar la culpa a nadie, pero la redacción de los últimos planes generales ha dejado mucho que desear, por más que algunos enarbolen ahora la bandera del urbanismo sostenible –ése que ganaba premios en los últimos años, pero que hasta hace poco era digno de ser quemado en la plaza pública – y aquellas lluvias traen estos lodos.
Sin embargo siempre estamos a tiempo de cambiar algunas cosas. Por ejemplo, alguien en los sesenta, con el desarrollo económico y el auge del 600, no pensó que en unos pocos años, cada familia tendría un coche, cuando no dos o tres. Así que nadie prestó atención a que esos coches, cuyo tamaño hoy multiplica por dos o por tres el de aquellos trastos, necesitarían espacio para circular y ser guardados. Llegó la democracia y tampoco fue éste un tema capital. De este modo los coches fueron ocupando la calle y cualquier espacio digno de ser considerado como aparcamiento, hasta encontrarnos con lo que tenemos hoy. Digámoslo claramente: hay calles y barrios enteros que tiran hacia atrás de feos que son y fundamentalmente esa fealdad la provocan los coches aparcados o circulando en masa. ¿Acaso a usted le gusta ver la Plaza San Pascual convertida en un párking? A mí, desde luego, no.
Decíamos que siempre estamos a tiempo de cambiar estas cosas. Ahora que las calles Sagra y San Cristóbal han sido remodeladas gracias al nunca bien ponderado plan E, surge el debate acerca de si merece la pena mantenerlas peatonales o devolvérselas al rugido de los motores. Alguien me sugería que son dos calles que necesitan estar abiertas al tránsito, porque conectan el casco histórico con el centro de la ciudad y es cierto. Pero no es menos cierto que hemos estado evitándolas durante seis meses y nuestra vida no se ha venido abajo. Otro recuerda que en esas calles es necesario que entren coches a los garajes de los vecinos y furgonetas de reparto. Sin embargo, existen fórmulas que permiten el uso peatonal con los aparcamientos y la carga y descarga. Por último, hay quien afirma que los coches dan vida a los comercios y yo ahí discrepo: una calle por la que no puedes pasear debido a que has de ir sorteando los coches es una calle de la que yo, al menos, huyo para comprar.
Ignoro si el debate se produce más allá de una charla al calor de un café en la plaza (¿se han dado cuenta cómo se ha dinamizado la hostelería en la plaza en los últimos años?), pero me parece de una gran trascendencia. Yo, incluso, iría más allá. Haría peatonal cualquier calle cuya acera no supere el metro y medio de ancho. La calle, para los ciudadanos. El coche, aparcado está mejor. Para eso pedimos carriles bici, metros y autobuses. ¿O es que queremos que sigan pasando vacíos?