10 de agosto de 2009

Elegía al Hotel Lido

(Publicado en la Opinión de Torrent)
Tengo un amigo que al anunciar su futuro enlace comentaba que lo haría en cierta parroquia, con cierto sacerdote y en el Hotel Lido mientras apostillaba con un “com Déu mana”. Obviaremos los primeros datos por no crear agravios comparativos, y nos quedamos con el último, el del Hotel Lido, toda vez que se acaba de anunciar su cierre. Y es que este hotel, sin menoscabo de otros, podemos decir que era uno de los dos o tres salones de referencia en Torrent y comarca. No hace falta esforzarse mucho para recordar aquel verano en que Canal Nou grabó allí el programa “Festiu” y por su piscina pasaron cantantes como Miguel Bosé y otros que, si bien a mí y a mis amigos nos traían al fresco, a nuestras amigas, entonces quinceañeras, les ocupaban el corazón y las conversaciones con el consiguiente recelo adolescente por nuestra parte.
A mí personalmente, que desconozco cuál es el panorama accionarial y empresarial del hotel, me pilla por sorpresa la decisión, más aún cuando la noche anterior al cierre, pese a estar anunciado, había huéspedes alojados en él tal y como se reflejaba en la fotografía de este periódico en el anterior número. Y me plantea cuál es el futuro de un edificio tan singular en medio del Vedat, porque algo habrá que hacer con él. Pasear por sus alrededores es evocar aquello que allí se ha vivido y escuchar el terrible silencio que despierta el edificio dormido es terriblemente trágico y bello. Juan José Millás comentaba en alguno de sus artículos lo terrible que resulta ver objetos que han dejado de ser útiles pero que continúan intentando serlo. En cierto modo, resulta algo parecido a entrar en la casa de un difunto, en la que la ropa sigue estando ordenada en sus armarios, las paredes siguen sosteniendo las fotos familiares en sus marcos y algunos papeles sobre la mesa informan sobre la vida de alguien, pero allí ya no hay nadie.
Algo parecido me ocurre cuando voy a las entrañas de Las Américas. Digo bien porque hay dos “Las Américas”: La del exterior, con coches cargando bolsas de Mercadona, la gente tomando sus cervezas en las cafeterías y comprando el periódico en Servip’s por un lado y los pasillos del interior de lo que quiso ser el centro comercial de Torrent y no fue. Otro amigo –el de la boda, no, otro – dice con sorna que podrían poner allí el Hospital y así mataban dos pájaros de un tiro: Daban una solución al edificio y se ahorraban costes en la construcción del Hospital.
Estuve allí hace unas semanas en la feria de los comercios – por cierto qué buena manera de poder recuperar el centro comercial, como un centro “outlet” permanente- y, de algún modo, entrar allí es algo misterioso. Veía las escaleras mecánicas que habían dejado de funcionar pero no recordaba haberlas visto con gente subiendo y cargados de bolsas. Los planos de localización de las tiendas informaban de tiendas que llevaban varios años cerradas y en los escaparates de algunos locales aún pendían carteles que animaban a comprar productos que ya no existían con ofertas que tal vez no atrajeron a nadie. Creo que lo cantaba Sabina en alguna de sus canciones que nunca escucho: “No hay peor nostalgia que la de lo que nunca sucedió”.
Ése podría ser el lema de Las Américas: Hay en su interior cosas que quisieron ser algo, pero que no llegaron a serlo.
Descansen en paz.