25 de septiembre de 2009

Globos sonda

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Estuve tan tentado de escribir sobre esto en el anterior número que casi me dio rabia no haberlo hecho cuando leí en el Levante que los socialistas de Torrent barajaban la posibilidad de que Ros se presentase a las locales de 2011. Y digo que me dio rabia porque esto me lo venia yo barruntando desde que en estas mismas páginas el portavoz socialista salía en defensa del ex alcalde a cuenta de unas palabras que le había dedicado el concejal de urbanismo, Santiago Martí, en un artículo anterior. Una frase latina resumía el escrito de Veiga: “Excusatio non petita, accusatio manifesta” o lo que es lo mismo, a qué venía esa defensa a ultranza de Ros si lo único que se había dicho era que participaba en todos los acontecimientos que se producían en Torrent, para mayor sonrojo –apunto yo- de los actuales concejales socialistas y sus clamorosas ausencias.

Pues bien, ya sabemos cuál era el objetivo de aquel artículo: lanzar un globo sonda, que ya empieza a planear y del cual ya se han hecho eco otros medios, con la hipotética candidatura de Jesús Ros en 2011 para recuperar la alcaldía. Y el protagonista –no sabemos si involuntario o no- de esta historia aún no ha dicho esta boca es mía. “Ni confirmo ni desmiento” afirmaba a este periódico en su edición digital el día quince, con lo cual alimentaba aún más si cabe ese globo sonda. El segundo globo sonda que circula en poco tiempo, por cierto, con respecto a quién será candidato de los socialistas dentro de dos años.

A Ros no lo vamos a descubrir a estas alturas. Ahí está su gestión para valorarlo. Creo que hizo una gran labor en la transición de un ayuntamiento de pueblo a uno de una gran ciudad. Y aunque su cercanía y afabilidad le granjearon no pocas amistades en muchos círculos de nuestra sociedad que ha seguido cultivando posteriormente, nunca me gustó el excesivo personalismo de su política ni el paternalismo con que actuaba en los plenos. Ahora bien, volver a ser cartel de las elecciones implica otras muchas cosas más que ser un gestor con experiencia o tener el afecto de una parte del pueblo. Implica, por ejemplo, reconocer el error que supuso su deserción en 2003, que hasta ahora sólo se han atrevido a reconocer con la boca pequeña algunos socialistas. Implica también, y esto me parece lo más grave, reconocer que no hay otro candidato más idóneo en el PSOE que refleje ese espíritu de renovación y juventud que tanto se ha pregonado. E implica, por último, encomendarse a ese voto cautivo y conservador que atraía el carisma de Ros en las locales, pero que no votaba en otro tipo de elecciones y que perdió en 2007. Y si ése es el gran campo de batalla en 2011, recuperar un voto conservador para sí, creo que equivocarán la estrategia. Fundamentalmente porque seguirá siendo un voto conservador “prestado”, que no recuperarán en el futuro –es ley de vida- ni en otros comicios, con Zapatero en picado y Alarte en la inopia. Y porque estarán despreciando a un sector poblacional que no votaba cuando Ros era alcalde, que sí que lo hará ahora y que forman de más de diez mil jóvenes nacidos entre 1985 y 1993, cuando hay muchos partidos dispuestos a pescar en un voto joven y progresista, como EUPV o el BLOC.

El globo sonda ya vuela por nuestras calles. A ver quién da ahora el primer paso.

22 de septiembre de 2009

Sí fabrica para otras marcas

En negativo, ésta es la frase favorita de algunas marcas comerciales ante la avalancha de "marcas blancas" en los estantes de los supermercados y que hoy no podrá decir un tal Bañuls, concejal elegido por el PP en Benidorm, y que ha decidido promover la moción de censura para desalojar al PP del ayuntamiento. Porque mucho se habla de la culpa de la madre de Pajín, del papel de la propia Leyre o de Alarte, pero lo cierto, es que aquí el mayor estafador de todos es este tipo, que por cierto, tiene una cara de pobre hombre que no se le acaba, y que ha robado la voluntad de quienes le han votado.
Ahora muchos lamentan que no se cumpla el Pacto antitransfuguismo. Otros afirman que donde las dan las toman, por la forma en que en el 91 Zaplana llegó a la alcaldía en Benidorm gracias a la archifamosa Maruja, que aún hoy habrá fichado en el ayuntamiento de Benidorm. Unos dicen que pasa lo mismo en Dénia y otros que no es lo mismo que en Villajoyosa (yo por cierto afirmo esto último). Y finalmente hay quien dice que los concejales ex socialistas repetirán en 2011 con las siglas del PSOE.
Pero lo cierto es que Bañuls no es dueño de su acta de concejal. Se la otorgaron las personas que votaron al PP en 2011. Tan es así que, podría darse el caso de que este hombre decida dimitir por cuestiones de trabajo, de salud o por el motivo que sea y en ese caso la lista corra y vuelva al PP con lo que tendríamos la paradoja de volver a ver una moción de censura. Así que si hay algún estafador, algún ladrón y algún tramposo, ya saben quién es. Los otros sólo han cogido las nueces de un árbol que otro ha sacudido.
Esto es en Benidorm, en Dénia y en tantos sitios, en 1991, en 2009 y siempre, una vergüenza.

Y aquí en Torrent, quien parece que también fabrica para otras marcas es quien ha redactado el informe de declaración turística de nuestra población plagado de barbaridades e incorrecciones que cualquier persona con un mínimo de conocimientos podría saber. No sabemos si el encargado de hacerlo decidió que total, como esto no lo lee nadie, bien podría redactarlo un niño de cinco años, porque decir que "l'entrà de la flor" data del siglo VIII a.C. o que hubo luchas de moros y cristianos en nuestro término es más propio de una antología del disparate de los exámenes que de un informe para representar a una ciudad con la categoría de Torrent. Para hacerlo así, mejor los encargamos a los de Hacendado, que seguro que son más baratos. ("Hacendado, qué gran marca" Buenafuente dixit).

19 de septiembre de 2009

Hay que ver


En los ochenta, cuando contábamos con unos cuantos años menos, en casa se iba a comprar en carrito, si íbamos al "tandy" o con un bolso de paja si lo hacíamos a la frutería, a la carnicería o a la pescadería. Los productos que adquiríamos los depositábamos con un estricto orden basado en el peso y el volumen. Una vez a la semana -dos si nos portábamos bien o era el cumpleaños de alguien- entraba en casa una botella de casera y si nos poníamos un poco pesados, de casera-cola que canjeábamos por un pequeño estipendio (recuerdo que eran treinta pesetas) y la botella vacía de la semana anterior. Los huevos entraban en casa en una huevera de alumnio flexible a la que siempre me apeteció lanzar desde el balcón para ver si era capaz de soportar la caída y proteger a los huevos. Si por alguna de aquellas necesitábamos una bolsa de plástico, la cajera nos la cobraba, sumando la friolera de tres pesetas a la cuenta final, por lo que muchas veces, nos hacían cogerla de casa.

Llegaron los noventa y los envases de vidrio no retornables, las bolsas de plástico gratuitas y las hueveras de cartón de media y una docena. Y al tiempo empezamos a oir lo malos que éramos por no reciclar lo que antes se reciclaba y por no separar lo que antes no se mezclaba. Más tarde nos criticaron por tirar las anillas de las latas al mar sin cortar, con el consiguiente peligro para los peces que se enganchaban y yo no entendía nada porque pensaba si no sería mejor no lanzarla al mar en ninguno de los casos, sino a la basura, sin necesidad de ir con unas tijeritas rompiendo las anillas. Nos obligaron a comprar en cajas de corcho (o como demonios se llame) la fruta que antes arrojaba al fondo del bolso el frutero. Además envueltas en ruidoso celofán. Comenzaron a decirnos que consumiésemos centenares de folios para estudiar y luego nos reñían por no hacerlo en un papel rugoso, feo e incómodo para no talar más árboles. Proliferaron las tiendas de todo a cien donde por unas míseras perrillas nos vendían productos que no necesitábamos y que acababan, sí o sí, en la basura, pero luego vinieron instalando no uno ni dos sino tres o cuatro contenedores con un impacto visual enorme y nos abroncaban si no échabamos aquello que habíamos comprado sin necesitar en el departamento adecuado.

Y ahora vienen los de Carrefour diciendo que no tiremos las bolsas a los bosques, que tardan cuatrocientos años en descomponerse y que compremos bolsas hechas con patatas o con la caca de la madre que los parió. Y digo yo que si aún encontraremos bolsas tiradas por el monte con el ADN de Quevedo, a ver si podemos clonarlo y echarle la bronca por ser tan poco ecológico.

11 de septiembre de 2009

La cara oculta de la fiesta

(Publicado en La Opinión de Torrent)

Me lo contaba una vecina que vive en una de esas calles que se ven rodeadas por casales, casernas, kàbilas y locales varios y que ve encantada que las fiestas de julio alegren las calurosas noches del verano torrentino. El suceso ocurrió una de esas madrugadas en las que una verbena cercana animaba a la juventud y hacía maldecir a quien al día siguiente tenía que madrugar y, resignado, daba en vano vueltas en la cama sin poder cerrar las ventanas por la canícula estival. Iba nuestra amiga a entrar en su portal cuando se encontró a un muchacho que tan plácido realizaba su micción que no observó a tan singular testigo de su proeza. Al advertirle lo grosero de su actitud y la falta de higiene de su acción, el audaz joven se giró hacia ella de malos modos y le conminó a que dejase de mirar su órgano masculino haciendo gestos ostensibles que obviaremos reproducir aquí por el respeto que nos merecen nuestros lectores. La anécdota sólo ilustraba lo que ella consideraba la cara oculta de las fiestas, a las que ella particularmente, es bastante aficionada, ya sean los moros, Semana Santa o las fallas. Decía ella que debería existir un reglamento que evite este tipo de situaciones en las que los maleducados amedrentan a personas que en ocasiones son mayores y no pueden ni quieren defenderse de estos tipos. Y cuánta razón tenía, porque estas cosas no suelen aparecer en la prensa, ni en la televisión, como sí aparecen las trabucàs, la bajada de moros, el encuentro glorioso o la ofrenda, pero son un ingrediente que va parejo a casi todas ellas.

Ya lo hemos comentado en alguna ocasión: de nada sirve tener un cartel de lujo en conciertos, preparar grandes boatos, contratar a los mejores artistas falleros o que nuestra Semana Santa sea declarada de interés turístico si al final somos incapaces de cuidar a los que posibilitan que las fiestas se desarrollen, que no son otros que los sufridos vecinos. Ellos son los que tienen que aparcar su coche tres calles más allá porque la suya está cortada; los que no pueden abrir las ventanas a pesar de llegar a los treinta grados porque el ruido impide ver la tele o conciliar el sueño; los que tienen que limpiar los vómitos u otras cosas de dudoso gusto porque hay gentuza que ha dejado de usar los lavabos y los que tienen que aguantar que unos energúmenos estén bajo de casa dándose un baño en una piscina portátil a las cuatro de la mañana.

Nos consta que las federaciones de moros y cristianos, las fallas y en general las asociaciones intentan evitar que esto ocurra y que se trata de casos aislados que, amparados en el anonimato y la nocturnidad, dejan su pequeña huella en las fiestas que se reparten por nuestro pueblo y que, por lo tanto, son difícilmente controlables con reglamentos, normativas o decálogos que permitan que vecinos y festeros disfruten en común. Por ello me permito recomendarle a nuestra amiga que si le vuelve a pasar elija una de estas dos opciones: La primera, la más constitucional: llamar a la policía local. La segunda, la más divertida: Lanzar una buena patada en salvas sean las partes.

A ver si así se atreve a volver a mearse fuera del tiesto.

7 de septiembre de 2009

A mí no me extraña

A mí no me extraña que pase lo de este fin de semana en Pozuelo. Me refiero a que un grupo, una horda más bien, de jóvenes se líe la manta a la cabeza y se enfrente a la policía nacional e intente destrozar la comisaria. Es lo que hay y es lo que estamos criando. Más aún si se trata de niños bien que luego cuelgan en internet los vídeos. (Vaya tonto el crío que ha colgado el vídeo donde se les ve a él y a sus amigos envalentonados y que luego se ha asustado y lo ha borrado)
Yo, que de normal soy bastante cobarde, me suelo acongojar cuando algún agente de la ley me requiere. Hace un par de semanas me paró la Guardia Civil al salir del cine para hacerme un control de alcoholemia. A pesar de haber cenado una hamburguesa y una coca-cola, me puse nervioso por si daba positivo y eso que la última cerveza que había tomado había que buscarla cinco o seis días atrás. Pero, ¿y si quedaba algún resto?
Así que oír las palabras de un dirigente de un sindicato policial que habla de que a los policías se les ha perdido el respeto me sobrecoge y a la vez no me sorprende, porque hace tiempo que estamos criando una generación de chavales que no tiene ningún respeto por nada ni nadie, con aquello de "déjale que sea como él quiera".
Acabo de ver las imágenes en el televisión de un padre que justificaba a su hijo diciendo que pasaba "por ahí" pero que no había hecho nada. El día que ese niño se haga mayorcito y le pegue a él mismo (Dios quiera que no le pegue a su mujer o a sus hijos) espero que algún fiscal lo lleve a la cárcel (al padre, no al agresor) por estar "donde no tocaba".

Por eso y por bobo.